
Esta es una de las noticias que te llegan como llegan los buenos chismes: por Instagram, de pasada, y de pronto te quedas pensando “espérate… ¿esto es en serio?”. Pues sí. En los últimos días, el perfil en Instagram TuCineCubano soltó una información que a muchos les sacó una sonrisa: Laura de la Uz ya está inscrita oficialmente para competir por una nominación a los Premios Goya 2027 en la categoría de Mejor Actriz, gracias a su trabajo en la película Un hombre de verdad.
Y ojo, que esto no es “alguien dijo”. Es un paso real dentro del proceso. La inscripción la coloca en la carrera, en ese tramo inicial donde empiezan las conversaciones, los “yo la vi”, los “apúntate esta”, y donde cada voto cuenta. Investigando un poquito más, se supo que la primera ronda de votaciones para seleccionar a los nominados definitivos se realizará del 30 de noviembre al 10 de diciembre de 2026. O sea, el termómetro se va a sentir pronto.
En esa misma ruta, ya se mencionan nombres que, si se confirman en la lista final, van a poner la categoría al rojo vivo: Bárbara Lennie por Amarga Navidad, Victoria Luengo por El ser querido, Carmen Maura por Calle Málaga y Patricia López Arnaiz por Sacamantecas. Puro peso pesado. Y en medio de ese panorama, que una actriz cubana esté ahí, metida en la conversación, tiene su encanto… y también su mérito.
Para quien ha seguido la carrera de Laura de la Uz, esto se siente como una especie de continuidad natural. No porque sea “fácil” llegar a los Goya —para nada—, sino porque ella lleva años demostrando que puede con todo: comedia, drama, teatro físico, televisión, y esos personajes que te obligan a mirarlos dos veces porque no se quedan en la superficie.
Laura nació en La Habana y su despegue fue de los que marcan época. En 1990, cuando todavía era estudiante de la Escuela Nacional de Arte (ENA), protagonizó Hello Hemingway, dirigida por Fernando Pérez. Su Larita —una muchacha con ganas de estudiar literatura aunque el mundo le diga que no— conectó fuerte con el público y le dio, además, un premio grande: Mejor Actriz en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana. Así, sin calentamiento.
Luego vino Europa. A mediados de los 90 se fue a expandir horizontes y terminó graduándose en 1997 en el Instituto Internacional de Teatro de Movimiento de Italia. Esa etapa, más allá del currículo, se le nota en el cuerpo cuando actúa: cómo entra a una escena, cómo sostiene un silencio, cómo se mueve sin “explicar” demasiado. En el 2000 regresó a Cuba y se volvió pieza clave del teatro habanero con El Público, la compañía dirigida por Carlos Díaz, donde asumió títulos exigentes como La Celestina y Las brujas de Salem.
En cine, su madurez interpretativa la convirtió en una especie de musa para varios realizadores. Ahí están sus colaboraciones con Daniel Díaz Torres en comedias con filo como Hacerse el sueco y La película de Ana. De hecho, por La película de Ana volvió a ganar en La Habana: Mejor Actriz en el Festival de 2012. Y si hablamos de registros más intensos, también dejó huella en proyectos como Vestido de novia (Marilyn Solaya) y Los buenos demonios (Gerardo Chijona), donde se mueve con una empatía que no se finge.
Ahora, desde hace un tiempo, Laura reside y trabaja en España. Y ahí entra Un hombre de verdad (2026), una comedia dramática española dirigida por Liteo Pedregal, que además coescribió el guion junto a Roberto Alfaro. La película funciona como una crítica luminosa —y a ratos corrosiva— sobre la masculinidad tradicional y eso que ahora se llama “deconstrucción”, pero puesta en un lugar poco explorado: la tercera edad.
La historia gira alrededor de Guillermo, un neurocirujano de 70 años interpretado por Carlos Olalla. Es un hombre culto, de los que leen y miran pintura, pero con una herencia patriarcal bien marcada. De esos que crecieron creyendo que la casa “se atiende sola” porque siempre hubo una mujer sosteniéndolo todo. Su esposa, María (Inma Sancho), se encargaba de las labores del hogar y del cuidado cotidiano… hasta que muere de forma repentina. Y ahí, sin aviso, Guillermo se queda solo con su propia torpeza emocional y doméstica.
El giro está en que la película lo baja del pedestal. Lo pone a aprender. A equivocarse. A enfrentarse a lo básico —sí, cosas tan simples como una lavadora— y a mirarse al espejo sin la coartada de “yo soy así”. En ese camino, las mujeres alrededor de él son las que sostienen el relato y empujan su arco.
Laura de la Uz interpreta a Magali, la asistenta. Y su papel no es decorativo. Magali termina siendo clave en el choque de realidad del protagonista. Es de esos personajes que, con una frase bien puesta o con una mirada, te cambian el clima de una escena.
La película se estrenó en salas españolas el 12 de junio de 2026, fue rodada en localizaciones de Madrid y Tenerife, y ya viene acumulando premios en festivales dentro de España. De hecho, por esta producción Laura fue quien recogió el Premio del Público en el XIX Festival Internacional de Cine Bajo la Luna – Islantilla Cinefórum. Un detalle que dice mucho: cuando el público vota, suele votar con el corazón.
Ahora queda ver cómo se mueve la carrera. Las votaciones de primera ronda están ahí mismo, a la vuelta de la esquina, y la competencia pinta dura. Pero también es de esas historias que uno disfruta seguir: una actriz cubana con más de tres décadas de oficio, abriéndose camino en otro mercado, con un personaje que no viene a pedir permiso.
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