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Algunas caras se te quedan pegadas sin pedir permiso. Pasan los años, cambias de casa, de escuela, de vida… y aun así basta con una foto vieja o una canción que suena de casualidad para que la memoria haga clic y te devuelva a ese momento. Con Lian Álvarez ocurre exactamente eso.
Para muchísima gente, él fue primero Joseíto: el chamaco inquieto de La sombrilla amarilla que andaba en candela junto a Chele (Ingrid Cruz). No necesitaba soltar un discurso para robarse la escena; le bastaba una mueca, una carrerita a destiempo, esa cara de “yo no hice nada” y ya el enredo estaba servido. En un programa infantil, esa chispa vale oro.
Pero la televisión, ya tú sabes, es caprichosa. Y Joseíto no siguió. Lian no continuó en el programa y, con el inicio de la segunda temporada, el personaje fue sustituido por Albertico, interpretado por Rubén Araujo, quien llegó después de un casting. Para el público fue un cambio rápido: un día estabas acostumbrado a ver a Joseíto y al otro, el programa seguía con un niño distinto.
A veces esas historias quedan ahí, como en pausa. Uno piensa: “¿y ese muchacho… qué habrá sido de él?”… y la vida sigue. Sin embargo, años después, el nombre de Lian volvió a asomarse, pero por un camino que casi nadie habría adivinado desde la sala de la casa.
Lian salió de Cuba y terminó en el mundo del circo y la acrobacia. No como un hobby, no como “voy a probar”, sino en serio: Álvarez, nacido el 8 de abril de 1989, se describe como actor, bailarín y acróbata, graduado de la Escuela Nacional de Circo en La Habana. Y ya para mediados de la segunda década de este siglo estaba en España, armándose una carrera donde el cuerpo es herramienta, escenario y también guion.
Ahí es donde aparece el dúo Forza, que integra junto a José Sánchez. Y ojo: Forza no nació como una “pareja artística” desde el principio. Tanto José como Lian trabajaban antes con otros compañeros, en diferentes duetos. Hasta que, por esas coincidencias raras que parecen escritas por alguien con sentido del drama, ambos terminaron sus relaciones laborales con sus respectivos colegas casi al mismo tiempo.
En ese momento, un amigo en común los conectó: a José le habían ofrecido un contrato y necesitaba un nuevo compañero. Lian dijo que sí. Y así, sin mucha ceremonia, se armó la pareja.
Al inicio, hacían números clásicos y serios de “estatuas romanas”. Imagínate la escena: dos tipos con presencia, postura rígida, estética más solemne… lo típico que uno asocia con el circo tradicional. Pero poco después, algo cambió. Se dieron cuenta de que, durante los entrenamientos, sus bromas naturales gustaban. La gente se reía. Y cuando compartían ese tono en redes, funcionaba.
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Entonces decidieron meterle comedia a lo que hacían. Y ahí es donde Forza encuentra su sello: acrobacia con sketches cómicos, un estilo lúdico, juguetón, que no se toma demasiado en serio… aunque lo que hacen, físicamente, sea de un nivel altísimo.
Porque sí: ellos vuelan, cargan, sostienen, se juegan el equilibrio con una confianza que da vértigo. Pero al mismo tiempo te están contando una mini-historia.
Uno de sus números más comentados es el striptease cómico: una mezcla de destreza física y tono pícaro, donde el chiste no está en “provocar”, sino en el juego, en el timing, en la sorpresa. Es ese tipo de acto que, si lo cuentas mal, suena vulgar; pero en escena, bien hecho, se vuelve un sketch de circo con ritmo de comedia.
Y claro, cuando tú tienes un acto así, terminas rodando. Forza se ha presentado en plazas y escenarios de Perú, España, Alemania, Rumanía, Eslovaquia… y otros puntos de Europa. Es una vida de maleta, de camerino improvisado, de aprender a leer públicos distintos: no reacciona igual un país que otro. Pero ellos han sabido moverse ahí.
Por eso no sorprende tanto que, en algún momento, el dúo terminara tocando la puerta de los realities. Mucha gente los volvió a ubicar por Got Talent España, donde llegaron a la semifinal en 2019. Y más tarde aparecieron en America’s Got Talent 2022, sin pasar de la etapa de deliberaciones. También han estado en formatos similares en otros países europeos.
Esos espacios son un escaparate enorme, pero también una ruleta. Puedes hacer un número perfecto y aun así quedarte fuera. Sin embargo, para un dúo como Forza, la gracia no es solo “ganar” un programa, sino que te vean, que te recuerden, que alguien diga: “Oye, esos dos… ¿quiénes son?”.
Y ahí, de pronto, vuelve a conectarse todo: el niño de La sombrilla amarilla que un día desapareció del programa, el artista que se formó en el circo, el acróbata que mezcla fuerza con chiste, y el tipo que se planta en un escenario extranjero a hacer reír sin perder el aire.
En su trayectoria lo que impresiona es el giro: de personaje infantil a dúo internacional, de travesuras televisivas a acrobacias con comedia. Como si, al final, Joseíto nunca se hubiera ido del todo… solo cambió de escenario.
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