Mítico presentador de «Para Bailar» anuncia nuevo programa y enciende la nostalgia

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Salvador Blanco adelanta la escenografía de su nuevo programa. Foto tomada de la página en Facebook del presentador.

Hay anuncios que llegan con escasa información… pero con un poder raro para encender la nostalgia. Y este es uno de esos. Salvador Blanco —sí, el mismo que muchos recuerdan como uno de los rostros más queridos de Para Bailar— acaba de asomarse en sus redes desde Estados Unidos para soltar una bomba chiquita, pero ruidosa: viene con programa nuevo. Se llamará Para patear.

Y claro, ahí mismo se armó la película en la cabeza de la gente.

Porque él no ha contado gran cosa. Apenas ha dejado ver el logo, un vistazo de la escenografía y poco más. Nada de fechas, nada de “se transmite por tal lado”, nada de “vamos a hablar de esto y de lo otro”. Sin embargo… con Salvador basta un guiño para que un núcleo duro de seguidores se ponga en modo: “espérate, ¿qué viene aquí?”

No estamos hablando de cualquier presentador. Estamos hablando de alguien que, para muchísimos cubanos, está amarrado a una época de televisión que se vivía como un evento familiar. De esos momentos en que la casa se acomodaba sola: alguien bajaba el volumen del radio, otro buscaba una silla mejor, y el que pasaba por el pasillo terminaba mirando también, aunque jurara que no le interesaba.

El domingo 10 de junio de 1978, a las 2:00 pm, la TV cubana estrenó un programa que se convertiría en fenómeno: Para Bailar. Un concurso de talentos que se volvió popular por las competencias reñidas, por las orquestas que se aparecían allí como si aquello fuera una fiesta grande… y también, claro, por los presentadores, que tenían ese don de hablarle a la cámara como si te conocieran.

Entre aquellos jóvenes anfitriones, uno de los rostros más importantes fue el de Salvador Blanco. Tenía 25 años y, aunque era el mayor del grupo, se las arregló para conectar con la audiencia con un carisma que no se ensaya. Hay gente que todavía lo cuenta así: “ese hombre tenía algo”. Y ya. No hace falta explicar más.

Su historia, además, tiene un origen casi de guion. Según contó él mismo en una ocasión, la idea de crear aquel espacio surgió en el hospital Calixto García, cuando coincidió con Eduardo Cáceres Manso, más conocido como Cachito, cuyo padre estaba ingresado de gravedad. En medio de conversaciones, de esas que se tienen cuando uno está preocupado y el tiempo se estira, nació la semilla de lo que luego sería una revelación mediática en Cuba. Qué cosa, ¿no? A veces los proyectos grandes empiezan en lugares donde nadie va a “soñar”, sino a aguantar.

En plena época de fama, Salvador también tuvo chance de debutar en el cine. En 1981 apareció en Guardafronteras, del realizador Octavio Cortázar, junto a nombres como Albertico Pujol y Tito Junco. O sea: no era solo “el presentador del momento”. Estaba metido, de verdad, en el mundo del espectáculo.

Pero la vida —ya tú sabes— no siempre sigue el camino bonito.

Hubo un día en que la gente, simplemente, dejó de verlo en pantalla. Y durante mucho tiempo, pocos supieron qué había pasado. Se especuló de todo. Rumores van, rumores vienen… hasta que el propio Salvador contó su versión: cayó en prisión y cumplió tres años de privación de libertad.

En una entrevista concedida en 2014, reveló que sobre él pesaban varias acusaciones, pero que finalmente, según dijo, se le juzgó por intento de salida ilegal. Y aun así, cuando salió, confesó algo que suena fuerte por lo humano: que no se sintió olvidado. “Ni dentro de la prisión, ni cuando salí a la calle. Todavía me recordaban”.

Y aquí viene una de esas anécdotas que parecen inventadas, pero él la ha contado tal cual: su salida de Cuba, según dice, tiene un vínculo extraño con Napoleón. En 2018 narró que, durante los ensayos de Para Bailar, que se hacían cerca del Museo Napoleónico, él iba a pedirle al “espíritu” del emperador francés que lo sacara de Cuba. Así mismo. Sin filtro.

Lo increíble es que, en 1984, estando en prisión, desde Francia pidieron su libertad y, una vez allá, lo invitaron a visitar un lugar que después descubrió que era Córcega, la tierra natal de Bonaparte. Si eso no es material para una serie… bueno.

Tras marcharse de Cuba en 1985, vivió cinco años en Francia, aprendió el idioma, trabajó para Radio Martí y conoció a su esposa. En los 90 se fue a Estados Unidos, hizo algo de teatro y luego fue contratado por TV Martí: primero en el humorístico Tan famoso como tú y después como reportero especializado en temas del Medio Oriente, un rol que lo llevó a aprender hebreo y árabe. Como para que nadie diga que la vida de Salvador ha sido lineal.

También participó en la película Water, Mud and Factories (Joe Cardona, 1999), interpretando a Carmelo, un coreógrafo de fiestas de quinceañeras. Y por si fuera poco, él mismo ha contado que ha sido de todo: mensajero, mimo, tanquista, partero (con una docena de alumbramientos), estudiante de medicina y guitarra, trabajador de seguridad, plomero… de esos currículos que son enormes por pura supervivencia.

En redes, durante un tiempo, condujo un espacio llamado Habla Salvador. Y ahora aparece con Para patear, que suena a juego, a picardía, a “vamos a decir cosas”… pero todavía no sabemos por dónde va. Ahora la pregunta es simple: ¿Para patear será entretenimiento, entrevista, comentario social, humor… o un poquito de todo?

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