
Hubo un tiempo en España —principios de los 2000, prensa del corazón a tope, cámaras en la puerta y titulares como pan caliente— en que el nombre de Tony Hernández estaba en todas partes. No porque fuera cantante, ni actor, ni famoso de toda la vida… sino porque terminó casándose con Sara Montiel, mito nacional en aquel país, y eso era dinamita.
La historia parece sacada de una película con guion medio loco: Sara tenía 72 años y venía de un romance con un italiano llamado Giancarlo Viola cuando un fan cubano la contactó con la intención de conocerla. Ese fan era Tony. Tras meses de llamadas telefónicas, en 2001 viajó desde Cuba a España para cumplir el sueño de su vida: conocer a su ídolo de la niñez. Y, según las entrevistas de la época, “se gustaron al instante” y el romance “paralizó un país”, reflejó la web Divinity el pasado año.
Claro, no fue un cuento de hadas. La llegada del cubano, dice la referida fuente, chocó de frente con los hijos de Sara, que nunca vieron con buenos ojos al pretendiente. Y aun así ella tiró pa’lante. Se casaron rápido, con una boda que dejó una escena ya legendaria: Sara, a la salida de los juzgados, gritando a los periodistas “Pero ¿qué pasa?, pero… ¿Qué invento es esto?” para proteger la exclusiva millonaria del enlace. En esa España de portadas y programas, aquello fue un espectáculo nacional.
Pero dos años después, se acabó. Separación “en malos términos” y, de pronto, Tony desapareció de las pantallas y de las revistas. Como si alguien hubiera bajado el volumen.
Según Divinity, la explicación de ese “mutis por el foro” fue bastante simple: Tony volvió a Cuba para retomar su vida en Cuba. Allí, cuenta el medio, intentó dedicarse al sector audiovisual, pero la realidad del país lo empujó a algo muy distinto: el cuidado de personas mayores. En el mismo texto se menciona que estudió en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños y que “vive como puede”. No es la postal glamorosa que muchos imaginaban cuando lo veían al lado de Sara, con flashes y alfombra roja.
De vez en cuando, eso sí, Tony reaparecía. A veces por dolor, a veces por necesidad de contar su versión. Divinity recuerda que, tras la muerte de Sara en 2013, él dijo estar “muy deprimido” y que, por primera vez, estaba yendo al psicólogo: “Estoy con una depresión total y sueño con ella muchas noches”. Diez años después de la separación, todavía le quedaba esa especie de eco.
Y en 2024, según el mismo medio, regresó a España con intención de rendir homenaje a Sara. Incluso visitó Campo de Criptana, la ciudad natal de la diva, el primer sitio al que llevó de viaje a su entonces pareja. Ese detalle es bien de vida real: tú puedes separarte mal de alguien, pero hay lugares que se quedan pegados a la memoria como chicle.
El problema es que su vuelta a la conversación pública no fue precisamente suave. Divinity cuenta un encontronazo telefónico en el programa ‘Fiesta’ con Emma García, donde Tony se pronunció sobre la ruptura y soltó: “Desgraciadamente, era muy caprichosa y todo lo tenía que hacer a su voluntad…”. La cosa se calentó cuando el periodista Carlos Ferrando insinuó que Tony tenía pareja, y ahí Tony explotó con insultos fuertes, obligando a la presentadora a cortar la llamada. Emma García cerró con una frase que lo dice todo: “Yo creo que no hay mucho más que hablar…”.
Pero este año, Tony volvió al ojo público. Y esta vez, con más detalles, más defensa propia… y también con una confesión de salud que pesa.
En abril, Telecinco publicó que Tony Hernández “rompe su silencio” en ‘Fiesta’ y que el periodista Saúl Ortiz viajó a Cuba para entrevistarlo. En ese encuentro, el antillano abordó temas que durante años generaron especulaciones: su orientación sexual y la naturaleza real de su relación con Sara. Él fue tajante: “No, nunca lo he sido”, dijo cuando le preguntaron si era homosexual. Y sobre si mantenían relaciones íntimas, respondió que sí: “Éramos un matrimonio normal… ella no se iba a no disfrutar el caramelito”. También admitió, con una sinceridad medio incómoda, que “cumplí a medias” por la diferencia de edad: “Yo tenía 35 años y ella tenía 73”.
En esa misma entrevista, Tony se defendió de quienes lo llamaron oportunista o montajista. De hecho, dio la vuelta al argumento: aseguró que fue Sara quien se aprovechó de él, empezando por la exclusiva de la boda. Según su versión, cobraron 120 mil euros y él solo se llevó 50 mil: “Me hicieron trampa. Creo que me utilizaron desde el principio”.
Y luego está el tema del divorcio y el dinero, que en estas historias siempre aparece como una sombra. Tony contó que, una vez casados, cuando él volvió a Cuba, Sara le pidió el divorcio al mes, alegando que su hijo estaba enfermo. Y reveló que entre los papeles había un documento para renunciar a una pensión compensatoria de mil euros durante 10 años. Él dice que, por cómo terminó todo, sospechó que había algo detrás: dejarlo fuera del testamento. “Ella cambió el testamento de 11 a 12 veces”, afirmó, aunque también dijo que siguieron hablando hasta tres meses antes de la muerte de Sara.
Y como si todo eso no bastara, llegó lo más delicado: su salud. Telecinco reportó que Tony padece un cáncer de colon que le tuvieron que extirpar, y que ahora espera resultados de una endoscopia por una lesión “entre el esófago y el estómago”. “Me tiene muy preocupado, psicológicamente me afectó muchísimo”.
Así que, cuando alguien pregunta “¿qué fue de Tony Hernández?”, la respuesta no es una sola. Fue el hombre que un día apareció en España como un fan convertido en esposo de una leyenda, el que luego regresó a Cuba y se buscó la vida lejos de los focos, el que reaparece a ratos para pelear su versión… y el que hoy, además, está lidiando con un diagnóstico que te cambia la cabeza por completo.


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