
Sandra Pérez ha vivido varias vidas dentro de una misma carrera. Titiritera, actriz, productora, escritora, directora de arte, animadora… En ella caben muchas versiones, como si cada una hubiese encontrado su momento para aparecer.
Nació el 9 de enero de 1970 en Ciego de Ávila, entonces parte de la antigua provincia de Camagüey. Su nombre completo es Julia Sandra Pérez Marrero. Antes de que el público la identificara en la televisión cubana, estudió ballet y, a los 16 años, empezó a formarse en actuación. Más tarde se trasladó a La Habana y se graduó de la Escuela Nacional de Arte de Cuba, en la especialidad de actuación.
Aquellos años abrieron una puerta enorme. Desde inicios de los 90 comenzó a aparecer en programas infantiles que todavía despiertan nostalgia: Dando Vueltas, Fantástico, Pocholo y su pandilla, La sombrilla amarilla y El camino de los juglares. En Dando Vueltas manejaba y daba voz a Pititi, un personaje que muchos niños cubanos recuerdan con especial cariño.
Pero los títeres no fueron un simple capítulo en su trayectoria. Sandra perfeccionó la manipulación de esos personajes en la propia experiencia de Dando Vueltas. En una entrevista para el canal de YouTube Más allá de la Terapia contó que considera este arte como una de sus grandes pasiones. Reconoce como maestros a Ángel Enrique Díaz y Olegario Pérez. Detrás de cada muñeco hay técnica, ritmo, voz, mirada… y una paciencia que el público, sobre todo el infantil, detecta enseguida.
Su camino también pasó por las telenovelas y las series. Participó en títulos como Tierra Brava, Si me pudieras querer, Violetas de agua, El conde de Montecristo, A pesar de todo, El príncipe de los zorros, El medallón y La cara oculta de la luna. Estuvo además en otros programas como Sopa de palabras, Cuando una mujer y el espacio humorístico Punto G.
En el cine cubano interpretó a Silvia en el cortometraje de ficción El cazador, dirigido por Ruffo de Armas. Y sobre las tablas asumió personajes en Érase una vez un rey, El labrador de más aire y El metro. No se quedó únicamente frente a la cámara: también laboró como asistente, ambientadora y directora de arte en producciones audiovisuales, una labor menos visible, pero decisiva para construir el universo de una historia.
Después llegó México. Allí trabajó para Televisa y TV Azteca, participó en las telenovelas Entre el amor y el deseo y La mujer de Judas, así como en las series La teniente, Lo que callamos las mujeres y Secretos de familia. También apareció en campañas comerciales para marcas como Coca-Cola, Soriana y Banco Azteca, entre otras.
Hace alrededor de once años se fue de allí y comenzó otra etapa en Estados Unidos. Ya en Florida, le tocó hacer de todo para avanzar: limpió en un hotel y trabajó como conductora de Uber. Lo contó sin dramatismo en una conversación con el actor Alberto Pujol, dejando claro que ningún trabajo le quitó su identidad artística. Era, simplemente, parte del proceso de volver a empezar.
En Miami siguió creando. Fundó City Puppets, una compañía nacida de un sueño muy concreto: levantar un espacio de guiñol dedicado a los niños de la ciudad. La compañía tiene sede en el Teatro Miami, donde, por estos días, presenta cada domingo el espectáculo Mágicos Amigos. Música, canciones, personajes y participación del público sostienen una propuesta que ha conectado tanto con los pequeños como con los padres.
La idea no apareció de la noche a la mañana. Lleva más de una década tratando de consolidar ese rincón para el teatro infantil. En una ciudad donde abundan las opciones de entretenimiento, Sandra apostó por algo distinto: el encuentro cara a cara, la imaginación sin pantallas de por medio y ese instante en que un niño le responde a un títere como si estuviera hablando con alguien de verdad.
Su presente también incluye el trabajo de producción en El Mañanero, el popular programa conducido por el influencer Alexander Otaola. Y, entre tantas facetas, hace algunos años encontró tiempo para escribir Tu universo y tú, un libro disponible en Amazon que surgió de las frases motivacionales que solía compartir en redes sociales.
Sandra Pérez sigue moviéndose entre bambalinas, cámaras, estudios y teatros. A veces con un personaje, otras con un títere en la mano, otras resolviendo lo que nadie ve antes de que se enciendan las luces. En el Teatro Miami, por el momento, cada domingo, vuelve a ocurrir: la mujer que aprendió a dar vida con sus manos todavía tiene mucho que contar.
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