
Diez años no se dicen fácil. Diez años de platos que salen perfectos, de otros que se van directo a la basura, de jurados con cara de “esto no hay quien se lo coma” y de famosos sudando la gota gorda frente a una olla que no perdona. Pues bien: para celebrar esa década de Masterchef Celebrity, RTVE decidió no hacer una edición cualquiera, sino una con sabor a revancha: MasterChef Celebrity Legends.
Según contó El Independiente, esta versión “leyendas” recupera a 15 aspirantes memorables de los últimos diez años. No son ganadores, pero sí gente que dejó huella. Y ahora vuelven con una idea fija: tener esa segunda oportunidad que en su momento se les escapó entre un sofrito mal resuelto y una prueba de eliminación que no perdona.
Entre esos nombres hay uno que, para el público cubano (y para medio internet), tiene un brillo especial: Juan Betancourt. Actor y modelo nacido en La Habana en 1990, con una carrera que lo ha llevado a pasarelas, campañas internacionales y programas de entretenimiento. El Independiente recuerda que ya lo vimos destacando en formatos como El desafío, y que su primera aventura en las cocinas de MasterChef fue en 2017, en la segunda edición de MasterChef Celebrity.
Ahí, Juan llegó con esa mezcla rara de disciplina y timidez que a veces se confunde con frialdad… pero no: lo suyo era más bien concentración. Se mostró comprometido, dejó una imagen cercana, pero no logró avanzar tanto como muchos esperaban. Fue el sexto expulsado y se quedó fuera mucho antes de poder soñar con una final.
Lo curioso es que, cuando entró a MasterChef por primera vez, Juan ya era una celebridad hecha y derecha. Había modelado para marcas como Tom Ford, Giorgio Armani y Jean-Paul Gaultier, y su imagen había aparecido en revistas como Forbes, Vanity Fair, Esquire, GQ y Men’s Health, donde incluso llegó a ser portada. En ese momento también estaba dando sus primeros pasos como actor (por ejemplo, en Las leyes de la termodinámica) y su relación con Rocío Crusset era tema fijo de la prensa del corazón.
En el programa, además, no la tenía fácil. Competía con perfiles muy distintos y muy fuertes: el “sex-appeal” se lo discutían nombres como Carlos Baute o Saúl Craviotto; el carisma venía cargado con Silvia Abril y José Corbacho; y el alboroto lo ponían figuras como Anabel Alonso o Bibiana Fernández. Juan, en cambio, iba a lo suyo. Se fue en el programa 6, pasó por tres pruebas de eliminación, y salió con algo que no se ve en pantalla pero se nota: técnicas nuevas, más dominio y esa espinita de “yo pude haber dado más”.
Y si hay un detalle bonito de su primera participación, es el motivo. Juan contó que su principal inspiración fue su abuela. “Cocinaba muy bien y quería aprender, quería intentar hacer las cosas que hacía (…) a ella le hubiese gustado verme ahí”, declaró a la agencia Europa Press. Es una frase sencilla, pero cualquiera que haya tenido una abuela que mandaba en la cocina entiende el peso emocional de eso. La idea de replicar un sabor de infancia, aunque sea a tu manera.
Ahora, en Celebrity Legends, el contexto cambia. El Independiente explica que las grabaciones comenzaron hace pocos días y que el jurado llega con expectación: quieren ver si los participantes han mejorado su técnica y si la experiencia previa les sirvió para elevar el nivel. Y aquí viene lo bueno (o lo duro): ya no son novatos. La presión se multiplica porque, si vuelves como “leyenda”, no puedes cometer errores de principiante. El jurado no va a dejar pasar ni el detalle más pequeño.
El elenco de esta edición también viene cargado. Además de Juan Betancourt, estarán Marina Rivers, Ruth Lorenzo, Mala Rodríguez, Santiago Segura, David Bustamante, Anabel Alonso, Bibiana Fernández, Paz Vega, Manuel Díaz “El Cordobés”, José María Martínez-Bordiu (Pocholo), Florentino Fernández, Edu Soto, María Escoté, Juanjo Ballesta, según El Independiente. O sea: personalidades fuertes, egos, humor, tensión… y platos que pueden salir brillantes o explotar en la cara.
Pero volvamos a Juan, porque su historia tiene ese punto de película que engancha. Él nació como Juan Carlos López Betancourt y vivió en Cuba hasta los 17 años. Salir de su país, según ha dicho, fue lo más valiente que ha hecho. De su infancia guarda recuerdos buenos: amigos, calle, familia. En una entrevista con The Luxonomist, recordó: “Viví una infancia feliz, con amigos y rodeado por el cariño de mi familia. La educación que me dieron y lo que me hicieron vivir es lo que ha propiciado lo que hoy soy”.
Le gustaba el fútbol, el teatro, el cine cuando valía la pena, y en la escuela se montaba en los escenarios como si eso fuera lo más normal del mundo. De hecho, al terminar el pre, él quería estudiar Arte Dramático. Luego vino Tenerife, la Universidad de La Laguna, el gimnasio, el cambio físico “increíble” en un año, y aquel concurso de Mister Tenerife al que se presentó casi por la anécdota (y por una semana gratis en un hotel).
Después llegó Madrid y la velocidad. En 2013 fue imagen de la colección otoño-invierno de Tom Ford, reemplazando a Jon Kortajarena, quien se desempeñaba hasta el momento como modelo favorito de la marca. Ibiza, Milán, Barcelona, Canarias… y ese mundo de pasarelas donde, como él mismo explicó a The Luxonomist, también se actúa: “En la pasarela o la publicidad, lo que haces es interpretar un papel”. Y si lo piensas, tiene sentido: en cocina pasa algo parecido. Hay que tener presencia, aguantar presión, improvisar cuando algo se quema, y seguir sonriendo aunque por dentro estés en candela.
Y en esas está Juan Betancourt: un cubano que salió de La Habana con 17 años, que se hizo nombre en un mundo durísimo como el modelaje, que también actuó y que ahora vuelve a las cocinas más famosas de España con una espina clavada y una historia personal que, de alguna manera, siempre termina regresando al mismo lugar: a la familia, a la memoria, y a esa cocina donde todo empieza.
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