
Volver a una Serie Nacional no siempre es un regreso con música de fondo y aplausos. A veces es más bien una escena silenciosa: un pelotero entrenando temprano, sudando sin cámaras, tratando de ganarse un puesto como si fuera la primera vez. Y en esa película —bien cubana, por cierto— anda ahora Annier Fonseca, que busca regresar al principal torneo beisbolero del país después de no participar en la pasada edición.
Fonseca, de 37 años, volvió a aparecer en la preselección de los Huracanes de Mayabeque y, según contó en un video publicado por el estadístico Arnelio Álvarez, llega con una idea bastante clara: competir por un espacio y quedarse. Sin vender humo. Sin prometer milagros. “En estas tres semanas de entrenamiento me he sentido bien. He asimilado la preparación y me noto físicamente y mentalmente listo para ganarme un puesto. Pienso que no tendré problemas para hacer el equipo”, dijo.
La frase suena simple, pero cualquiera que haya estado cerca de un terreno sabe lo que hay detrás: piernas pesadas, manos ampolladas, madrugones, y esa presión callada de saber que el margen de error en una preselección es chiquitico. Un mal día, una mala semana… y te quedas mirando la Serie por televisión.
En su caso, además, el regreso tiene un componente práctico. Fonseca explicó que, tras pasar por varias Series con diferentes equipos, decidió apostar por Mayabeque buscando “más posibilidades de jugar”. Y soltó un detalle que, en Cuba, pesa más de lo que parece: “Además, me queda cerca de la casa”. A veces uno olvida que el béisbol también es logística, transporte, familia, vida real. “Estoy muy contento con el grupo: me han acogido muy bien y estoy entregándome al máximo en la preparación”, añadió.
Para entender por qué este regreso llama la atención, hay que mirar el camino, que no ha sido lineal ni cómodo. Según una nota que publicamos en Cubalite en 2023, Fonseca fue un efectivo del conjunto de Regla en Series Provinciales capitalinas y se estrenó en Serie Nacional con Industriales en la temporada 56 (2016-2017). Al año siguiente volvió a vestir el uniforme azul. En esas dos contiendas, sus números fueron discretos: promedio de .208, con ocho anotadas, 10 imparables, tres dobles, siete remolcadas, cinco bases por bolas y 14 ponches.
Después vino una pausa larga: tres campañas ausente. Y ya tú sabes cómo es eso… cuando te desconectas del máximo nivel, regresar cuesta el doble. Pero en la edición 61 (2022) el zurdo reapareció con Camagüey, bajo la dirección de Miguel Borroto. Ahí tuvo más acción: 44 juegos, 12 anotadas, 26 hits, average de .230, dos dobles, dos jonrones, 10 impulsadas, cinco boletos y 17 ponches.
En 2023 (Serie 62) cambió de uniforme otra vez y jugó con Holguín, dirigido por Felicio García. En 32 encuentros bateó 11 indiscutibles en 60 turnos oficiales (.183), con tres dobles y un jonrón como extrabases. Empujó 12 carreras, su máximo histórico en una contienda. Y hay un detalle que pinta bien su historia: antes de esa Serie, representó a finales de 2022 al municipio Frank País —donde nació y se crio— en el campeonato provincial holguinero, y allí se llevó el liderato en jonrones, según le dijo al colega Luis Lamoth. O sea, cuando el escenario cambia y el ambiente es el de “la pelota del barrio”, el bate también habla.
Luego disputó el campeonato con Mayabeque (Serie 64) y, otra vez, los números quedaron por debajo de lo que él mismo quisiera. Después no estuvo en la pasada justa… y ahora vuelve a tocar la puerta.
Globalmente, en cinco cursos en los principales certámenes domésticos cubanos, Fonseca compila línea ofensiva (AVE/OBP/SLG) de .218/.294/.292, con 11 dobletes, tres jonrones y 36 impulsadas. No es una tarjeta de presentación para presumir en voz alta, pero tampoco cuenta toda la película: hay peloteros que no se miden solo por la línea ofensiva, sino por su utilidad, por dónde pueden encajar, por la experiencia, por la defensa, por el rol que aceptan.
Y ahí entra otro punto que él mismo dejó claro: su versatilidad. “Juego en primera base y también en los jardines”, dijo en el video. En un equipo que está armándose, esa flexibilidad puede ser oro. Porque no siempre se trata de ser la estrella; a veces se trata de ser el que resuelve cuando falta alguien, el que puede moverse sin drama, el que no se cae cuando lo cambian de posición.
Por ahora, Fonseca está en esa etapa que mezcla ilusión con realidad: entrenar, integrarse bien al grupo, sostener el físico y esperar que el rendimiento acompañe cuando empiecen los juegos de verdad. Lo demás —el puesto, el “grado”, el uniforme definitivo— se decide en el terreno, como casi todo en la pelota.
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