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Sucede en muchas ocasiones que la televisión te devuelve caras conocidas justo cuando no las estabas buscando. Eso pasa ahora con Litzandra Batista, que regresa a la pantalla cubana con Entre aguas, la telenovela que anda en transmisión. Y ojo: no vuelve “de a poquito” ni con un personaje para pasar desapercibida. Vuelve con Camila, un rol que —según la propia actriz— en algún punto puede hacer que el público “la quiera agarrar por el cuello”. Así, sin anestesia.
Esa advertencia no salió de un rumor ni de un “dicen por ahí”. Está en un video que publicaron en el Instagram oficial de la novela. Litzandra se presenta, mira a cámara y lo suelta clarito: “¿Cómo describir a Camila sin hacer spoiler?” Y entonces la define con una imagen que se entiende al instante: “Si voy a definir a Camila, la defino como una tormenta. Ella es la verdadera tormenta en un vaso de agua.”
Según cuenta, es una mujer que cree que sabe exactamente lo que quiere, cómo lo quiere y, sobre todo, cómo conseguirlo. De esas personas que no se sientan a esperar a que la vida les resuelva nada. “Prefiere hacer así antes de quedarse con las manos cruzadas”, dice la actriz.
Y claro, cuando tú eres así, el golpe duele distinto. Litzandra adelanta que Camila pasa por varias etapas y que cada una puede ser “más desastrosa que la anterior”, aunque también va aprendiendo. Pero hay un punto sensible: “Ciertamente cuando se siente desilusionada, rechazada, despechada, puede ser un verdadero desastre, es capaz de hacer cualquier cosa”. O sea, no estamos ante una villana de caricatura, sino ante alguien que reacciona desde la herida. Y eso, en una telenovela, es gasolina.
En el mismo video, Litzandra comenta algo que a veces se nos olvida cuando vemos novelas: el título no está ahí por bonito. A ella le encanta que el nombre de la telenovela “se ajusta a las situaciones que pasan”, porque —según explica— todos los personajes están “entre aguas”: “entre el amor, el arte, los secretos, las rivalidades, el día a día de cada personaje que nos hace dudar de lo que es correcto y de lo que no.”
Esa idea es potente porque es muy real. ¿Quién no ha estado “entre aguas” alguna vez? Entre lo que quiere y lo que debe. Entre lo que siente y lo que muestra. Entre decir la verdad o callarse para no romperlo todo. Y si una novela logra que tú te hagas esas preguntas mientras ves el capítulo… ya ganó.
Para Litzandra, además, este proyecto tiene un sabor especial por una razón personal: es su segundo trabajo con el director Felo Ruiz. En el video lo dice con orgullo. Y se entiende. Cuando tú repites con un director, casi siempre es porque hubo confianza, química y un lenguaje compartido.
Ella había trabajado con él en la telenovela Asuntos pendientes, así que este regreso también tiene algo de reencuentro: con el set, con el equipo, con esa dinámica de grabación que te exprime, pero también te da vida cuando estás en el lugar correcto.
Lo que hace todavía más curioso este retorno es el camino que Litzandra ha ido contando en sus redes. En su perfil en la red social LinkedIn, ella misma resume su trayectoria: se graduó en el curso 2009–2010 en la Escuela Nacional de Arte y desde ese mismo año empezó a trabajar en la Compañía de Títeres Hilos Mágicos.
Después, menciona un giro que no es común en la carrera de muchos actores cubanos: “Luego el rol principal en la serie rusa, El Oro del Gloria (2013)”, escribe, y explica que, tras seis meses de rodaje, se incorporó a una compañía teatral llamada Océano. Ese paso por Rusia —con trabajo actoral incluido— le suma una capa distinta a su historia: otra industria, otro idioma, otra manera de producir, otros ritmos.
Y su ruta no se quedó en un solo lugar. En LinkedIn cuenta que más tarde trabajó con el proyecto Maniobras teatro, estrenó Locas por el viento, volvió al teatro para niños en la Compañía Girasol, e igualmente se ha mantenido vinculada a la Compañía de Teatro Integración.
Como si fuera poco, Litzandra también se describe como una artista inquieta: dice que no solo ha hecho teatro y cine; también ha escrito para niños, enseñado a bailar salsa y practicado la fotografía.
Al final del video, Batista no se pone solemne: “Yo los invito a que la vean y que reflexionen junto a nosotros”. Y remata con algo que se siente honesto: para ella es un “placer gigantesco” ser parte del elenco y compartir no solo con amigos, sino con personas que no conocía y que ha terminado queriendo muchísimo.
Así que sí: si andabas con ganas de una telenovela donde los personajes no sean de cartón, donde haya emociones cruzadas y decisiones que te hagan discutir en casa… probablemente Camila te va a dar material. Y si en algún momento te dan ganas de decirle “¡pero niña, por favor!” a la pantalla… ya Litzandra te lo advirtió.
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