La historia del presentador de «Pateando la lata» que terminó viviendo en la sierra (aquí detalles)

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José Antonio Roche García, durante su etapa como presentador del humorístico Pateando la lata. Foto: Captura de pantalla de un video, mejorada con inteligencia artificial.

A veces uno no recuerda a un actor por “la gran escena”, sino por una cosita mínima: cómo remata una frase, cómo se queda en silencio medio segundo, cómo te mira como si estuviera hablando contigo en la sala de tu casa. Ese tipo de carisma no se fabrica. Y José Antonio Roche tiene justamente eso: una mezcla rara de humor y verdad que se siente vivida, no ensayada.

En una entrevista de 2023 con Abel Álvarez, para el programa de YouTube Abel en cualquier parte, Roche se presenta sin alarde como actor y comediante, y va soltando su historia como quien conversa con un amigo: cine, teatro, televisión, grupos, personajes… pero sin “currículum” en la mano. Por eso engancha: no suena a alguien enumerando logros, suena a alguien recordando el camino.

Salamanca: una “sala incompleta” que terminó siendo escuela

Este villaclareño, oriundo de Remedios, está ligado al grupo humorístico Salamanca. Él mismo cuenta que el grupo surgió en el Instituto Superior de Arte (ISA), y que su sello era distinto: una ironía fina, mucho juego con el lenguaje y esa capacidad de convertir lo cotidiano —lo aparentemente insignificante— en una situación teatral que te hace reír porque te reconoces ahí.

Lo mejor es el origen del nombre, que parece chiste… pero fue real. Roche recuerda que en un momento se fracturó un tobillo y no pudo presentarse. El grupo se quedó con un integrante menos, una “sala incompleta”, y de ahí salió Salamanca. Así, por accidente. Como pasan muchas cosas buenas.

Y hay otro detalle que él subraya: no era un humor sostenido solo por textos “complicados”, sino por actuación. Personajes. Construcción. Eso que hace que el público no sienta que le están contando un chiste, sino que está viendo una escena que podría ocurrir en cualquier casa.

Televisión: el rostro de un programa que dividía, pero enganchaba

Roche, por supuesto, cuenta en la entrevista que fue presentador y fundador del programa humorístico Pateando la lata. Y lo describe con una sinceridad que da risa: era un espacio polémico, de esos que o los amabas o los odiabas… pero te agarraban.

El programa salía en horario estelar, los jueves, y eso lo convirtió en un fenómeno. Roche dice que, aunque hizo teatro, cine y humor con Salamanca, muchísima gente lo recuerda primero por ese rol frente a cámara. Y menciona incluso que, aunque en Cuba ya no se produce igual, ha sabido de intentos o grabaciones relacionadas con el formato en Miami.

En su recorrido también aparecen otros títulos que él menciona con cariño: La hora de las brujas, un programa infantil dirigido por Manolito Gómez, con ensayos en vivo y un equipo grande; y una versión de Tierra o sangre dirigida por Moya, donde actuó junto a Bernardito Menéndez y Telo, interpretando a “Alicates” y “Candelabro”.

Teatro, ópera y cine: el oficio completo

Cuando Roche habla de teatro, se nota que ahí hay raíz. En la entrevista destaca Donde crezca el amor, presentada en el Teatro Nacional, compartiendo escena con artistas como Oneida Gamboa y Mayra de la Vega. Y también cuenta una experiencia curiosa: Salamanca fue contratado para participar en La Traviata, bajo la dirección de Armando Suárez del Villar, interpretando a personajes usureros. Humoristas metidos en ópera. Cuba, en su máxima expresión.

En cine, Roche menciona su colaboración con el director Tomás Piard. Y aquí suelta una de esas anécdotas que tiene “historia”: en el corto La posibilidad infinita protagonizó lo que menciona como el primer desnudo masculino en el cine cubano. No lo cuenta como escándalo, sino como parte de un camino artístico donde a veces toca arriesgar, probar, romper un borde.

La salida “casual” y el giro hacia lo comunitario

José Antonio Roche, en la actualidad, junto al poeta Alexis Díaz-Pimienta. Foto tomada del perfil en Facebook de Roche.

Su vida fuera de Cuba también arranca con un giro inesperado. Roche explica que su llegada a España fue totalmente casual: después de una gira por Italia, visitó a una amiga en Almería. Y estando allí, casi como quien no quiere la cosa, hizo un cuentacuentos improvisado en una librería.

Le fue tan bien que la prensa local se interesó, y un concejal le abrió puertas para empezar a trabajar en proyectos socioculturales. Roche cuenta que se vinculó con el ayuntamiento y trabajó en barrios marginados usando el teatro como herramienta social. También pasó por Canal Sur Radio y el Centro de las Letras, haciendo programas culturales y narración oral.

Con el tiempo, buscando más calma, se mudó a la Sierra de Granada. Y ahí, lejos del ruido, siguió haciendo lo suyo: talleres de teatro, dirección de un grupo comunitario y, además, poesía. Roche dice que explora su faceta de poeta y repentista, y que publicó junto a su compañera un libro de décimas titulado De claves y castañuelas.

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