A Yisel Filiú Téllez mucha gente la ve cada noche y piensa que ya la conoce. La imagen es la de siempre: postura firme, voz segura, mirada que no tiembla. Ese tipo de presencia que, en televisión, parece venir “de fábrica”. Pero en una entrevista reciente con la periodista Indira Román en YouTube, Yisel se deja ver por dentro… y ahí la historia cambia de tono. Porque detrás de la seriedad del Noticiero Estelar hay una mujer que se ha entrenado a sí misma para aguantar presión, para no regalar su intimidad y, sobre todo, para sostener la dignidad incluso cuando el día viene torcido.
“Hija de mamá y papá”, pero con carácter
Yisel habla de su crianza en Santiago de Cuba como quien recuerda una escuela sin pizarras, pero con reglas claras. Dice que sus padres fueron estrictos, sí, aunque de una manera “natural”, y que esa educación le marcó la disciplina con la que hoy se mueve en el trabajo. No lo cuenta como trauma ni como pose: lo cuenta como una base. De esas que te dejan un norte cuando te toca caminar sola.
Y ahí se entiende mejor por qué insiste tanto en la elegancia y la dignidad. No como “glamour”, sino como forma de plantarse ante el mundo. Para ella, la disciplina no es una palabra bonita; es una herramienta. La misma que la ayuda a no desmoronarse cuando el público opina, cuando el formato aprieta o cuando una noticia duele.
Una periodista que quería deporte… pero aprendió de todo
Antes de ser “la cara del noticiero”, Yisel fue periodista de a pie. Tras graduarse, la ubicaron en Tele Turquino, el telecentro de su provincia natal, Santiago de Cuba, y le tocó cubrir de todo: UJC, agricultura, vivienda. Ella misma lo dice sin queja: lo hizo con dignidad, como se hace el trabajo cuando estás empezando.
Pero el deporte le halaba el brazo. Era su zona natural. Antes había practicado balonmano. Desde su terruño empezó a hacer sus pininos en el periodismo deportivo, a enviar trabajos, a ganar premios. Hasta que llegó una oportunidad grande: la redacción de deportes de Tele Rebelde propuso su nombre para cubrir la plaza de corresponsal que quedaba vacante en Santiago, justamente por la calidad de esos reportajes que ella mandaba.
Y entonces aparece una figura clave en su historia: su madrina profesional, Julita Osendi. Yisel cuenta que la admiraba desde adolescente, y que Julita fue de esas personas que te miran y te dicen la frase exacta cuando estás dudando. Cuando surgió la creación del canal deportivo y la posibilidad de mudarse a La Habana, Yisel tardó en decidirse —se define como “hijita de mamá y papá”, muy apegada a ellos—, pero las invitaciones eran constantes. En 2010, finalmente, dio el salto.
Julita, además, la tomó de la mano en lo práctico: le enseñó el teleprompter, el ritmo del noticiero deportivo, el funcionamiento interno. Fue un aprendizaje acelerado, casi sin tiempo para respirar. De esos que te cambian la vida.
El salto al Noticiero Estelar: “me dio miedo, pero me arriesgué”
Hay un momento en la entrevista donde Yisel reconoce algo que mucha gente no imagina: pasar de periodista deportiva a presentadora de la edición estelar del Noticiero Nacional de Televisión no fue un “ascenso” cómodo. Fue un riesgo.
Ella confiesa que sintió temor por la reacción del público. Es lógico: el noticiero más visto del país tiene una audiencia exigente, acostumbrada a rostros y estilos muy marcados. Aun así, decidió hacerlo. “Arriesgarse” es la palabra que flota. Arriesgarse, pero con profesionalismo. Arriesgarse, pero con dignidad.
Y en medio de esa etapa, también tocó construir un sello nuevo junto a Rey Gómez. Yisel describe ese binomio como sólido y bien aceptado por la audiencia. Cuenta que la llegada de Rey —con experiencia previa en Telesur— trajo un estilo más moderno, más fluido, más conversacional. Pero también admite que, a veces, el formato oficial impone rigideces y hay que ajustarse.
El error que te persigue… y el compañero que te salva
Si algo deja claro Yisel es que el perfeccionismo puede ser una cárcel. Ella misma se define como muy perfeccionista y recuerda que, antes, un error mínimo al hablar le quitaba el sueño. Una palabra mal dicha y ya estaba la mente dándole vueltas, como si se hubiera caído el mundo.
En ese punto, cuenta una anécdota concreta: en una emisión se equivocó con una palabra y Rey Gómez se dio cuenta al instante. Él mantuvo el profesionalismo durante el noticiero y, cuando terminó, fue quien le explicó la repercusión que el asunto estaba teniendo en redes para que pudieran gestionarlo. Esa complicidad profesional —sin drama, sin espectáculo— dice mucho de cómo se sostiene un programa en vivo: a veces el público ve dos rostros, pero detrás hay un equipo que se cuida.
Yisel también dice que, al llegar a los 40, aprendió a aceptar su humanidad. A entender que un error no te define. Que la vida sigue. Que la pantalla no es un tribunal.
Noticias difíciles, emociones difíciles
Hay otra parte de su trabajo que no se ve, pero pesa: anunciar noticias dolorosas. Yisel habla del impacto emocional de comunicar fallecimientos o destituciones de funcionarios. No es solo leer un texto; es sostener el tono, la respiración, el respeto. Y hacerlo, a veces, frente a historias o personas con las que tuvo algún vínculo profesional.
Ella lo dice claro: es una labor complicada. Y ahí vuelve la idea de ética. De profesionalismo. De aguantar sin volverse de piedra.
La vida privada: “yo no expongo eso”
En tiempos donde la gente cuenta todo, Yisel va en dirección contraria. Explica que mantiene su vida personal en reserva por elección y por la educación que recibió. Dice que prefiere no exponer su intimidad para que no sea usada de forma inadecuada. Y por eso, también, evita las redes sociales y los comentarios: no por desprecio al público, sino por salud mental.
Sobre su vida amorosa, comenta que alguna vez tuvo una relación con un pelotero, pero ahora está soltera. Agregó que le atraen los hombres inteligentes, con iniciativa y, sobre todo, con calidad humana. Sin importar a qué se dediquen.
Y luego está el tema de la maternidad. Yisel expresa su deseo de ser madre a los 40, aun reconociendo lo complejo que puede ser por las condiciones de vida y la carrera. No lo descarta. Habla incluso de opciones como la reproducción independiente. Y, aunque se nota que es un tema sensible, también se siente una esperanza terca, de esas que uno guarda para no rendirse.
“¿Quién te viste?”: la pregunta del millón
Hay una curiosidad popular que la persigue en la calle, y ella se ríe: la gente le pregunta quién la viste, cómo logra verse tan elegante cada noche. Yisel aclara algo importante: no es que esté “casada con un millonario”, ni que haya un patrocinio secreto.
Explica que la televisión nacional no tiene presupuestos diseñados para cubrir vestuario diario, así que todo es gestión personal. Y ahí aparece otra imagen bonita: su familia y amigos como equipo de apoyo. Mamá, papá, primas… gente que se suma para que ella salga al aire con la dignidad que el público espera. No es lujo: es esfuerzo compartido.
Una mujer seria en cámara… y mucho más suelta fuera de ella
Yisel reconoce que frente a cámaras proyecta seriedad, pero que en su vida cotidiana es más divertida, carismática y sencilla. Y quizás ahí está el punto: la televisión te obliga a un molde, pero la vida real siempre se sale por alguna rendija.
En la entrevista también menciona que está metida en varios proyectos a la vez y que se siente motivada por personas que la empujan a emprender, a aceptar desafíos. Dice que la carga de trabajo puede ser intensa, pero valora el apoyo de sus compañeros, esa energía que te levanta cuando estás cansada.
Y, como periodista deportiva, no evita temas polémicos: por ejemplo, defiende la aprobación del boxeo femenino en Cuba desde una perspectiva de derechos humanos. Para ella, si un hombre puede elegir ese deporte, una mujer también. Así, directo.
Yisel Filiú, al final, no es solo un rostro serio leyendo noticias. Es una mujer que se ha construido a base de disciplina, riesgo y aprendizaje. Una mujer que se protege, que se exige, que se cae un poquito por dentro cuando se equivoca… y que igual vuelve al aire, se endereza, respira y sigue.
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