La actriz cubana que se hizo monja (y encontró su lugar en una guardería de La Habana Vieja)

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Esta es una de esas historias que uno escucha y, sin querer, baja la voz. No por drama, sino por respeto. Porque te das cuenta de que la vida de esa persona dio un giro enorme… y lo dio sin escándalo, sin “novela”, sin necesidad de justificar nada.

Hoy te hablamos de la hermana Odita, protagonista de un episodio del canal de YouTube Descifrando Realidades, donde cuenta cómo dejó atrás su etapa como actriz profesional para dedicarse a los demás en Cuba (puedes ver la entrevista completa en el video que encabeza este texto).

Lo primero que sorprende es que ella no habla de su cambio como si hubiera huido de algo. No. Odita lo explica como una llamada personal, una decisión tomada desde adentro, como cuando tú sientes que ya no te cabe la vida que llevas y necesitas otra cosa… pero no por trauma, sino por plenitud. En la entrevista insiste en algo que a veces se nos olvida: las monjas no son “seres de otro planeta”. Son personas con amistades, retos, gustos, pasiones. La diferencia es que ellas encontraron un camino donde su fe y su servicio les dan sentido, y eso —dice— también es felicidad.

Hoy, esa felicidad tiene un nombre y una dirección concreta: la Guardería Padre Usera, en La Habana Vieja. Un lugar que, más que guardería, funciona como salvavidas para muchas familias. Según explican en el propio episodio, el proyecto fue fundado en 1997 por la comunidad de las Hermanas del Amor de Dios, y su misión es bien clara: apoyar, educar y alimentar a niños que vienen de contextos económicos o sociales difíciles, para que tengan oportunidades más parecidas a las de cualquiera.

Imagínate la escena: madres solteras que necesitan trabajar, familias que están “en la lucha” diaria, gente que no tiene red de apoyo. En ese contexto, una guardería no es solo un sitio donde “cuidan” niños. Es un espacio seguro para que una madre pueda respirar, para que una familia no se hunda, para que un niño coma bien y aprenda sin cargar con el peso de la casa. La hermana Odita lo cuenta con esa mezcla de firmeza y ternura que tienen las personas que han visto de cerca la necesidad.

Ella lidera y gestiona el funcionamiento del centro. Está pendiente del programa educativo, del personal docente y de servicio, de la alimentación, del mantenimiento… de que todo camine, aunque el país esté difícil y los recursos no sobren. En el episodio, ella explica que el programa educativo combina currículos locales con programas de colegios en España, buscando una formación sólida para los niños. No es “vamos a entretenerlos”. Es educación de verdad.

Además, la guardería no se queda solo en lo que pasa dentro del aula. Odita subraya que también intentan incidir en los valores de las familias. Y aquí suelta una idea que pega: educar no es solo para salir de la pobreza material, sino también de la pobreza mental. Dicho así, sin adornos. No desde el juicio, sino desde el acompañamiento. Porque cuando la vida aprieta, la escala de valores se te puede desordenar, y a veces alguien tiene que ayudarte a volver a poner las cosas en su lugar… con caridad, con cercanía, sin sermones vacíos.

En el video también se asoma a su rutina diaria, y ahí se caen varios mitos. La vida religiosa no es estar todo el día “flotando” en una nube. Odita cuenta que su jornada empieza a las 5:00 a. m.: oración, trabajo en la guardería, vida comunitaria, estudio personal. Un ritmo constante, de esos que te exigen disciplina. Y a la vez, una vida compartida, porque ella no trabaja sola: está con su comunidad, las Hermanas del Amor de Dios, una congregación fundada en 1864 en España por el sacerdote Jerónimo Usera, con un carisma centrado en encarnar el amor de Dios, sobre todo a través de la educación de niños y jóvenes.

Y sí, el detalle que más llama la atención —porque rompe el molde— es el pasado artístico de nuestra protagonista. Odita cuenta que fue actriz profesional y que incluso dio clases de teatro. Estuvo vinculada a un grupo teatral por más de diez años. No menciona títulos de obras ni se pone a enumerar logros; el episodio no va por ahí. Pero se siente que esa etapa le dejó herramientas: la capacidad de mirar al otro, de escuchar, de leer emociones, de sostener una escena sin hacer ruido. Solo que ahora su “escenario” es otro: un patio con niños, una cocina que tiene que rendir, una familia que llega con problemas, una conversación difícil.

En un punto, lanza el mensaje central de todo lo que cuenta: “Dios nos hizo para ser felices”. Y lo dice como quien te está dando un consejo de vida, no como quien te está imponiendo una idea. La felicidad, para ella, tiene que ver con encontrar un camino donde la conciencia esté tranquila y el corazón se sienta pleno. Por eso su historia no se siente como renuncia, sino como elección.

La Guardería Padre Usera, además, no es un proyecto aislado. En el episodio se menciona que cuentan con dos guarderías: una en La Habana Vieja y otra en Regla. Dos puntos en el mapa, sí, pero también dos espacios donde la palabra “acompañar” se vuelve acción diaria.

Y mientras la escuchas, te pasa algo curioso: empiezas pensando en la actriz que dejó el teatro… y terminas pensando en la mujer que, todos los días, se levanta temprano para que otros puedan vivir un poquito mejor.

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