Pide la baja y sorprende: el talentoso pitcher que deja su equipo en la Serie Nacional

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Lismay Ferrales, pitcher de Granma. Foto tomada de la página en Facebook de CMKX Radio Bayamo.

En el béisbol cubano hay noticias que no caen como un jonrón, sino como una bola picando raro: tú la ves venir, pero igual te desconcierta. La de Lismay Ferrales es una de esas.

Este 16 de junio, el periodista Osviel Castro Medel contó en su perfil de Facebook que el derecho Lismay Ferrales Fonseca solicitó su liberación como integrante de la preselección de Granma. La razón, según explicó el propio lanzador, es familiar: su familia se mudará a La Habana y “lo más viable” para él sería no continuar con los Alazanes. A partir de esa solicitud, escribió Castro Medel, Ferrales causó baja del staff.

Y claro, cuando un pitcher joven, con condiciones, dice “hasta aquí”, la gente se queda pensando. No solo por el equipo, sino por lo que representa: otro talento que se mueve, que cambia de rumbo, que busca un lugar donde su vida encaje mejor.

Lo curioso es que Ferrales no es el típico pelotero “fabricado” desde chiquito con ruta de EIDE, ESPA y todo el mapa trazado. Al menos, no es la historia que se ha contado sobre él.

De acuerdo con Allin1 Deportes, el granmense debutó en la edición 63 de la Serie Nacional, con 22 años, y llamó la atención porque “muy poca referencia existía de él”. Ni siquiera empezó el campeonato dentro del roster principal de 32: entró desde la reserva. Y aun así, se las arregló para sorprender.

El citado medio subraya un detalle que, en Cuba, se entiende con solo decirlo: no había pasado por una escuela deportiva. Su formación fue, como quien dice, a puro juego y a puro deseo. En palabras del propio Ferrales, citadas por Allin1 Deportes a partir de una entrevista con el periódico La Demajagua: “Yo vengo de la liga del monte. Allí me hice pitcher hasta que Vismar (Salazar) me vio y me llamó para lanzar con Niquero”. Y añadió que con él trabajó mucho “La Pistola Vega” (Manuel Vega, lanzador que fue campeón olímpico en Atenas 2004), y que no tenía gran historial porque solo había jugado dos series provinciales.

Esa frase —“liga del monte”— pinta una escena completa: un terreno improvisado, calor que aprieta, guantes gastados, y un chamaco tirando sin saber si alguien lo va a mirar. Hasta que lo miran.

En su publicación, Osviel Castro Medel recordó que el niquereño tuvo marca de 8-2 y un salvamento en la 63 Serie Nacional. También apuntó que nació el 16 de diciembre de 2001, y que en su debut (hace dos años) trabajó para 3.92 de PCL, con rivales bateándole apenas .242.

Pero la historia no fue lineal. Castro Medel señaló que Ferrales no pudo lanzar en la 64 Serie Nacional por una lesión en el brazo. Y cualquiera que haya visto el béisbol cubano por dentro sabe lo que eso significa: parar, esperar, rehabilitarte como puedas, y tratar de volver sin perder la confianza. No es fácil. Ni física ni mentalmente.

Al final de su post, el periodista soltó una línea que dice mucho sin gritar: “Éxitos para este atleta, que sin dudas mereció mejores atenciones en su municipio”. Esa frase, así, con esa calma… deja entrever que detrás del talento también hubo desgaste, quizás falta de apoyo, o al menos la sensación de que pudo estar mejor cuidado.

Y aquí entra otro punto que ha rondado alrededor del nombre de Ferrales.

El lanzador diestro de Granmano fue incluido en ninguno de los conjuntos anunciados por la Federación Cubana de Béisbol (FCB) en octubre de 2024 para torneos internacionales: el equipo pensado para la Copa del Caribe en Bahamas, el que asistiría al Premier 12 y el que disputaría partidos de exhibición en México.

No es un tema menor. Para un jugador joven, esas convocatorias son vitrina, experiencia, motivación… y también una especie de “sello” que te cambia cómo te miran. Cuando no llega, por la razón que sea, se siente. Y a veces se acumula.

La explicación de Ferrales, tal como la compartió Castro Medel, es clara: se muda su familia y él toma una decisión práctica. Y eso, aunque en redes la gente quiera convertirlo todo en novela, también es parte de la vida real.

Mudarse no es solo cambiar de dirección. Es cambiar de rutina, de apoyo, de logística. Es pensar en trabajo, en transporte, en dónde entrenas, en quién te ayuda cuando te duele el brazo o cuando te va mal. Y si tu núcleo se va para La Habana, tiene sentido que tú mires para ese lado.

Por ahora, lo que se sabe es eso: pidió la liberación y ya no está en la preselección granmense. Lo demás —si se inserta en otro equipo, si encuentra un nuevo camino, si vuelve a tirar como en su mejor momento— está por escribirse.

Y mientras tanto, queda la imagen de ese muchacho que salió de un caserío intrincado, que se hizo pitcher “en la liga del monte”, que un día apareció desde la reserva y empezó a sacar outs como si llevara años en el show. Ahora, con la vida moviéndose de lugar, le toca volver a ajustar la mira.

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