
A ti te ha pasado: pones una serie “para probar” y, sin darte cuenta, ya vas por el tercer capítulo. No siempre es por la historia (aunque ayude), ni porque el actor te caiga bien. A veces es otra cosa, más sutil: ese clima que te envuelve. La imagen que te aprieta el pecho, o te enfría la espalda, o te deja mirando la pantalla como si estuvieras metido en ese lugar.
En muchas de las series más comentadas de los últimos años, detrás de esas sensaciones está un cubano: Armando Salas, director de fotografía nacido en Cuba.
Según cuenta en su web personal, Salas emigró a Estados Unidos durante el éxodo del Mariel. Ya en Miami, su pasión por el cine empezó joven, casi de manera artesanal: haciendo videos de skate y experimentando con cámaras Súper 8 mientras estudiaba en la New World School of the Arts. Ese detalle dice mucho: antes de las grandes producciones, hubo calle, amigos, ruedas, caídas… y una cámara buscando ritmo.
Cuando Ozark, una de las mejores series producidas por Netflix, te atrapa, no es solo por el lío criminal de los Byrde. Es por esa atmósfera fría, azulada, verdosa, como si el paisaje estuviera siempre a punto de tragarse a los personajes. En un artículo sobre la estética seductora de la serie, Salas explica que suele abordar las locaciones “una por una”, buscando cómo contrastan entre sí para que el espectador sienta de inmediato el tiempo y el lugar.
En el episodio Boss Fight, por ejemplo, aparecen dos espacios nuevos: una celda circular iluminada desde arriba bajo el complejo de Navarro, y un hospital ochentero en flashbacks de la juventud de Marty. Para unir esas piezas, Salas habló de usar colores más cálidos y un grano más visible, creando una gama tonal distinta a la de los Ozarks, pero que “teje” esos elementos entre sí.
Y ojo con esto: para lograr más textura y “suciedad” en esos lugares, él y su equipo usaron grano en vivo, una solución de hardware y software que imita con precisión el grano del celuloide. Nada de “vamos a ponerle un filtro y ya”. Aquí hay obsesión por el detalle.
Lo más bonito es que muchas escenas que parecen “casuales” —una conversación al atardecer, una mirada en silencio, un bote moviéndose suave en el agua— están planificadas con semanas de antelación. “Aunque a veces tenemos suerte, eso es algo que planeamos semanas antes”, dijo. Y remató con una idea que define su método: priorizar calidad sobre cantidad. Menos tiros, menos cobertura… pero que los planos que queden, queden perfectos.
En Griselda, el reto era otro: contar el ascenso de Griselda Blanco y, al mismo tiempo, sostener su dualidad —madre y jefa implacable— sin que se sienta forzado. En una entrevista con Variety, Salas explicó que gran parte de ese storytelling se trabaja con color y encuadre.
Habló de un uso de dos tonos: “oro y ámbar” para representar el glamour al que ella aspira, y una base “oliva” que lo equilibra. Y cuando el episodio entra en otra etapa, aparecen más azules y verdes para reflejar el cambio de locación y, también, la ambición expandida.
Pero lo más directo es cómo decide filmarla: “La cámara se vuelve más centrada, y el mundo gira alrededor de ella”. Es decir: no es solo que el personaje gane poder… es que la imagen te lo hace sentir.
En una escena clave, Salas usó una grúa telescópica de treinta pies moviéndose sobre pacas de cocaína en una piscina vacía mientras se vierte gasolina. El fuego se filmó práctico, en cámara, y él buscó composiciones donde el espectador pudiera captar mucha información a la vez.
Su web resume el recorrido reciente: después de foguearse en cine independiente y comerciales, Salas entró de lleno en series grandes y recibió nominaciones al Emmy por Ozark y por la miniserie Griselda. Además, su nombre aparece asociado a títulos como Wonder Man, The Terminal List, The Old Man, Invasion, Mr. Mercedes y From Dusk Till Dawn, entre otros.
En 2020 fue aceptado en la American Society of Cinematographers (ASC), un reconocimiento enorme para cualquier director de fotografía. Y, según su biografía, desde ahí ha mantenido un compromiso no solo con filmar, sino con fungir como mentor de nuevas generaciones y usar su plataforma para hablar del oficio en un panorama tecnológico que cambia constantemente.
Al final, lo de Armando Salas tiene algo bonito: viene de una historia de migración y de “hacer con lo que hay”, y termina siendo el tipo que decide cómo se ve el poder, el miedo, la ambición o la calma en algunas de las series más vistas del planeta. Y tú, sin darte cuenta, lo sientes… porque la imagen te agarra por el cuello y no te suelta.
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