
De acuerdo al crítico especializado Antony Lias, la cubana Eglise Gutiérrez es la heredera natural de leyendas femeninas del canto lírico como las famosas María Callas o Montserrat Caballé. Su lugar en el Olimpo de las sopranos, se lo ha ganado la holguinera durante más de un cuarto de siglo de carrera en los principales escenarios del planeta.
El 1 de febrero último, Eglise Gutiérrez participó en Cuba, Mi Amor, espectáculo presentado en Pinecrest Gardens junto al conjunto de cuerdas Orchestra Miami. En este show, defendió obras de Ernesto Lecuona y Gonzalo Roig, dos maestros de su tierra, donde sueña volver a cantar algún día.
En octubre del año anterior, también rindió homenaje a su patria cuando se unió a varios artistas latinos para presentar la zarzuela Cecilia Valdés, de Roig, en el Centro de Artes Culturales Dennis C. Moss de Miami.
“En Cuba hay una gran tradición lírica. Y en Holguín, la ciudad donde nací, es increíble el talento de los cantantes. Yo considero que una de las grandes voces que ha tenido Cuba es la holguinera María Luisa Clark.
“Además, tuvimos una gran influencia de la escuela rusa, que es extremadamente rica en la música clásica. Muchos instrumentistas y cantantes cubanos fueron a estudiar a la Unión Soviética, entre ellos mi maestra, María Eugenia Barrios, que estudió en el Conservatorio Tchaikovski de Moscú”, explicó en una entrevista para BBC Mundo.
Esta mujer, que nació en la Ciudad de los Parques el 8 de septiembre de 1972, inspirada por su padrastro, guitarrista de profesión, quiso dominar ese instrumento antes de pensar siquiera en aprender el arte del canto. De hecho, en aquel entonces, la ópera no podía estar más lejos de sus intereses.
“Yo estudié guitarra clásica en la Escuela Nacional de Arte en La Habana. Desde chiquita siempre me gustó cantar, pero, cuando era adolescente, lo que me gustaba era el rock: Pink Floyd, Queen, Led Zeppelin (…)”, reveló Eglise en la citada conversación.
“(…) La música clásica me gustaba, pero no me gustaba la ópera o, mejor dicho, yo no tenía una cultura operística. Una de las cosas que hacía en las calles con mis amigos era burlarme de los cantantes de ópera, imitándolos. Yo era muy excéntrica y hacía muchas maldades”, comentó.
Como estaba clara de que su talento en la guitarra no la llevaría demasiado lejos, decidió optar por otra vía para acceder al Instituto Superior de Arte (ISA). “Entonces pensaba entrar en actuación, me gustaba mucho el humor y el arte dramático”, relató en una oportunidad.
Sus amigos, conscientes de que tenía una voz prodigiosa, la animaron a presentarse en la especialidad de canto.
“Con una amiga de mi año nos preparamos, sin haber dado una clase de canto en mi vida. Monté dos canciones y me presenté a la prueba. Todo fue como un juego. Y cogí el primer escalafón. Me hicieron una prueba de vocalización y parece que me vieron la extensión de la voz”.
«Después, una de las primeras cosas que oí fue a María Callas y con ella de verdad empecé a amar la ópera. Callas es, hasta ahora, la inspiración más grande que tengo, pero también admiro mucho a cantantes como Joan Sutherland, Monserrat Caballé, Renata Scotto y Anna Moffo”.
Gutiérrez se licenció Suma Cum Laude del ISA y poco tiempo después, en 1997, salió de la Isla hacia Florida, donde vivía su padre.
“En EE.UU. se me abrieron muchas puertas, me encontré con muchas personas que creyeron en mi talento y comencé mi carrera profesional en Miami, con zarzuelas como Cecilia Valdés y Doña Francisquita, y muchos conciertos”.
Su formación como cantante la siguió a la vera del reputado Manny Pérez, quien, al notar la progresión de su talento, le recomendó presentarse a las pruebas de la Academia de Artes Vocales de Filadelfia (AVA, por sus siglas en inglés), en la cual eventualmente ganaría una de las diez becas disponibles para estudiar cuatro años (2000-2004) a las órdenes del exigente Bill Schumann, a quien ella ha descrito como un guía importante y dueño de una energía asombrosa.
“La primera semana… teníamos entrenamientos de ocho horas al día. Hacen lo que sea para ver hasta dónde puedes llegar. Muchos se van porque no lo aguantan”, contó en 2012 Eglise.
Al final solo se graduarían cuatro alumnos en su promoción, y uno de ellos sería su futuro esposo, Burak Bilgili. De su matrimonio con este barítono turco, nació en 2010 —justo el día del cumpleaños de la cantante— Lucía Ilayda, cuyo primer nombre rindió honor al rol más notable de la madre.
Según la web Operabase, el debut operístico a gran escala de Eglise Gutiérrez está fechado el 30 agosto de 2003, en el Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, de Bogotá, Colombia. Aquel fue el primero de los seis días en que salió a la escena bogotana para protagonizar la ópera Lucía de Lamermoor, de Gaetano Donizetti, sin dudas su rol más emblemático.
Ya graduada de AVA, su primera presentación oficial del otro lado del Atlántico la hizo al año siguiente, cuando actuó en el Festival de Ópera de Wexford, Irlanda, en el papel principal de Maria di Rohan, también una obra de Donizetti.
En su carrera de varias décadas, la holguinera ha asumido otros roles estelares como el de Violetta Valéry en La Traviata, de Giuseppe Verdi; Lakmé, en la obra homónima de Léo Delibes; Amina (La sonámbula, de Vincenzo Bellini); Linda (Linda de Chamonix, Donizetti); Julieta (Los Capuleto y Los Montesco, Bellini); Olympia (Los cuentos de Hoffmann, Jacques Offenbach); Thäis (ídem, Massenet); Norina (Don Pasquale, Massenet); Eurídice (Orfeo y Eurídice, Christoph Willibald Gluck).
Además, ha interpretado personajes de reparto como Gilda, en Rigoletto, de Giuseppe Verdi; Liú en Turandot, de Giacomo Puccini; al Hada Madrina de Cenicienta (Cendrillon, Jules Massenet); Elvira (Los puritanos, Bellini); Elvira (Massaniello o La Muda de Portici, Daniel-François Auber); María (Simón Boccanegra, Verdi);
Eglise ha trabajado en plazas operísticas de renombre mundial como el Teatro Real de la Ópera de Londres, el Carnegie Hall neoyorquino, la Ópera de Berlín, el Teatro Lírico de Cagliari, el Teatro Real de Madrid y el Teatro del Liceo de Barcelona, entre otros.
Su voz ha resonado en ciudades como Roma, Trieste, Salerno, París, Marsella, Sanxay (Francia), Hamburgo, Dresde, Atenas, Buenos Aires, Ciudad de México, Beirut, Washington, Cincinnati, Seattle, Michigan, Connecticut, Charlottesville, Santa Fe (Estados Unidos), Las Vegas, Miami, Montréal y Vancouver.
Sobre la escena, ha compartido con estrellas del bel canto como los italianos Andrea Bocelli, Leo Nucci y Renato Bruson, la polaca Ewa Podless, el peruano Juan Diego Flores, el francés Roberto Alagna, los estadounidenses Joice Di Donato y Lawrence Brownlee y el mexicano Ramón Vargas.
Entre sus galardones como solista, se cuentan los primeros premios en el Concurso de Ópera Costa del Sol de San Petersburgo (Florida), el Concurso de Ópera Giargiari Bel Canto —organizado anualmente por la AVA— (2001), el Premio Marian Anderson para Artistas Clásicos Emergentes (2002), el Concurso Internacional de Canto Montserrat Caballé (2003), el Concurso Internacional de Canto Mirjam Helin (Helsinki, 2004), el Concurso Internacional de Canto Gerda Lissner (2004) y el galardón de Artista del Año en la edición 2009 del Festival de Ópera de Savonlinna (Finlandia).
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