Irakere: 50 años de uno de los fenómenos más grandes en la historia de la música cubana

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Entre los aniversarios importantes que debería celebrar la cultura cubana en este 2023, sobresale especialmente uno, asociado a una orquesta que revolucionó para siempre la música de la Isla. Este año se cumple el medio centenario de la fundación de Irakere, banda que «reseteó» el género popular bailable en el mundo latino y le permitió al jazz una exposición mediática nunca antes vista.

Los orígenes de lo que sería ese gran boom están en 1962, cuando Dionisio Jesús Valdés Rodríguez, a quien todos conocían como Chucho, coincidió en el Teatro Musical de La Habana con el guitarrista Carlos Emilio Morales y el clarinetista/saxofonista Paquito D’Rivera, entre otros colegas, junto a quienes formó un combo que le sirvió para canalizar y experimentar con nuevas ideas. En enero del siguiente año grabaron un disco en la EGREM.

“A partir de la herencia yoruba y lo más importante de lo internacional, fuimos haciendo cosas. Yo estaba aburrido de las jazz band y estaba buscando otra sonoridad”, explicó Chucho en el documental Chucho Valdes and Irakere: Latin Jazz Founders (2008).

Más adelante vino la Orquesta Cubana de Música Moderna, en donde Valdés se juntó con otros jóvenes prometedores, como Enrique Plá (batería), Arturo Sandoval (trompeta), Jorge Varona (trompeta), Carlos Averhoff (saxo tenor) y Carlos del Puerto (bajo). Un año después, cuando aquella agrupación comenzó a ser usada más como acompañamiento, Valdés sintió que era el momento de cambiar.

“Fue algo interesante ese trabajo, pero no era lo que yo quería. Deseaba encontrarme a mí mismo, hacer mi música y desarrollar lo que había aprendido. Entonces me reuní con mis amigos y les dije: ‘aquí no hay más nada que aprender; no nos vamos a pasar la vida en un atril acompañando, que no es malo, pero no es lo nuestro’, y fuimos pensando en hacer otra cosa”, relató el hijo del excelente pianista Bebo Valdés.

Por el camino, Chucho creó con Del Puerto y Oscar Valdés un trío que grabó el álbum Jazz Batá, en donde incluyeron el tema Irakere, palabra yoruba que significa selva, vegetación impenetrable o confusión, entre otras. En ese momento, la banda estaba “a punto de caramelo”.

“El jazz siempre fue una música que no llenaba estadios y nosotros empezamos a pensar en cómo meter al gran público dentro de esto. Entonces dijimos que había que hacer música bailable y revolucionarla con instrumentos de viento. Además, había que mirar cómo bailaba la gente y también cómo colar la onda yoruba en esa sonoridad”, ha explicado Valdés.

Los primeros ensayos del conjunto en ciernes tuvieron lugar en la casa de la madre de Oscar Valdés. Este último, gracias a su voz y la percusión, fue parte fundamental del grupo durante casi todo su tiempo de actividad. Según él nos contó hace unos años, allí, con varios instrumentos prestados y muchísimas ideas propias, comenzaron a crear las canciones que entrarían en su primer disco.

En 1972 se presentaron por primera vez con el nombre de Irakere en el teatro Amadeo Roldán, en un espectáculo que se llamó Encuentro Latinoamericano, en el cual participaron varios artistas del continente. El grupo tocó un huapango, fusionado con jazz, blues y música cubana. Los demás quedaron impresionados con esa sonoridad tan revolucionaria.

Aunque en un inicio les costó ser bien vistos por las instituciones, finalmente en 1973 fue autorizada la fundación de Irakere, que durante sus primeros años contó con Chucho Valdés (piano, arreglos y composiciones), Oscar Valdés (cantante, percusión), Carlos Emilio Morales (guitarra), Carlos del Puerto (bajo), Jorge Varona (trompeta), Paquito D’Rivera (saxo), Bernardo García (batería), Lázaro Alfonso (congas) y Carlos Averhoff (saxo). Más adelante se sumarían algunos que se encontraban en ese entonces en el servicio militar, como Enrique Plá (batería).

Por ese conjunto también pasaron excelentes músicos como Arturo Sandoval, Miguel Díaz “Angá” (percusión), Orlando Valle “Maraca” (flauta), César López (saxo alto), Germán Velazco (saxo tenor), Jorge L. Chicoy (guitarra), José Luis Cortés (saxo barítono y flauta) y José Miguel Crego “El greco” (trompeta), entre otros.

El primer gran hit de la orquesta fue Bacalao con pan, número que nació de la veta jocosa de Oscar Valdés.

“Estábamos escuchando lo que habíamos grabado, y a mí me dio por ponerme a imitar el tono de Los compadres, mientras hacía un coro a la par de la música. Se me ocurrió lo del bacalao con pan, porque esa era una comida muy popular de la época en que existían los puestos de los chinos. El problema fue que cuando Chucho y Carlos (del Puerto) escucharon aquello, me dijeron que había que ponerle la voz y que tenía que ser yo mismo. Hasta ese momento, nunca en mi vida había cantado”, contó Oscar a nuestra revista.

Además de Bacalao…, en su lista de grandes éxitos clasifican temas antológicos como Ese atrevimiento, Valle de picadura, Xiomara, Cien años de juventud, Estela va a estallar, Juana 1600, Dile a Catalina, Por romper el coco, Baila mi ritmo, Claudia, por mencionar solo unos pocos.

“Yo escribía al nivel de los músicos y tuve que ‘apretar’ la pluma para que los ensayos fueran más interesantes. Poco a poco la cosa se fue complicando y había que leer mucho. La nuestra fue la única banda, después de la de Benny Moré, que logró que el público se parara a ver lo que hacían los músicos, a pesar de que también hacíamos música popular bailable”, contó Chucho en una conversación reciente con Ian Padrón.

En 1978, él y sus compañeros estuvieron junto a Leo Brouwer en el Karl Marx, en lo que significó el momento definitivo para el despegue de la agrupación rumbo al estrellato absoluto. “Tocamos ese fin de semana y se quedó una infinidad de personas sin entrar. Luego se puso tres semanas más y cada actuación fue increíble”, narró Carlos Emilio en una oportunidad.

Por entonces, los dueños de la disquera Columbia conocieron a Irakere. Los ejecutivos Bruce Lundvall (CBS Records) y Jerry Masucci (Fania Records), además de Billy Cobham (batería) y Jay Cattaway (orquestador), vinieron a La Habana y lograron que el Ministerio de Cultura les permitiera llevar a la banda al Festival de Newport 78, grabar el concierto y firmar un contrato.

De esa presentación, que duró dos horas y 45 minutos, y según Chucho fue “perfecta, sin un solo error”, salió el disco homónimo por el cual Irakere mereció su primer y único Grammy, obtenido en la categoría de Mejor Grabación Latina en 1980.

Según refleja la web oficial del gramófono dorado, fueron nominados en esa misma categoría en 1981 por Irakere 2 y en 1999 estuvieron entre los candidatos a llevarse el galardón en el apartado de Mejor Álbum Tropical Latino, con el fonograma Babalú Ayé.

Conocida por ser uno de los sucesos musicales más relevantes del siglo XX en la mayor de las Antillas, la orquesta marcó un punto de giro en la sonoridad de géneros latinos. Rompieron los esquemas de toda la vida y los rehicieron de una manera tal, que esa música nunca más volvió a ser la misma.

Su talento y su “magia” les permitió a sus músicos también compartir escenarios con otros gigantes del pentagrama como Chick Corea, Maynard Ferguson, Al Di Meola, Herbie Hancock, Dizzie Gillespie, McCoy Tyner, Bill Evans, Larry Coryell, Mary Lou Williams o Stan Getz.

“Para mí, la importancia de Irakere fue que no se metió en un solo camino. Hicimos aportes en el latin jazz y en la música bailable. Además, reconózcase o no, hay que decir que la timba nació en Irakere y, aunque después siguió su camino, fuimos nosotros el primer grupo de timba cubano”, ha asegurado Valdés.

Con esa idea coincide también José Luis Cortés, «el Tosco»: “Irakere se inclinó por la cosa de la rumba y el guaguangó, pero la famosa timba se empezó a gestar por números como No quiero confusión, Rucu rucu a Santa Clara y otras cosas que tienen mucho que ver con lo que después fue conocido como la timba”.

En la opinión de Plá, la obra más rica y compleja alguna vez ejecutada por ese ensemble, fue el Concierto para metales, compuesto por Chucho. Sobre esta pieza, en una conversación con Cubalite, el estelar drummer expresó: “tiene tantos cambios que te vuelven loco. Todos decían que cada vez que Chucho iba al baño y regresaba, le ponía algo nuevo”.

Según nos dijo Enrique, el éxito del grupo fue una conjunción de dos cosas fundamentales: “una, la música y las ideas de Chucho; y luego, la individualidad de cada artista. Muchos ya se conocían desde antes, pues habían coincidido en una comparsa o en un concierto y habían creado automatismos. El resto era imaginación. Cada uno hacía lo que sabía, desde un punto de vista personal e íntimo con su instrumento, y luego la combinación de todo aquello resultaba casi perfecta. Nos convertimos en un lugar hacia donde miraban los jóvenes y eso creo que también tiene gran valor”.

Sobre esa misma línea, el periodista Joaquín Borges Triana ha opinado que “la fórmula de orquestación ideada por Chucho marcó de ahí en adelante a las bandas cubanas que posteriormente fueron apareciendo, en especial en lo referido al tratamiento de los metales. Quien desee comprobar lo anterior, solo tiene que escuchar grabaciones de agrupaciones como Afrocuba, Opus 13, NG La Banda o más recientemente Havana d’Primera”.

En el propio diálogo con Padrón, Valdés comentó que no cree que haya habido una banda parecida a la que él dirigió. “Esa sección de metales original, formada por Arturo Sandoval, Carlos Averhoff, Paquito D’Rivera y Jorge Varona, es la más grande que haya existido; no he oído otra, ni parecida. Logró mover al mundo y dio pie a que luego muchas orquestas empezaran a imitarnos.

“También la sección de percusión, con los tambores batá, arará y yuka que incluyó Oscar, más la presencia de Jorge Alfonso, “El niño”, en las congas, además de Carlos del Puerto (bajo), Carlos Emilio Morales (guitarra), Enrique Plá (batería)… esa combinación… oye, si alguien me dice que de ahí no nació la timba, yo le digo que está más sordo que Beethoven.

“Para mí fue la banda más importante del siglo XX cubano, porque no era solo el grupo, sino también las individualidades. No era que sonara bien sola en conjunto, sino que era un all-star. Para donde quiera que tú los tiraras, sus miembros éramos músicos respetados a nivel mundial, que tocaban con agrupaciones importantes de las ‘grandes ligas’. Yo creo que eso no ha vuelto a pasar”, concluyó.

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