Del polémico Cuba independiente a fuerte liga en EEUU: la ruta inesperada de un cubano

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Andy Martín. Foto tomada del perfil en Instagram de Ibaraki Astro Planets (@ibaraki_planets).

Unos peloteros llegan “por la autopista”: los ves en un estadio grande, con uniforme planchado, cámara encima, y ya tú sabes que el camino venía marcado. Otros, en cambio, se lo ganan a puro desvío… como cuando vas manejando y el GPS te suelta un “recalculando” cada cinco minutos. Un día estás en una liga colegial, al otro en un circuito independiente, después te aparece Japón en el mapa, y cuando vienes a ver estás otra vez en Estados Unidos, persiguiendo el próximo contrato como quien busca aire.

En ese segundo grupo entra Andy Martin, villaclareño de veinticinco años y hermano del ex Grandes Ligas Leonys Martin. Esta semana volvió a sonar su nombre por una noticia concreta: el elenco Hagerstown Flying Boxcars oficializó el día dos de este mes su contrato para la temporada de la Atlantic League, la liga independiente más fuerte de Estados Unidos, por donde han pasado varios con experiencia de MLB y, además, no es raro que salgan peloteros rumbo a organizaciones de Grandes Ligas.

Dicho de otro modo: no es un “torneíto” para matar el tiempo. Es un circuito duro, con nivel, donde cada turno se siente como examen.

El equipo de Hagerstown, por cierto, es relativamente nuevo en esa justa. Debutó en el torneo en 2024 y, en su primera campaña, terminó en el quinto puesto de su división, sin boleto a la postemporada. En la contienda pasada repitió el mismo escaño. O sea, un club que todavía está buscando su identidad y su empuje… y que ahora suma a un bateador joven que viene con kilómetros acumulados.

Andy ya se estrenó con su nuevo uniforme. En sus dos primeros partidos suma un imparable en cuatro turnos, con un boleto, además de una carrera remolcada. Nada que parezca un escándalo, pero sí un inicio que te dice “ya estoy aquí, ya estoy jugando”. Su línea ofensiva (AVE/OBP/SLG) es de .250/.400/.250. Números que, en etapas tempranas, se mueven con cualquier batazo… pero igual sirven para ubicarlo en el mapa.

Lo interesante de su historia es que no viene del camino típico del béisbol cubano. Andy no disputó Series Nacionales en la Isla. Su desarrollo tomó otra ruta y, tiempo después de llegar a Estados Unidos, se estrenó en el béisbol colegial, que es un mundo aparte: viajes en ómnibus, estadios pequeños, gradas con familias, y un ritmo donde el pelotero aprende a sobrevivir con lo que tiene.

En ese ambiente jugó dos contiendas en la Future Collegiate League. Y ahí sí dejó números llamativos que lo pusieron en el radar. De hecho, en el draft amateur de 2016, los Reales de Kansas City lo seleccionaron en la ronda treinta y seis. Y aquí viene un detalle que dice mucho de su mentalidad: él mismo declinó la posibilidad de unirse a esa organización para seguir desarrollándose dentro de la pelota universitaria. Hay quien lo ve como una apuesta arriesgada. Otros lo leen como una decisión de paciencia, de “todavía no, déjame crecer un poco más”. Sea como sea, no es lo más común.

Su carrera también ha tenido estaciones invernales. En Colombia, por ejemplo, jugó con Tigres de Cartagena en la liga principal del país. Ahí, sin embargo, no le fue bien: apenas dos hits en trece turnos. Son rachas, sí, pero también son ligas donde llegas con poco margen de error y el tiempo se te va rápido.

En los últimos años, además, Andy formó parte del equipo de la Federación Profesional Cubana de Béisbol (FEPCUBE) y vivió un momento curioso: alineó junto a su hermano en un juego de exhibición celebrado en enero de 2024, cuando ese combinado se enfrentó a los Miami Dade College Sharks. Imagínate esa escena: dos hermanos, con historias distintas, compartiendo lineup, como si por un rato el béisbol les devolviera algo familiar en medio de tanta mudanza.

Y si hablamos de mudanzas… su experiencia incluye Japón. Andy pasó por el circuito independiente Route Inn BCL con los Ibaraki Astro Planets y, además, firmó con los Marineros de Chiba Lotte, organización de la liga principal nipona, con la que disputó dos campañas en ligas menores. Japón no es solo “otra liga”: es disciplina, adaptación, idioma, comida, rutinas distintas. Es aprender a ser profesional en un contexto que no se parece a nada.

Por eso este contrato con Hagerstown no se siente como un salto al vacío, sino como otro escalón en una escalera que él lleva tiempo construyendo. Ahora le toca lo de siempre: turnos, ajustes, viajes, y esa pelea diaria por mantenerse en el lineup.

La Atlantic League, al final, es un escaparate raro: no promete, pero sí abre puertas. Y Andy Martin está justo ahí, en el lugar donde un buen mes te cambia el panorama… y un mal fin de semana te obliga a apretar los dientes y seguir.

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