El cubano que revolucionó el arte de tocar la batería y llegó a la cima del rock mundial

7 min


Dave Lombardo. Foto: Getty Images.

En la historia del rock, Slayer tiene un sitio especial. Junto a Metallica, Megadeth y Anthrax, esta agrupación fundada en Huntington Park, California, forma a “los cuatro grandes del trash metal”, título honorífico que todas se ganaron en los años ochenta, debido a sus influencias en la escena rockera de la época.

El éxito obtenido por Slayer hace varias décadas y el estatus de banda legendaria que ostentan aún después de su despedida en 2019, está vinculado también al talento de Dave Lombardo, un cubano que, detrás de su batería TAMA, revolucionó el arte de la percusión en ese género.

“¿Alguna vez has visto la película The Natural? Ese es Dave. Él no tiene que tratar de ser bueno. Llega al lugar 10 o 15 minutos antes de que subamos al escenario y no calienta. Simplemente va y lo hace, después de que Jeff (Hanneman) y yo hayamos estado calentando durante una hora”, fueron las palabras que alguna vez usó Kerry King, guitarrista de Slayer, para describir a su compañero.

De raíces cubanas por parte materna, e italianas del lado del padre, David Lombardo nació en La Habana el 16 de febrero de 1965, en una familia bastante acomodada. Cuando él era muy pequeño, sus tres hermanos mayores: dos varones y una chica, fueron enviados a Estados Unidos mediante la “Operación Peter Pan”. Poco después, ya con dos años cumplidos, el pequeño Dave se mudó con toda la familia a South Gate, urbe situada al sudeste de Los Ángeles.

Bajo el sol californiano, el joven Lombardo aprendió a apreciar su ADN. Su roce en diferentes espacios con los muchos cubanos que allá vivían lo fue llevando a abrazar esa parte de su herencia y por ahí decidió que la clave estaba en usar el poder y el sabor de sus raíces antillanas para golpear, con mucho arte, ciertos instrumentos.

Ocho años tenía cuando se juntó con un bongó para acompañar el tema Everybody’s Everything —de Santana— que sonaba en el tocadiscos casero. Luego vino la banda de la escuela, la obsesión y su primera “herramienta”: una Pearl Maxwin de cinco piezas que le compró su padre para saciar el ansia drummera.

El aburrimiento le llevó a dejar las lecciones de percusión y, en esa etapa de rebeldía que fue la adolescencia, se dedicó a juguetear con otros géneros e incluso a convertirse en una criatura de la noche como DJ itinerante por toda la ciudad.

Forzado a elegir entre dejar esa vida o enfrentarse a una escuela militar, Dave complació a sus padres regresando al “buen” camino, pero lo que ellos no sabían era que realmente no había forma de separarlo de aquello que había probado una vez.

A finales de los 70, en el instituto, supo lo que era escuchar una multitud apoyándole durante un concurso de talento y eventualmente se juntó con otros jóvenes para armar bandas como Escape y Sabotage. De nuevo en casa le pidieron que intentara apartarse un poco de esa suerte de adicción, a ver si al menos se graduaba, cosa que hizo a duras penas en el ‘83.

Increíblemente, el futuro baterista consiguió un trabajo en la Diesel Energy Systems Company, a la cual llegó recomendado por su profesor de dibujo técnico. Sin embargo, tenía metido el “virus” de la música, tanto, que se gastó más de mil dólares en una batería TAMA Swingstar con platillos Paiste Rude, para ir cogiendo “forma”. Afortunadamente para él, poco después de aquella inversión, su vida se cruzó con las de Kerry King, Jeff Hanneman y Tom Araya y todos juntos empezaron a hacer historia.

Una de las anécdotas más entrañables de aquellos comienzos la contó el propio Tom años más tarde. Según relató el vocalista en 2020 a la reconocida publicación Metal Hammer, fueron los padres de los integrantes los primeros fans de Slayer.

“Literalmente tuvimos a cada uno de nuestros padres en nuestro primer par de shows que tocamos después de que Slayer se reuniera por primera vez, lo cual fue realmente genial. Todos apoyaron mucho lo que estábamos haciendo”, confesó.

Fue el mismo Dave, quien había cambiado el rol en la oficina por uno como repartidor de pizzas, el encargado de garabatear el logo con el que la agrupación sería inmortalizada después.

Meses más adelante sí dejaría el trabajo convencional para dedicarse por completo al espectáculo y grabar el primer álbum del grupo: Show No Mercy (Metal Blade Records, 1983), el cual fue financiado gracias a los ahorros de Araya y el apoyo de los padres de King.

Después de Show…, vino en el 85’ Hell Awaits (Metal Blade Records) y, acto seguido, llegó el momento que todos habían estado buscando, cuando vio la luz Reing in Blood (Epitaph Records y Def Jam Recordings, 1986), considerado por la revista Kerrang! como “el más duro de todos los tiempos” y definitivamente un hito esencial en la historia del trash y el heavy metal en general.

En Reign… se notó una aceleración en el tempo de las canciones del grupo, provocada por el doble bombo de Dave Lombardo, que dio una intensidad a los temas como nunca antes —y raramente después— se percibió entre las producciones de Slayer. La polémica generada por composiciones como Angel of Death y la propia portada conllevaron también al empuje necesario para que este fuera el primer disco del conjunto en colarse dentro del top 200 de Billboard.

A pesar del enorme éxito, Lombardo sintió que quería ganar más dinero y se separó de sus compañeros. “No estaba ganando dinero. Creo que acababa de casarme, y pensé que si íbamos a hacer esto profesionalmente, en un sello importante, quería pagar el alquiler y los servicios públicos. Rick Rubin me llamaba cada dos días y decía: ‘amigo, tienes que volver a la banda’. Finalmente me ofreció un salario, pero todavía no quería volver. Había estado fuera de la banda durante unos meses en ese momento, y consiguieron a Tony (Scaglione) de Whiplash para cubrir mi puesto”, declaró para Decibel en octubre de 2006.

Lombardo regresó a Slayer en el ’87 y luego grabó con ellos South of Heaven (Def Jam Recordings, 1988) y Seasons in the Abyss (Def Jam Recordings, 1990). No obstante, cuando llegó el momento de las giras, Dave eligió no participar para dedicarle tiempo a su hijo recién nacido, lo cual motivó el rechazo de sus compañeros.

“Todavía escucho mierda. Incluso hasta el día de hoy escucho ecos de cosas que dice Kerry (King, guitarrista) y Kerry fue el único con el que tuve un problema…”, declararía Lombardo en 1998.

Tras esta segunda salida de Slayer, fundó Grip Inc. banda con la que lanzaría cuatro álbumes: Power of Inner Strength (1995), Nemesis (1997), Solidify (1999) e Incorporated (2004).

Paralelamente a esta iniciativa personal, Dave también ha sido parte de la alineación oficial de Fantômas, Testament y Philm, además de colaborar, de forma regular o esporádica, con la superbanda Voodoocult, los muchachos de Apocalyptica, DJ Spooky, John Zorn, Suicidal Tendencies, Dead Cross y Mr. Bungle.

En 2001 volvió a tocar con Slayer y disipó las dudas en torno a su rendimiento, a tal punto que su colega Kerry King expresó: “es impresionante. Tiene el noventa y cinco por ciento allí. La verdad es que no pensé que pudiera hacerlo. Pero me ha dejado boquiabierto: tiene los pies y las manos, no pierde un paso”.

Años más tarde grabaría otros dos fonogramas con sus antiguos amigos: Christ Illusion (American Recordings, 2006) y World Painted Blood (American Recordings, 2009).

En 2013, protagonizó un nuevo episodio en su tirante relación con Slayer, debido a problemas relacionados (otra vez) con el dinero. Tras el incidente, resultó expulsado y los demás integrantes de la banda, junto con la disquera American Records, publicaron la siguiente declaración conjunta: “El señor Lombardo llegó a la banda menos de una semana antes de su salida programada para Australia para presentar nuevos términos para su contratación que eran contrarios a los que habían sido previamente acordados».

Luego de este suceso, el nacido en La Habana contestó a esas declaraciones explicando su versión del asunto. Nunca más volvió a tocar con ellos, ni siquiera durante la gira de despedida que tuvo lugar entre el 10 de mayo de 2018 y el 30 de noviembre de 2019.

“En lo que a mí respecta, he tocado en el primer show con los Slayer originales y el último con esos mismos Slayer originales, y me siento feliz por ello. Fue una banda brillante. Hicimos historia y les deseo lo mejor. Pero no, no lamento no haber estado en esa última gira. Soy feliz con mi vida en este momento y solamente me preocupa seguir avanzando y mirar hacia el futuro”, dijo a Mariskal Rock cuando le preguntaron al respecto.

Entre los honores que ha tenido, más allá de los que ya se conoce, Lombardo fue —junto a Joey Jordison (Slipknot)—  elegido para sustituir brevemente al danés Lars Ulrich (Metallica), cuando este estuvo hospitalizado previo a la realización del Download Festival de Reino Unido en 2004. En dicha ocasión, le correspondió tocar los temas Battery y The Four Horsemen.

A esa actuación tan especial se refirió en una entrevista concedida en 2016: “fue un momento muy estimulante para mí. Quiero a esos tipos. Todos nos conocemos desde que éramos ni­ños. Cada miembro de esa banda es una gran persona y un talento. Tener la oportunidad de tocar con ellos fue increíble y algo que nunca olvidaré. Tocaría con ellos de nuevo en cualquier momento”.

Igual que Dave idolatra a Metallica y a otros tantos colegas, él mismo se ha convertido en un patrón para varios bateristas de clase mundial. Este innovador, llamado también “el padrino del doble bombo” por los especialistas, influyó muchísimo en la carrera de excelentes instrumentistas como Rocky Gray (Evanescence), Richard Christy (Death), Paul Mazurkiewicz (Cannibal Corpse), Ray Herrera (Fear Factory), Pete Sandoval (Morbid Angel), Adrian Erlandsson (Craddle of Filth),  Patrick Grün (Caliban) y Jason Bittner (Shadows Fall), por citar solo algunos.

Con respecto a su herencia cubana, siempre ha sentido orgullo de ella y en cada ocasión que ha sido interrogado sobre el tema, ha dejado clara la importancia de esta para su carrera.

“No importa el estilo de música que estoy tocando, no sé cómo tocar sin esa intensidad y sentido. El metal requiere una gran cantidad de energía, pe­ro en realidad no permite mu­cho swing, ya que en general se toca muy rápido. Mis raíces cubanas, naturalmente, contribuyeron a mi éxito”, expresó hace algunos años.

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