
A veces Facebook se convierte en una especie de sala de estar. Tú entras, miras dos o tres cosas por arriba… y de pronto te topas con una publicación que te frena en seco. Eso pasó con el mensaje que compartió la actriz santiaguera Obelia Blanco este 7 de julio, justo cuando se cumplió un año más de su llegada a España con su familia.
No fue un post largo ni grandilocuente. Fue, más bien, una de esas reflexiones que se sienten dichas en voz baja, como quien se sienta un momento en el borde de la cama y suelta el aire. “Llegamos a este país… cargando solamente con una maleta y dejando atrás una vida y una historia”, escribió. Y ahí mismo se te arma la imagen: una maleta sola, el peso de lo que no cabe, el ruido del aeropuerto, el corazón apretado por lo que se queda.
Obelia habló de dudas, de temores, de lo incierto. Y también de eso que casi nadie cuenta con detalle, pero que todos los que emigran conocen: el arte de reinventarse. “Aprendimos a reinventarnos y salir adelante. Y lo seguimos haciendo cada día”, dijo. Como si la reinvención no fuera un capítulo, sino una rutina. Un hábito. Un “hoy también”.
Lo bonito —y lo duro— es que no maquilló nada. Reconoció que no ha sido fácil, pero que han tenido apoyo: familia, amigos, y hasta gente que “sin conocernos” les tendió la mano. Esa línea, así de simple, tiene una fuerza tremenda. Porque en medio del desarraigo, cuando todo parece nuevo y ajeno, un gesto pequeño puede salvarte el día. Un vecino que te explica algo sin apuro, alguien que te orienta con un papel, una conversación en la cola que te hace sentir menos extraño… esas cosas.
Y, sin embargo, el post no se queda en la gratitud por la nueva vida. Obelia también miró hacia atrás, hacia Cuba. “No dejamos de pensar en nuestra tierra ni en nuestra gente, que está pasando por momentos tan duros”, escribió. Esa es otra postal conocida: puedes estar a miles de kilómetros, pero el país te sigue sonando en la cabeza como una canción que no se apaga.
Lo más conmovedor llega cuando agradece a quienes, aun viviendo “una situación tan terrible”, le escriben para desearle salud y bienestar. “Les doy mi eterno agradecimiento y deseo que podamos volver a abrazarnos pronto”. Ahí no hay discurso, hay humanidad. Y un deseo que se repite en tantas familias cubanas: el abrazo pendiente.
Obelia Blanco, de la TV cubana al teatro aficionado en España: “Quiero sentirme viva”
Que Obelia comparta esto tiene un peso especial por quien es ella. No estamos hablando de una actriz cualquiera, sino de una figura con una trayectoria que parece haber acompañado a varias generaciones. En 2018 recibió el Premio ACTUAR, en 2020 el Premio Nacional de Televisión, y antes ya había sido condecorada con la Condición Artista de Mérito de la Radio y la Televisión cubanas. Son reconocimientos grandes, sí, pero en su caso se sienten como un “claro, era de esperar”, porque su rostro y su voz han estado ahí… desde siempre.
Muchos la recuerdan en aquella etapa gloriosa del espacio Aventuras. Apareció en títulos como El león de Damasco, Los pequeños fugitivos y El corsario negro. En esta última dio vida a la india Yara, un personaje que, según cuentan, la marcó especialmente ante el público. Y si nos vamos a las telenovelas, también estuvo en historias de peso como El viejo espigón y Cuando el agua regresa a la tierra, entre otras.
Incluso con 80 años, Obelia seguía activa y ponía su voz al Tren de Maravillas, ese programa infantil que lleva alrededor de dos décadas en pantalla. Es como si su voz se hubiera quedado viviendo en la casa de muchos.
En 2020, en pleno aislamiento por la covid-19, la vimos en El rostro de los días y también en la retransmisión de Bajo el mismo sol (2010). Curiosamente, en ambas su personaje se llamaba Carmen… pero eran Cármenes muy distintas. Una más conservadora; la otra, más empoderada. Ese detalle, que parece pequeño, dice mucho de su rango como actriz: misma etiqueta, dos vidas diferentes.
Para 2021, ella misma confesaba que quería seguir “dando un poquito de guerra”. Y en 2022 la serie Valientes la trajo de vuelta, en uno de sus capítulos, como una de las posibles enfermas. Después siguió con espacios habituales en la radio y, con la franqueza de quien ya no tiene que quedar bien con nadie, comentó algo que duele: que hay pocas posibilidades para actores de su edad. “Concurre la tendencia de no escribir personajes longevos”, dijo en una oportunidad.
Por eso sorprendió tanto cuando, a inicios de 2023, se supo de su salida del país. Luego se conoció que se había instalado en España desde mediados de 2022, en Allariz, Orense, en la comunidad autónoma de Galicia. Y lo más Obelia del mundo es que no se quedó quieta. “Quiero hacer cosas, sentirme viva”, contó. Vio un grupo de teatro en el ayuntamiento y decidió probar. Y ahí encontró algo que, para un artista, es casi tan necesario como el aire: pertenecer.
Agradeció a Iria Azevedo, la profesora, por la experiencia y por el compañerismo. Dijo que eso la hacía sentirse otra vez parte de algo, como si recuperara el ritmo de “compañeros de trabajo”. Desde entonces ha formado parte de un grupo de teatro de aficionados en la zona, cuya esencia —según ella— “es un poco loca, pero muy divertida”. Ha fungido como narradora de la acción y a veces ha compartido escenas con otros compañeros. Y le encanta ese espíritu que se crea cuando jóvenes y veteranos trabajan juntos.
Ese grupo está involucrado en el proyecto 5×5, impulsado por Fósforo Arte & Cultura, un estudio de producción artística nacido en Compostela con intención de acoger proyectos culturales con componente social o educativo. De ahí salen talleres de teatro y una I Mostra Itinerante de Teatro Amador que, durante cinco fines de semana, recorre municipios como Vedra, Silleda, Lalín, Mazaricos y Allariz, con cinco piezas creadas colectivamente.
En La Voz de Galicia contaron también el motivo más íntimo de su llegada: “en Cuba ya no tenemos familia, o venía o me quedaba sola”. Y la razón mayor: ayudar a su hija, que comenzaba una nueva vida con una niña de cinco años. Obelia confesó que sus primeros meses fueron “una prueba dura”. Pero, mira tú, las manualidades —ese hobby que ya la acompañaba en Cuba— la conectaron con grupos de la comunidad, y por ahí se enteró de los proyectos teatrales. Al principio intentó pasar desapercibida… hasta que tuvo que decirle a la directora que era actriz profesional.
Y entonces pasó lo inevitable: terminó dentro de la obra O roce fai rozaduras, dirigida por Iria Azevedo. Porque cuando una actriz de verdad está cerca de un escenario, por mucho que quiera esconderse, el escenario la encuentra.
Lo que Obelia escribió este 7 de julio no es solo una efeméride personal. Es el retrato de una vida que se mueve con una maleta, sí, pero también con oficio, con memoria y con ganas. Y con esa mezcla rara de gratitud y nostalgia que, a estas alturas, ya es casi un idioma propio.
👉Si quieres recibir en tu WhatsApp los artículos que publicamos habitualmente sobre temas cubanos o la actualidad de personalidades dentro y fuera del país, únete a nuestro grupo:
👉(Pincha aquí para unirte)


0 Comentarios