Estuvo en Mazorra, lo perdió todo y dijo “basta”: la resurrección de un famoso músico cubano

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Reynier Mariño (La Habana, 20 de septiembre de 1979) lleva varias décadas entre los músicos más reconocidos de Cuba. Su obra como representante de la guitarra flamenca lo ha llevado a llenar todos los teatros importantes de la Isla y también plazas notables de otros continentes.

Formado en la Escuela de Música Manuel Saumell, el Conservatorio Amadeo Roldán y el Centro de Superación Profesional Félix Varela y finalmente en el Instituto Superior de Arte, Mariño tocó con el Ballet Nacional de Cuba hasta que una gira por España lo llevó hacia el camino de lo gitano.

Alumno de Leo Brouwer y de los ibéricos Manolo Sanlúcar y José Fernández Torres, más conocido como Tomatito, este hombre también cuenta con un título de la Real Academia de Música de Madrid.

Mariño, quien lanzó en el año 2003 su álbum Alma Gitana, considerado como el primero del género flamenco grabado en Cuba, consolidó su destreza y experiencia como instrumentista en el Ballet Español de La Habana y la compañía de Lizt Alfonso, hasta fundar su agrupación en el año 2000.

A pesar de haberle sacado tanto partido a su talento musical, este hombre lleva varios años luchando con un problema que afecta y acaba con la vida de millones alrededor del mundo.

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Por increíble que parezca, Mariño ha admitido que nunca bebió alcohol de forma regular hasta pasados los 30, pues su padre padecía esa adicción y eso lo llevó a rechazarla siempre. Sin embargo, y aunque él lo desconocía, la genética le tenía reservada una sorpresa nada agradable.

“Mi papá, Manuel Mariño, era un hombre muy inteligente, asistente personal de Dulce María Loynaz y representante de cantantes como Annia Linares, Mirtha Medina y Martha Strada. Fue muy querido, e incluso hoy me encuentro gente como Leo Brouwer y me dicen ‘el hijo de Manolo’.

“(…) De a poco el alcohol lo fue cogiendo, pero él salió, solo, sin médicos, pero en mi caso fue peor, porque lo heredé de él, algo que jamás tuve idea que podía pasar”, contó en el podcast de la periodista Indira Román.

Reynier se fue de Cuba en 2006 rumbo a España y se radicó en Gran Canaria. Su siguiente parada la hizo en Uruguay por una temporada, donde tuvo una etapa de éxito, durante la cual llenó varias veces la sala Zavala Muñiz del famoso Teatro Solís de Montevideo.

Sin embargo, en tierra rioplatense no todo fue bueno para él, pues con un trago del ron Captain Morgan empezó su tóxica relación con la bebida, según declaró recientemente.

“Después de ese primer día, empecé a ir a ese mismo lugar, que se llama El Tartamudo, no porque quisiera tocar, sino por el ron ese. Llegó un momento en que tenía que tocar en una escuela donde no había bebida y yo sentía que tocaba sin ganas”.

“Eventualmente, mi problema empezó a hacerle daño a la familia. Hay quien se pone agresivo, pero ese no fue el caso mío. Pero si hablaba de más, decía cosas de la familia que no tenía que hablar… y la gente me sacaba dinero e información, porque me convertía en una persona muy vulnerable”, relató a comienzos de este mes de mayo.

A nivel profesional, todo se le complicó también, pues ya no lo buscaban para llenar grandes plazas, sino sitios nocturnos que propiciaban el aumento de su desmedido consumo de alcohol. En un intento por frenar el avance negativo de la enfermedad, regresó a casa por un breve período, pero aquí tampoco encontró solución.

“Decidí volver a Cuba para replantearme las cosas y aquí conozco a DJ Unic y El Chacal y me metí en el mundo del reguetón. La culpa es mía porque yo quería seguir el ciclo y decía ‘me voy a Cuba a pensar, pero si en Cuba me dan la oportunidad de seguir destruyéndome, pues mejor’”, dijo en una ocasión.

En esa etapa, estuvo internado en el Hospital Psiquiátrico de La Habana, también conocido como Mazorra, pero no le sirvió de mucho. Tras pasar 45 días allí, no salió rehabilitado, volvió a consumir y continuó su estela de autodestrucción.

“A mí lo que me salvó es que llegué a un punto en que sentí que me quería morir. Pasaba dos o tres días sin comer y amaba ese estado de tomar el ron fuerte y que me entrara como una daga… Hasta un día. Empecé a perder trabajos, la gente no quería andar conmigo, me miraban mal. Yo lo que no tenía era la moral para defenderme porque sabía que lo estaba haciendo mal.

“El colmo de todo sucedió en Pazillo Bar. El dueño me llevó a tocar y antes me pidió expresamente que no bebiera. No obstante, aquel día empecé a beber en la Casa Balear y cuando llegué al concierto ya no recuerdo qué más pasó. Lo que sí recuerdo es que me caí, rompí un vaso y me corté la cara. Acto seguido, el dueño le dijo a mi representante de entonces: ‘al borracho este no me lo traigas más’. Entonces vi que había decepcionado a mis padres, dejado a la novia que quería y me había quedado sin carrera”.

Reynier regresó a Mazorra. Allí tuvo la ayuda de especialistas, pero el cambio real lo notó cuando salió de ahí y fue a Alcohólicos Anónimos (AA).

Luego de un lustro de “mala vida”, ya lleva nueve años sin beber y solo toma café, agua y Fanta. En su lista de vetados están incluso la piña colada/cerveza/mojito sin alcohol, y hasta la Coca-Cola o refrescos similares, pues, según él mismo ha declarado, le pueden recordar la sensación del Cuba Libre (que sí lleva ron). Gracias a este método y su disciplina, hasta la fecha nunca ha tenido una recaída.

“En mi grupo tengo prohibido el alcohol. Y no tengo nada en contra del alcohol, pero en mi círculo de trabajo no. Yo soy un enfermo de alcoholismo que no bebo hace un montón de años, pero sigo siendo un enfermo. El alcoholismo no se cura. Yo tengo compañeros que han llegado a 27 años sin beber y por casualidad cogieron un Cuba Libre, pensando que era solo refresco de cola, y han tenido 15 días de recaída.

Dentro de AA ha sido un miembro activo y ha ofrecido conferencias a personas que también sufrieron lo mismo que él. Su recomendación para los adictos es acudir lo antes posible a algún sitio donde trabaje dicha organización.

“A la única persona que le cree un alcohólico es a otro alcohólico. Por eso muchos creen en mí, por mi historia. Cuando me emborrachaba, me ponía cobarde y sentía miedo de todo y todos, al punto en que dormía debajo de la cama, porque sentía temor de no saber lo que había hecho durante esas horas en que actuaba sin consciencia”.

En su peor momento, según sus propias palabras, Mariño llegó a ganar entre 150 y 200 CUC diarios, pero los excesos lo llevaron a endeudarse y contraer deudas de decenas de miles.

“Nunca me metí en problemas porque yo siempre pagaba. De hecho, esas personas a quienes les debí en su momento, siguen siendo amigos míos y he sabido compensarlos por los errores que cometí entonces, tal y como dicen los pasos 8 y 9 de AA, que estipulan el reconocimiento de las ofensas y la reparación de los daños provocados —excepto cuando el hacerlo implique perjuicio para ellos u otros—.

Sin embargo, aunque Reynier ha hecho lo posible en ese sentido, aún quedan casos que admite no haber podido resarcir, como es el de la ruptura de su relación con su mejor amigo.

Entre sus últimos temas, se cuenta Sueños líquidos, un featuring que hizo con DjKeypo y El Chacal, a quien considera como un ejemplo a seguir por su voluntad para salir de sus adicciones y priorizar a su familia por encima de todo.

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