
La temporada de 2026 de Andy Ibáñez pareció una de esas maletas que no terminan de deshacerse. Cambió de uniforme, de ciudad y de rutina varias veces. Cada vez que parecía encontrar una puerta entreabierta, apareció una decisión de roster, una lesión o una nueva mudanza. No ha sido fácil para el pinero, que lleva años ganándose la vida precisamente por algo muy valioso en Grandes Ligas: poder jugar donde haga falta.
En noviembre de 2025 decidió entrar en la agencia libre tras tres campañas con Detroit, la franquicia felina. Buscaba un contrato que lo devolviera al radar y, en enero de este 2026, los Dodgers le ofrecieron uno por un año y 1,2 millones de dólares. La idea era sencilla: un bate para la banca y un hombre capaz de cubrir varias posiciones. Pero el plan duró poco. En febrero fue designado para asignación para abrirle un espacio al jardinero Michael Siani, llegado desde los Yankees.
Los Athletics lo reclamaron y asumieron por completo los 1,2 millones garantizados. Allí vio acción en 11 partidos, con dos hits en 17 turnos, tres remolques, un boleto y dos ponches. A fines de abril volvió a quedar fuera del roster: la organización necesitaba activar al jardinero Brent Rooker y el cubano pagó el precio de esa necesidad.
Los Mets lo reclamaron después. Con Nueva York apenas disputó tres juegos en MLB; se fue de 6-0, aunque impulsó dos carreras con elevados de sacrificio. En medio de aquella etapa también pasó por la lista de lesionados. A mediados de mayo, otra vez fue designado para asignación. Pasó limpio por waivers y terminó en Syracuse, la sucursal Triple-A de los Mets. Allí conectó para .723 de OPS, pero fue liberado en agosto.
De inmediato apareció Seattle con un contrato de Ligas Menores. Ibáñez cerró el año en Tacoma, filial Triple-A de los Mariners, y con esa escuadra dejó una línea de .266/.308/.367 en 28 encuentros. No son cifras para tirar cohetes, claro, pero tampoco están mal si se mira el curso completo: varios cambios de organización, poco tiempo para establecerse y la obligación constante de volver a demostrar que todavía puede ser útil.
El 5 de octubre llegó un nuevo movimiento: su firma con los Leones del Escogido, de la Liga de Béisbol Profesional de República Dominicana. Ya había probado ese circuito con las Águilas Cibaeñas en 2018-2019, sin buenos resultados. Esta vez arrancó distinto. Según Baseball Reference, en siete partidos lleva de 22-8, con tres dobles, seis impulsadas, tres boletos y cinco ponches. Batea .364, se embasa para .440 y su slugging está en .500. Es una muestra pequeña, sí, pero en una liga invernal competitiva cada turno sirve para recuperar ritmo, confianza y visibilidad.
Para Ibáñez, esta etapa con los Leones puede ser más que un simple invierno de pelota. Seattle necesita evaluar si su versatilidad todavía encaja en los planes de 2027. Una buena actuación en LIDOM le permitiría llegar a los entrenamientos de primavera con turnos recientes, mejores sensaciones ofensivas y una carta concreta para competir por un puesto. Puede cubrir todo el cuadro, además de ser opción como bateador designado o emergente; ese perfil gana valor cuando un equipo tiene lesiones, necesita profundidad o busca ajustar su banco sin gastar demasiado.
El detalle es que el calendario de MLB también está en el aire. El Acuerdo de Negociación Colectiva vence el 1 de diciembre de 2026 y, si los dueños y el Sindicato de Jugadores no alcanzan un nuevo pacto, se espera un cierre patronal inmediato. Eso congelaría las operaciones de béisbol y podría no disputarse la contienda de 2027. En un escenario así, para un jugador que pelea un espacio como el antillano, cada oportunidad previa para mostrarse puede pesar todavía más.
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Andy nació el 3 de abril de 1993. Antes de salir de Cuba disputó tres Series Nacionales y representó al país en el Clásico Mundial de 2013. En 2015 emprendió el camino hacia el profesionalismo y firmó con los Rangers de Texas en julio de ese año. Comenzó a jugar en el sistema de Ligas Menores en 2016 y llegó a las Mayores en 2021.
Como novato con Texas jugó 76 partidos, bateó .277, pegó siete jonrones y remolcó 25 carreras, con un OPS+ de 106. Se movió por primera, segunda y tercera base; también fue designado y apareció diez veces como emergente. Era, en esencia, un hombre de banco muy útil. En 2022 bajó a .218 en 40 encuentros, con un jonrón y nueve empujadas, y los Rangers lo dejaron ir.
Detroit lo reclamó y allí encontró un ambiente más favorable. Al manager A.J. Hinch le gustaba mover piezas día a día, y la versatilidad del cubano encajaba bien en esa lógica. Jugó 114 partidos en 2023, 99 en 2024 y 91 en 2025, sin una posición fija. Su producción descendió de .264 con 11 jonrones y OPS+ de 103, a .241 con cinco vuelacercas y OPS+ de 84, y luego a .239, cuatro jonrones y OPS+ de 81. Participó en la postemporada de 2024 y 2025; en esta última dejó un hit en su único turno, durante la Serie Divisional ante Seattle.
En seis campañas de MLB con Rangers, Tigers, Athletics y Mets, acumula promedio de .250, OBP de .301 y slugging de .383. Suma 59 dobles, cinco triples, 28 jonrones, 133 impulsadas, 76 boletos y 217 ponches en 1 151 veces al bate. También regresó a vestir el uniforme de Cuba en el Clásico Mundial de 2023.
Ahora mismo, Ibáñez no tiene un lugar asegurado en el equipo grande de Seattle. Pero sigue activo, bateando bien en Dominicana y con una herramienta que ninguna organización desprecia del todo: la capacidad de adaptarse. Después de un 2026 tan movido, quizás lo que más necesita no es otro uniforme, sino tiempo. Tiempo para quedarse y volver a demostrar, sin maletas a medio cerrar, por qué llegó hasta ahí.
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