
A Yunior Tur lo que le está pasando ahora mismo en Triple A tiene esa pinta de “ojo con este tipo”, de esos arranques que obligan a mirar dos veces la hoja de estadísticas. No es que esté tirando humo por gusto, ni que la liga se haya puesto blandita… es que el santiaguero está haciendo su trabajo con una frialdad tremenda, como si llevara años en ese nivel.
Tur —que lanza para los Las Vegas Aviators, sucursal de AAA de los Athletics— acumula siete salidas, todas como relevista, y en 10.2 entradas le han fabricado dos limpias (las permitió en sus dos últimos partidos, pues en los cinco primeros no ofreció libertades). Además, suma 13 ponches y apenas un boleto. ¿Lo “malo”? Que le han dado 13 hits, poco más de uno por inning. Pero ahí está el detalle: aunque se le embasen, ha sabido apagar los fuegos. Y eso, para un bullpen, vale oro.
Si hay un lugar donde los Athletics tienen una necesidad clarísima ahora mismo, es en el relevo. No es un secreto: el bullpen del equipo grande no está precisamente para sacar pecho. Según números del sitio oficial de MLB, antes de los juegos del sábado pasado, el relevo de los Athletics estaba 23ro. en efectividad (5.03), 26to. en WHIP (1.58), era el séptimo que más boletos regalaba (44) y andaba 14to. en ponches (76). En un panorama así, un brazo que llega con control, sin carreras limpias y con capacidad de ponchar, suena… tentador.
Ahora, la pregunta que se hace cualquiera es la obvia: ¿y por qué no lo suben ya?
Quizás la franquicia, más allá de que probablemente esté encantada con lo que está viendo, quizás quiera asegurarse de que esto no sea simplemente una racha bonita de abril. Tur, contando 2025 y 2026, apenas acumula 12 partidos en AAA. Eso es poquísimo para dictar sentencia. El de la antesala de Grandes Ligas es un nivel raro: hay prospectos con hambre, sí, pero también hay veteranos con maña, tipos que han subido y bajado de MLB, bateadores que te castigan un error mínimo. Por eso, cuando un lanzador llega y domina rápido, el equipo suele pedirle “un poco más” antes de soltarlo en el show.
Y también está el tema del rodaje: no es lo mismo tirar bien 10 innings que sostener el rendimiento durante un mes y medio, dos meses, con viajes, con cansancio, con días en que el brazo no se siente igual. Ahí es donde se ve si el comando se mantiene, si el slider sigue mordiendo, si la recta sigue llegando con vida… y si el lanzador no se desordena cuando le enlazan dos hits seguidos. En MLB, cuando el bullpen anda flojo, cualquier entrada mala se convierte en incendio nacional.
Lo interesante de Tur es que su historia no viene acompañada de un bono millonario ni de esa etiqueta de “super prospecto” que te ponen desde los 17 años. La suya fue más de picar piedra. El nacido el 9 de agosto de 1999 en Santiago de Cuba, en la Serie Nacional se fue ganando un nombre a fuerza de resultados, sobre todo como relevista. Con las Avispas llegó a ser un tipo de confianza en finales apretados: recta dura (de esas que se te vienen arriba), un slider rápido y un cambio que, cuando lo suelta bien, descoloca. En tres temporadas acumuló 24 salvamentos en 53 apariciones, muchas como cerrador, con balance de 4-1.
Y aun así, su nombre no sonó como debía. No fue de esos lanzadores “mimados” por el sistema. No tuvo el foco que suelen tener otros. Eso, en Cuba, pasa muchísimo.
En enero de 2022 tomó la decisión grande: salir del país. A finales de ese mismo año, los Athletics lo firmaron por un bono de 100 mil dólares. No es la cifra que sale en titulares, pero para un tipo que llega desde cero, es una puerta abierta.
Su debut en Ligas Menores llegó en 2023, moviéndose entre niveles bajos (Rookie y Clase A), adaptándose a otra rutina, otro béisbol, otros bateadores. Lo suficientemente bien como para que lo mandaran a la Arizona Fall League, que es como ese “posgrado” donde las organizaciones prueban y pulen a jugadores que consideran interesantes.
En 2023 y 2024 lo usaron mayormente como relevista, con números discretos, sin demasiado brillo estadístico. Pero Oakland siguió mirando algo ahí. Y entonces llegó el giro que le cambió el panorama: en 2025 lo convirtieron en abridor. No siempre funciona, pero en su caso fue como si le hubieran encontrado el botón correcto.
Ese año empezó en Clase A+ y, aunque el récord no fue el esperado, su rendimiento mejoró: efectividad por debajo de 3.00, más ponches, mejor presencia. Luego subió a Doble A y ahí sí empezó a verse más sólido: trabajó 16 juegos (14 como abridor), con efectividad de 2.93, 74 ponches y un WHIP de 1.19. Y el 2 de septiembre lo promovieron a Triple A, la antesala directa.
Hoy, con ese arranque en Las Vegas, Tur está haciendo lo que tiene que hacer: obligar a que el equipo grande lo tenga en la conversación. Y en una organización que necesita brazos confiables en el relevo, la puerta puede abrirse en cualquier momento. A veces es una lesión, a veces es una racha mala del bullpen, a veces es simplemente que el muchacho sigue tirando cero tras cero y ya no hay cómo mirar para otro lado.
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