«Sueños al pairo» y los escapes anímicos de Mike Porcel

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Mike Porcel. Foto tomada de la página en Facebook del documental Sueños al pairo.

El documental Sueños al pairo no busca la premisa exhaustiva, sino, quizás, esta declaración de principios: todo convenio biográfico es un pacto de fugas, maniobra por la que cualquier episodio podría acabar siendo una historia de escapes anímicos. Mike Porcel no se fugó de Cuba. Mike Porcel se alejó de cierta representación emocional de Cuba, una en la que terminó bajo las maneras de la defenestración, porque abandonarlo era la moción predilecta para que reconsiderase varias cuestiones. El aislamiento es, eventualmente, solo un acto de postergación de la fuga.

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Estos son Juan Manuel Cao y Mike Porcel en una entrevista que apareció en televisión después de que la noticia de la censura de Sueños al pairo llegara a las redes sociales:

—¿Tú estás entrevistado no en imagen, sino en una voz?

—En una voz en off, todo el tiempo.

—Qué curioso ¿no?

—Y le da al documental un misterio, por un lado, y un sentido como que… ¿quién habla? ¿un fantasma?

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ESCAPES ANÍMICOS (I)

Porcel, según la biografía publicada en su página web, “comenzó a trabajar profesionalmente como músico en 1968 con el grupo Dada, uno de los más famosos, innovadores y controversiales grupos cubanos de rock en la década de los sesenta, al tiempo que desarrollaba una de sus líneas fundamentales de trabajo: la composición”.

Luego trabajó como arreglista.

Luego fue director musical de Teatro Estudio.

Luego fue cofundador de Síntesis, agrupación que “se destacó en su primer año de existencia por el intento, inédito en Cuba, de fusionar raíces de la música folklórica cubana con tendencias del rock progresivo y sinfónico”.

En el ‘80 vino el Mariel.

A Mike no le permitieron salir por el Mariel.

“Todo lo que quise fue retirarme del juego”, dice Porcel a José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, realizadores de Sueños al pairo.

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El Secadero

ESCAPES ANÍMICOS (II Y FINAL, PROBABLEMENTE)

El nudo de Sueños al pairo llega en la mitad, aunque quizás el documental sea solo una articulación de varios nudos indivisibles. “El nudo” de Sueños al pairo comparece a partir de la animación, una naturaleza similar a la que posee la inquietud del desprecio:

“Mi madre estaba recién operada de la rodilla y estaba en silla de ruedas. Llegaron, entonces, los vecinos de mi barrio, más la Nueva Trova y a estos se les unieron los buenos vecinos de mi padre, la mayoría, y empezaron su acto de repudio”.

“Trataron de derribar la puerta delantera de la casa y luego la trasera, a patadas. Este sitio duró una semana”.

“Cuando no pudieron derribar la puerta, deslizaron un panfleto que aún conservo, titulado Del Movimiento de la Nueva Trova al excompañero Mike Porcel”.

El resto son testimonios que certifican ese ecosistema del rechazo. Y esos alegatos, aunque a priori pudieran parecer redundantes, son pretextos para que quien aparezca en el encuadre participe en los escapes de Porcel… o lo que es mejor, en los suyos propios, en formas de anécdotas, condescendencias o apologías: disposiciones, generalmente, transitorias.

Por eso tal vez nada se parezca a las palabras que deja el actor Daniel García Rangel, compañero de Mike durante su etapa en Teatro Estudio: “visitar o andar con una gente que se va del país quería decir que tú piensas igual que ellos, o que también estás pensando irte (…) Uno tenía miedo”. El miedo parecerá siempre un simulacro honesto. Precisamente, por las distintas variantes de la condescendencia.

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“Luego vino lo peor”, dice Porcel. “Fueron nueve largos años”. La cámara va hacia una vieja imagen de Mike en la que vemos una silueta y algunas manchas: es esa la efigie modélica del músico que tocará el órgano en la iglesia de San Antonio de Padua y en otras hasta que se marche de Cuba.

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DE VUELTA A LOS ESCAPES ANÍMICOS, PERO NO EN SUEÑOS AL PAIRO

En una entrevista publicada hace varios años en El Nuevo Herald, Mike dijo sobre sus canciones: “nunca encontrarás frases como ‘Cuba que linda es Cuba’ o ‘Santa Isabel de las Lajas querida’”.

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El nudo “último” de Sueños al pairo es un mural con fotos y recortes. La cámara pasa por delante de un pedazo de papel con letra escrita a mano:

En canciones fue quedando

lo que fuimos

simplemente lo que fuimos,

nada más

nada más que una expresión

de una matriz o quizás una función del

miedo.

Si hago esta canción significa que yo existo.

Otra vez el miedo como legitimador de todas las fugas posibles. El mismo miedo que, antes o después del escape, se convierte en añoranza: siempre marchamos de un miedo hacia otro mientras nos interrumpen algunas delicadezas.

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