Aquí las claves del arranque de Andy Pagés, el mejor de las Grandes Ligas ahora mismo

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Andy Pagés junto a Teoscar Hernández. Foto tomada de MLB.com.

Andy Pagés ha arrancado la temporada como si hubiera apretado un botón distinto. Uno lo mira ahora mismo en la alineación de los Dodgers y cuesta creer que hace apenas un año, por estas mismas fechas, su puesto estuviera bajo lupa. Entonces llegaba a Washington bateando apenas .118, con solo cuatro hits en 34 turnos y con una tendencia bastante preocupante a hacer swing a casi todo, según contó Sonja Chen en la web oficial de MLB. Era ese tipo de comienzo que en un equipo como Los Ángeles no da mucha paciencia. Un mal par de semanas allí puede convertirse en ruido, en dudas, en miradas de reojo.

Pero el béisbol tiene estas vueltas. Y vaya si las tiene. Ahora, en esa misma visita al Nationals Park, el cubano llegó convertido en el bate más caliente del lineup angelino. En la victoria del sábado por 10-5 volvió a lucirse: pegó su segundo jonrón en días consecutivos, esta vez un batazo de tres carreras ante el relevista Brad Lord en el quinto inning. Antes ya había dado sencillo, se había robado segunda y había anotado. En ese momento acumulaba cinco juegos seguidos con múltiples hits, una nueva marca personal para él. No es poca cosa, sobre todo cuando hablamos de un pelotero de 25 años que todavía está terminando de acomodarse en una de las novenas más exigentes de todo el negocio.

Los números, además, no dejan mucho espacio para la exageración. Ahora mismo, tras 46turnos oficiales, Pagés batea .413, con .438 de porcentaje de embasado y .674 de slugging. Reúne 19 hits, incluidos tres dobles e igual cifra de jonrones, además de 12 remolques, una base robada, dos boletos y trece ponches. Su OPS es de 1.111. Y sí, por increíble que suene en un calendario todavía joven, hasta este momento es, en todas las Grandes Ligas:

-líder en average, hits, WAR (1.2),

-cuarto en OPS, total de bases (31) y sencillos (13);

-séptimo en remolcadas;

-octavo en slugging.

O sea, no estamos hablando de una buena racha discreta. Estamos hablando de un arranque que lo ha puesto, por ahora, en el centro de la conversación. Fue seleccionado incluso como el jugador de la semana anterior en la Liga Nacional.

Lo más llamativo es cómo ha ido construyendo ese inicio. En la primera subserie ante Arizona Diamondbacks empezó algo frío y se fue de 10-2, aunque ya dejó un jonrón como aviso. Después se encendió contra los Guardianes de Cleveland, a quienes les bateó de 11-7, y frente a los Nacionales de Washington compiló de 13-7 con un doblete y dos bambinazos. Es verdad que no todos esos cuerpos de pitcheo tienen el mismo peso. Arizona arrancó ubicado en el puesto 22 de MLB en efectividad colectiva, Cleveland sí estaba bastante mejor, décimo y por debajo de la media de la liga, mientras Washington aparecía penúltimo. Pero incluso con ese contexto, lo de Pagés impresiona. Porque una cosa es aprovechar rivales vulnerables, y otra muy distinta es castigar casi todo lo que te dejan en zona con esta consistencia. Sin embargo, no estuvo productivo en el más reciente pareo de tres partidos de visitante ante Toronto.

Una de las claves de su momento es la agresividad. Pero no esa agresividad desordenada del año pasado, cuando parecía ir detrás de cualquier lanzamiento como si el turno se le fuera a escapar de las manos. Esta vez hay otra cosa. El propio Pagés lo explicó a MLB con bastante claridad: al inicio de una temporada uno puede estar “sobreexcitado”, demasiado acelerado, y terminar saliéndose de la zona. Según dijo, este año ha podido enfocarse en los pitcheos que realmente puede manejar, en los lanzamientos que vienen por la zona. Sigue siendo agresivo, sí, porque quiere serlo, pero ahora dentro de un marco mucho más controlado.

Ese detalle cambia todo porque el pinareño no está esperando pasivamente a que le regalen boletos. Tampoco está sobreviviendo a base de contactos flojos o de una racha rara. Lo suyo parece venir de una lectura más limpia del turno. Si el pitcheo le gusta, va por él. Y va con convicción. Por eso tiene tan pocos ponches y también tan pocas bases por bolas: no está alargando artificialmente los turnos, sino atacando cuando identifica un envío bateable. Sus números lo reflejan bien. Hasta el pasado domingo, haciéndole swing al primer lanzamiento llevaba de 7-4, con doble y remolcada. Pero cuando no se iba detrás del primer pitcheo y esperaba un poco más, también producía: 11 hits y nueve empujadas. Es decir, no depende de una sola receta. Puede atacar rápido o cocinar la comparecencia un poco más, pero en ambos casos está encontrando contacto de calidad.

También ayuda que esté pegándole muchísimo a la bola dentro de la zona y fallando muy poco. Según la nota de Sonja Chen, en sus primeros ocho juegos solo había hecho swing sin contacto en 10 ocasiones, cinco menos que su total de hits. Ese dato es una barbaridad. No es normal terminar una temporada con más hits que swings fallidos, y mucho menos sostener algo así durante meses, claro. Pero como muestra de crecimiento dice bastante. El año pasado, de acuerdo con Statcast, su tasa de ponches fue de 21.6%. Ahora mismo, al menos en este arranque, se ve mucho más fino. Dave Roberts dijo que está controlando la zona, compitiendo con dos strikes y bateando hacia todos los lados del terreno, y lo definió como “un bateador completo”. Del otro lado también lo notan: Blake Butera, manager de Washington, soltó una frase que lo dice todo: “Parece el mejor bateador del planeta en este momento”.

Detrás de eso hay trabajo, no magia. La propia web de MLB explicó que durante el receso y en los entrenamientos primaverales, los coaches de bateo de los Dodgers insistieron con él en la necesidad de tomar mejores decisiones al hacer swing. Pagés se lo tomó en serio. Trabajó a diario con la máquina Trajekt para enfrentar pitcheos con mucho movimiento y dijo que se enfocó especialmente en los envíos de Paul Skenes, precisamente por lo mucho que se mueve la pelota cuando sale de su mano. Curiosamente, contra Skenes le ha ido de maravilla en su carrera: de 6-4 con un jonrón. Hay algo casi simpático ahí… como si hubiera decidido practicar contra uno de los monstruos más incómodos posibles para que luego el resto del menú le pareciera más llevadero.

Otro detalle interesante de su arranque es cómo ha producido según el contexto del juego. Hasta antes del duelo del domingo, había bateado muchísimo en las derrotas, con promedio de .714, pero había sido mucho más dañino en las victorias: en esos partidos promediaba .435, con sus tres jonrones y todas sus remolcadas. Con corredores en posición anotadora, además, su average ascendía hasta .714. Eso habla de oportunidad, de temple, de saber convertir el contacto en carreras. La única mancha visible, si se le quiere llamar así, está frente a los zurdos: apenas de 6-1, con dos ponches y AVE. de .167. Es una muestra pequeña, sí, pero será uno de los puntos a seguir mientras avance abril.

Y mientras tanto, en una alineación donde conviven tantas estrellas, Andy Pagés se ha ido ganando su espacio a batazo limpio. Tyler Glasnow dijo que enfrentar a los Dodgers debe ser horrible porque no hay descanso en ese lineup. Freddie Freeman, fiel a la superstición beisbolera, prefirió no hablar demasiado del tema, no fuera a salar la cosa, pero igual dejó caer que ha sido “un inicio increíble, de esos que uno solo sueña”. Y sí… por ahora suena exactamente a eso: a un arranque soñado, pero construido con ajustes reales, mejor selección de pitcheos y un swing que, cuando encuentra la zona, está haciendo estragos.

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