Si creciste viendo televisión cubana en los 90, hay voces que se te quedan pegadas como un olor: tú no las buscas, pero vuelven solas. Y una de esas, sin discusión, es la de María Antonieta. Potente, de esas que llenaban el estudio, aunque el micrófono estuviera lejos. Con su melena rubia, los ojos claros que parecían de película y ese aire “salvaje” que la acompañaba en cada presentación, se convirtió en un ícono de belleza y de carácter en la escena musical de la Isla.
Por eso a mucha gente le pasó lo mismo: un día estaba en todos lados —programas, eventos, cabarets, aplausos— y luego, en la segunda década de los 2000, como que se hizo silencio. Muchos “le perdimos la pista” cuando salió de Cuba. Y claro, cuando un artista desaparece del radar, la imaginación del público hace lo suyo: que si se fue, se retiró, enfermó, que si… ya tú sabes.
Lo cierto es que María Antonieta no se fue a ninguna cueva. Hoy vive en Miami, Florida, y sigue cantando. A sus 71 años (nació el 4 de julio de 1955 en Camagüey), continúa luciendo espectacular y presentándose en escenarios de la “Ciudad del Sol”. Y no es una frase bonita para adornar: ella misma ha dejado claro que, aunque el tiempo pasa, el escenario sigue siendo su lugar natural.
Su historia artística empezó temprano, casi como empiezan las cosas importantes: jugando, probando, metiéndose “sin querer” en el mundo del arte. De acuerdo con El Nuevo Herald, a los 8 años ya se “implicaba” —así lo dice ella— en lo artístico, actuando en la escuela y en familia. Pero el salto profesional llegó en 1974, cuando cobró su primer estipendio por actuar en un cabaret local, el Caribe. “Me pagaron 163 pesos moneda nacional”, recordó con ternura en una entrevista ofrecida a dicho medio.
Después vino el camino largo, el de sudar el oficio. Primero cantante y bailarina en clubes y cabarets, luego el giro más firme hacia el canto. El Herald cuenta que en 1980 se enfocó en la música integrando un quinteto vocal, y más tarde se consolidó como solista en un sitio que marcó su carrera: el Copa Room del Hotel Habana Riviera.
Y entonces, sí, llegó el fenómeno. Según el citado diario floridano, de 1986 en adelante vinieron los triunfos grandes: el resto de los 80 y los 90 fueron de furor, con giras nacionales e internacionales. Ella lo describe con una imagen que cualquiera entiende: “Actuaba en lugares como el Anfiteatro de La Habana para miles de personas y tenía que salir escoltada por la policía porque toda la gente me paraba para saludarme”. Imagínate eso: terminar de cantar, bajar del escenario con la adrenalina todavía en el cuerpo, y que afuera haya un mar de gente queriendo tocarte el hombro, decirte “gracias”, pedirte una foto que en esa época ni era foto… era recuerdo.
También se presentó en festivales en países como México, Rusia y Hungría, e hizo giras por Venezuela, España, Brasil y Suiza, entre otros. Y compartió escenario con figuras enormes: Chavela Vargas, Sara Montiel, Rocío Jurado y Carmen Sevilla.
En cuanto a su obra, grabó casi una decena de discos y que también fue actriz. O sea, no era solo “una voz”: era una artista completa, de las que se montan en un escenario y lo convierten en un lugar propio.
El cambio de vida llegó más tarde. En 2012 comenzó una nueva etapa en Estados Unidos. Y desde entonces se ha mantenido activa, cantando clásicos y sumando canciones nuevas a su repertorio. De hecho, hoy todavía se le ve promocionando presentaciones en Florida; recientemente, en sus redes, ha anunciado shows junto al cantante Luis Alberto Fernández en sitios nocturnos de la región de Florida.
Pero no todo ha sido brillo. En junio de 2024, María Antonieta vivió uno de esos golpes que te cambian el piso. En una entrevista en video para ADN Cuba, relató el incendio ocurrido el lunes 10 de junio de 2024 en un condominio de Miami, donde residía. Contó que lo perdió todo materialmente y habló con angustia de algo que todavía duele más: no pudo rescatar a su gatita durante el siniestro. También describió el inicio del evento como una explosión —como “tiros”— y explicó que, al ser un edificio mayormente de madera, el fuego y el humo se propagaron con una rapidez brutal, consumiéndolo en “tres o cuatro minutos”.
Aun así, en medio del desastre, resaltó algo que la sostuvo: la solidaridad. Dijo que recibió apoyo de amigos, vecinos, bomberos e instituciones, y lo describió como una ganancia en “solidaridad humana”. Y, fiel a su manera de mirar la vida desde el escenario, anunció que mantendría un concierto ese fin de semana, con una idea clara: convertir el dolor en una celebración.
En esa misma conversación, reconoció el trauma, el insomnio, la incertidumbre de no tener una vivienda definitiva de inmediato, pero se aferró al optimismo y a la confianza en que las autoridades gestionarían soluciones en un plazo de 15 días. Incluso llegó a calificar lo ocurrido como un “intento de asesinato”, sugiriendo que alguien habría provocado deliberadamente la explosión.
Así que, si te estabas preguntando qué fue de María Antonieta, la respuesta es sencilla y a la vez enorme: sigue ahí, cantando, reinventándose, sobreviviendo a lo que toque… y volviendo al escenario cada vez que puede. Porque hay artistas que no se apagan: cambian de ciudad, cambian de época, cambian de público —pero la voz, esa voz, se queda contigo.
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