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Uno se acostumbra a ver a los actores en un solo lugar: en la pantalla, en el teatro, en la foto promocional con cara seria y luz bonita. Pero la vida real no funciona así. La vida real te cambia el guion sin avisar, te mueve de ciudad, te aprieta con cuentas, con nostalgia, con cansancio… y, de pronto, te pone a inventar.
Por eso no sorprende tanto —aunque sí da curiosidad— que Odelmys Torres, actriz cubana que lleva un tiempo viviendo en España, haya decidido abrir otra puerta: la del emprendimiento. Y no cualquier cosa, no. Se fue directo a un terreno donde el cariño se nota o se nota: la cocina.
El pasado 25 de abril, desde el perfil en Instagram de su nuevo proyecto, Odelmys lo anunció con esa mezcla de emoción y alivio que tiene quien por fin suelta un secreto:
“Por fin puedo contarles! 🥘✨ Nace La Purita, un pedacito de mi corazón y de mi cocina aquí en Madrid.”
Y ahí mismo uno entiende el tono. No es “abro un negocio” en modo frío. Es más bien “mira, esto es mío, esto me sale del pecho”. Porque La Purita —así se llama— no se vende como una empresa con frases de manual. Se vende como lo que es: comida artesanal, con ese toque de casa que a los cubanos nos desarma.
En su mensaje, Odelmys lo explica sin vueltas: organizar una comida especial o un evento puede ser estresante. Y es verdad. Tú quieres celebrar, pero terminas sudando en la cocina, mirando el reloj, pensando si alcanzan los platos, si la bandeja quedó bien, si faltó hielo… un caos. Ella lo dice clarito: “No quiero que te preocupes por la comida; quiero que disfrutes de tus invitados mientras yo me encargo del sabor. 🥂”
Ese es el corazón del asunto: catering personalizado para fiestas y reuniones familiares, pensado para que el anfitrión no se pierda su propia celebración.
Según contó en ese mismo post, La Purita ofrece: catering personalizado, con menús a medida para eventos y celebraciones, desde cumpleaños hasta reuniones de amigos. Y algo que me gustó: “Mucho más que postres”. Porque sí, hay dulce, pero también hay croquetas artesanales y picoteo salado. O sea, lo que uno realmente quiere cuando dice “vamos a picar algo” y termina haciendo una comida completa sin darse cuenta.
Ahora, lo interesante aquí no es solo que una actriz emprenda. Eso pasa. Lo interesante es cómo encaja con la historia que ella misma viene contando desde hace tiempo.
Si tú la recuerdas, probablemente sea por Calendario, esa serie que se metió en la conversación de muchísima gente. Ahí, Odelmys se transformó en Cecilia, la madre de Orestes (Ernesto Codner). Un personaje con peso, con heridas y con esa energía de mujer que ha tenido que sobrevivir como ha podido. En la última temporada, Cecilia sale de prisión y vuelve a intentar reincorporarse a la vida social… con todo lo que eso implica. No es un regreso “bonito”. Es un regreso humano.
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Antes de eso —y paralelamente— Odelmys también hizo teatro en Cuba con Mefisto Teatro, y apareció en espacios muy conocidos como el policiaco Tras la huella y la telenovela Tan lejos y tan cerca, entre otros proyectos. Es decir: no estamos hablando de alguien que “pasó por ahí”. Tiene carrera, oficio, horas de ensayo, tablas.
Pero emigrar te cambia el ritmo. Te cambia la forma de presentarte al mundo. Y ella, desde Madrid, ha sido bastante abierta en redes sobre lo que significa esa experiencia. De hecho, en tiempos recientes se han viralizado reels suyos donde habla de los desafíos complejos de la emigración —sin maquillaje—, de esas cosas que no siempre se dicen: el cansancio, el empezar de nuevo, el extrañar, el adaptarte a otra dinámica, a otro idioma emocional.
Y en medio de ese panorama, verla ahora con un proyecto culinario tiene sentido. Porque la cocina, para mucha gente, es refugio. Es control en un mundo que a veces se siente desordenado. Es “yo puedo con esto”. Y también es una manera de compartir, de crear comunidad, de decir “aquí estoy” sin tener que explicarlo todo.
Además, por estos días, Odelmys vivió la MasterChef Experience, un evento que funciona, de alguna manera, como clasificatorio para los castings presenciales rumbo a la venidera edición de MasterChef. Y claro… la pregunta cae sola: ¿tendremos a otra cubana en los fogones más famosos de España?
No sería raro. Primero, porque ella misma reconoce que la cocina es una pasión vieja. Y segundo, porque hay algo en su manera de contar las cosas —y ahora de cocinar para otros— que conecta. No es solo “hacer comida”. Es hacerla con intención.
La Purita no parece un capricho, ni un “a ver qué sale”. Parece una extensión natural de alguien que está construyendo otra etapa. Una etapa con olor a croqueta recién hecha, con bandejas listas para una mesa larga, con gente hablando alto en una sala… y con esa satisfacción silenciosa de cuando todo el mundo come y celebra el sabor.
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