De La Habana a los rascacielos: el talentoso cubano que cambió las reglas en Nueva York

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Ysrael Seinuk. Foto tomada de The New York Times.

Ysrael Seinuk tenía una de esas biografías que mezclan precisión y desarraigo: números por fuera, Cuba por dentro. A finales de los años 50, cuando todavía estaba arrancando su camino como ingeniero, la vida le cambió el mapa de golpe. Con la llegada de 1959, el país se transformó y él terminó saliendo rumbo a Nueva York con lo mínimo. Diario Las Américas lo recuerda así: no fue un viaje cómodo ni planificado, fue un salto al vacío. Y aun así, desde ese comienzo tan austero, Seinuk levantó fuera de la Isla una carrera enorme, de esas que se ven desde lejos.

Nació en La Habana en 1931. Insularis Magazine precisa que nació en Marianao y creció en Luyanó. Estudió en la Universidad de La Habana y se graduó en 1954 como ingeniero civil. Y antes de que la vida lo empujara a emigrar, ya estaba metido en una obra que todavía hoy impresiona: el FOCSA, ese gigante habanero que durante años fue símbolo de modernidad. Diario Las Américas señala que en 1953 formó parte del equipo que diseñó el edificio, el más alto de Cuba y, en su momento, uno de los mayores de hormigón armado del mundo. Insularis amplía el contexto y recuerda que el proyecto estuvo liderado por el arquitecto español Martín Domínguez Esteban junto a arquitectos cubanos como Ernesto Gómez Sampera y Mercedes Díaz, y que Seinuk fue contratado dentro del equipo de ingeniería vinculado a la firma Sáenz, Cancio & Martín. En otras palabras: no era un muchacho cualquiera “aprendiendo”. Estaba en el corazón de una obra mayor.

Y ahí aparece una idea clave: el hormigón armado como obsesión y como herramienta. Según Insularis, esa experiencia habanera fue la referencia que luego le permitió aplicar hormigón armado de alta resistencia en los rascacielos de Nueva York, sustituyendo estructuras de acero y logrando edificios más esbeltos, con bases más pequeñas. Es un cambio de paradigma. De hecho, el texto afirma que su dedicación contribuyó a que el Código de Construcción de Nueva York aprobara el uso del hormigón armado en edificios altos. Eso es dejar huella en una ciudad que construye como respira.

El exilio llegó en 1960 y, ya en Nueva York, Seinuk se unió a la firma Abrams, Hertzberg & Cantor. Más tarde se convirtió en socio de lo que se conoció como Cantor Seinuk y, en 1977, fundó su propia firma: Ysrael A. Seinuk, P.C. La escena se puede imaginar fácil: una familia en un espacio pequeño, empezando de cero, aprendiendo la ciudad, el idioma de la calle, el ritmo. Y él, con esa mezcla de disciplina y hambre de obra, metiéndose de lleno en el mundo de los edificios altos.

Con el tiempo, su firma terminó tocando —literalmente— buena parte del skyline de Manhattan. Diario Las Américas enumera varios: The Lipstick Building, Trump Tower, Trump International, Trump World Tower, Time Warner Center, Hearst Tower, The Westin Hotel, además de edificios para Rockefeller University, entre otros. Real Estate Weekly lo resumió con una frase que parece exagerada, pero que se entiende: “No se puede caminar por las calles de Manhattan sin ver un edificio en el que Seinuk no haya dejado su mano. Y por eso también lo apodaron “Mr. New York”, por su ingeniería aplicada a rascacielos de la ciudad.

Su alcance no se quedó en Estados Unidos. Diario Las Américas menciona obras como la Torre Mayor en México, la Messeturm en Alemania, la Levinstein Tower en Israel y la O-14 en Dubái. Insularis añade proyectos en Londres, Tel Aviv y Frankfurt, y detalla que la Torre Mayor, con 225 metros y 55 plantas, fue el edificio más alto de Latinoamérica entre 2003 y 2010. También cuenta una joya final: en 2010, cerca de su muerte, diseñó el concepto estructural de una terminal portuaria y de cruceros en Kaohsiung, Taiwán, junto a arquitectos que habían sido alumnos suyos; la obra se construyó después, entre 2013 y 2015.

Porque sí, Seinuk también fue profesor. Diario Las Américas subraya que uno de sus logros más satisfactorios era la enseñanza y que impartió ingeniería estructural en The Cooper Union. Incluso, tras el 11 de septiembre, fue el único diseñador estadounidense invitado por la Institución de Ingenieros Estructurales de Gran Bretaña para participar en una publicación sobre seguridad en edificios altos para la Unión Europea. Insularis agrega que ya en Cuba había sido profesor asistente en la Universidad de La Habana y que en 1969 se incorporó a la escuela de arquitectura de Cooper Union en Nueva York. O sea: no era solo “el tipo que calcula”. Era el tipo que explica, que forma, que deja método.

Murió el 14 de septiembre de 2010 en Nueva York. Y aun así, su historia no se siente como un cierre. Se siente como una línea que sigue en pie, como esas columnas que no se ven pero sostienen todo. Un cubano que salió con con prácticamente nada y terminó ayudando a que la ciudad más vertical del mundo resistiera viento, gravedad… y hasta terremotos, como llegó a señalar The New York Times en un perfil citado por Diario Las Américas. Y mientras tanto, por dentro, seguía siendo el muchacho de Luyanó, dicharachero, con Cuba como bandera.f

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