Próximo filme “Tania”: espionaje, revolución y una historia que vuelve a mirar a Cuba

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Tania, la guerrillera. Foto tomada de Juventud Rebelde.

A veces uno jura que ya se sabe una historia de memoria… y, sin embargo, vuelve y se te planta delante con otra luz, como si te dijera: “mírame bien”. La de Tamara Bunke —la alemana que terminó siendo Tania la Guerrillera— es exactamente así. Ahora regresa en forma de película con una producción alemana titulada Tania, recién salida del rodaje, y con la promesa de moverse en ese terreno donde nada es simple: espionaje, revolución, amor… y lealtades que se parten en dos cuando llega la hora de elegir.

Según informó Noticine, la filmación terminó en febrero en Arucas, Gran Canaria, un lugar que el equipo aprovechó “a contrarreloj” por la luz del invierno y por la versatilidad del municipio, que cada vez se vende más como plató natural. Las autoridades locales, siempre de acuerdo con la nota, destacan algo muy práctico (y muy de producción): facilidad para alojar equipos, buena comunicación entre zonas de rodaje y una logística que hace que las productoras quieran repetir.

La película está dirigida por Elmar Fischer y el guion es de Tobias Stille, y aquí viene lo interesante: Noticine subraya que no se trata de “una biografía al uso”. O sea, no es el típico recuento desde la infancia hasta el final, con voz solemne y música de “esto es importante”. La trama se enfoca en un episodio concreto y, para muchos, poco contado de la vida de Bunke.

La historia arranca en 1961, en la República Democrática Alemana. Tamara es hija de exiliados judíos comunistas que huyeron del nazismo y que primero pasaron por Argentina. En ese contexto aparece la visita de Estado de un líder revolucionario que, para la época, tenía un magnetismo difícil de explicar sin caer en consignas: Ernesto “Che” Guevara. Ese encuentro no solo la sacude ideológicamente, sino que también la coloca en la órbita de Ulises Estrada, uno de los hombres de confianza del equipo del Che.

Y ahí es donde el filme parece querer apretar el nudo: Tamara acepta involucrarse en una operación de espionaje con la Stasi que le permitiría salir de la RDA y llegar a Cuba. Una cosa es admirar una revolución desde lejos, con discos, libros y conversaciones encendidas; y otra es meterte en una operación real, con servicios de inteligencia, dobles lecturas y un “si te equivocas, no hay vuelta atrás”.

Ya en la Isla, siempre según Noticine, la historia se vuelve pantanosa. Tamara se mueve “entre dos aguas”: vigilada por la inteligencia alemana, que espera resultados, pero con el corazón puesto en la revolución a la que la sumó Guevara. Las tropas del Che la entrenan como espía doble, y al mismo tiempo crece su vínculo afectivo con Estrada. No como un romance de postal, sino como ese tipo de relación que nace en medio del trabajo, la tensión, la confianza… y la sensación de que el mundo está cambiando demasiado rápido.

La relación, dice la citada fuente, se sacude cuando Estrada —que prevé el cariz suicida de los planes del Che en Sudamérica— le ofrece una salida: elegir la felicidad personal y ponerse a salvo. Y ahí queda plantada la decisión que, para cualquier cubano que haya escuchado estas historias en sobremesas, libros o documentales, suena familiar y dolorosa: seguir a Guevara en una misión que parece sin retorno, o renunciar a todo.

En el reparto, la berlinesa Mercedes Müller interpreta a Tania, y el argentino Alberto Ammann asume el papel del Che. La nota menciona además a Anna Unterberger, Claudia Michelsen, Tom Wlaschiha y Richy Müller como parte del elenco principal.

Para el público cubano, “Tania” toca fibras por varias razones. Primero, porque Tamara Bunke no fue una figura lejana para Cuba: llegó en mayo de 1961, en plena efervescencia tras Playa Girón, se integró en las Milicias Nacionales Revolucionarias y participó en la Campaña de Alfabetización. Y segundo, porque su historia tiene algo muy humano: le molestaba que la señalaran como extranjera. En el Ministerio de Educación, donde trabajó, exigió participar en reuniones sindicales y asumir tareas “como cualquier cubano”. “El comunista, el revolucionario, lo es en el país en que estuviere…”, recordaba decir.

Hay detalles que la vuelven cercana, casi doméstica. Noticine cuenta que pensaba en el periodismo, se matriculó en la Universidad de La Habana y escribió para publicaciones vinculadas a la Federación de Mujeres Cubanas. Y que quienes la conocieron la recuerdan con una guitarra o un acordeón, cantando desde Allá en el Rancho Grande hasta Noches de Moscú, mezclando folclor latinoamericano, ruso y canciones cubanas de moda. Uno se la imagina en una sala cualquiera, con gente alrededor, y esa mezcla de acentos y melodías que en Cuba siempre termina pareciendo normal.

Su vida personal se entrelazó con Ulises Estrada Lescaille, combatiente del Ministerio del Interior. En cartas a su madre, incluso bromeaba con “la cantidad de nietos mulaticos” que pensaba darle. Pero la historia, como suele hacer, tenía otros planes. A finales de marzo de 1963, relata Noticine, recibió una propuesta: una misión. Aceptó, se entrenó por varios países y empezó a transformarse. Nació Tania.

En noviembre de 1964, con la identidad falsa de Laura Gutiérrez Bauer, llegó a La Paz. Se infiltró en círculos cercanos al gobierno boliviano y recabó información para el movimiento revolucionario. Y en marzo de 1967 se incorporó a la guerrilla que el Che comandaba en dicha nación.

Su muerte llegó antes que la de Guevara. Noticine recuerda que el 7 de septiembre de 1967 se anunció el hallazgo de un cadáver en las orillas del río Grande, y que días después se precisó que Tania había muerto en la emboscada de Vado del Yeso. Durante un tiempo, ni la CIA ni las autoridades bolivianas supieron a quién habían matado realmente. Fue Cuba quien reveló su nombre auténtico.

Lo que vino después parece una escena de película dentro de la película: el traslado del cuerpo a Vallegrande, la falta de recursos, la protesta de mujeres del pueblo y monjas, el féretro donado por un funerario, la sábana blanca, las velas, la misa en el casino militar… y luego, según testimonios recogidos por Noticine, la exhumación clandestina y el traslado de los restos a un lugar desconocido.

Treinta y un años más tarde, en 1998, un equipo de antropólogos y forenses cubanos llegó a Vallegrande con nueva información. Noticine cuenta que el 19 de septiembre encontraron indicios claros: botas de goma pequeñas, restos de ropa interior femenina y un cráneo de rasgos europeos. Las pruebas confirmaron lo que buscaban: eran los restos de Tamara Bunke. Hoy descansan en el Mausoleo junto a Guevara y otros compañeros.

Con todo ese material, Tania tiene por delante un reto grande: contar una historia cargada de símbolos sin aplastarla con solemnidad. Si la película logra sostener esa tensión —la de una mujer joven atrapada entre aparatos de inteligencia, pasiones, ideales y decisiones sin salida fácil—, en Cuba va a dar de qué hablar. Y no solo por el Che, ni por la épica, sino por algo más simple: porque, al final, detrás del mito siempre hay una persona tratando de entender dónde pertenece.

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