
Hay cambios en Grandes Ligas que pasan como quien cambia una pieza del rompecabezas y ya. Y hay otros que, aunque parezcan “menores” en el papel, te hacen levantar la ceja y decir: «espérate… ¿y este muchacho quién es?»
Eso fue lo que le pasó a más de un seguidor del béisbol cubano cuando, el penúltimo día del año pasado, se oficializó el cambio entre Los Angeles Dodgers y Miami Marlins. En el movimiento, los californianos enviaron a Florida al jardinero dominicano Esteury Ruiz y recibieron a cambio al pitcher cubano Adriano Marrero.
Y sí, lo primero que te viene a la cabeza es el peso del uniforme: los Dodgers, nada menos, el equipo que viene de ganar las dos últimas Series Mundiales. No es cualquier destino para un adolescente. Es como si te invitaran a tocar en una banda gigantesca cuando todavía estás afinando la guitarra en tu cuarto.
Marrero es cienfueguero, nacido el 18 de septiembre de 2007. Un chamaco, literalmente, pero que ya está metido en el carril rápido del béisbol profesional. El derecho firmó en enero del pasado año con los Marlins, y con esa franquicia debutó en el nivel para novatos de la Liga de Verano Dominicana (DSL, por sus siglas en inglés). Ahí tuvo 10 salidas, todas como abridor, y trabajó 33.0 entradas. Su línea fue esta: 0-1, 3.82 de efectividad, 35 ponches, 12 boletos y WHIP de 1.333.
No es para un “wow”, pero tampoco es poca cosa para un muchacho que está aprendiendo a lanzar en un entorno nuevo, con otra pelota, otro ritmo, otro calor, otra presión… y con gente mirándote cada inning como si estuvieran tomando notas para tu futuro.
Lo que realmente pone a Marrero en el radar, sin embargo, no es solo la estadística. Es el material.
Según un reporte de El Nuevo Herald, el de la Perla del Sur, en su paso por las categorías inferiores en Cuba, ha logrado sobrepasar las 90 millas. Y ahí es donde la historia se pone sabrosa, porque cuando un pitcher cubano joven empieza a coquetear con esas velocidades, ya tú sabes: aparecen miradas, aparecen comparaciones, aparecen expectativas.
De hecho, el periodista Jorge Ebro, del propio diario floridano, fue más específico y dejó una descripción que dice mucho del tipo de brazo que creen que tienen entre manos. “Con una recta que alcanza las 93 millas por hora y un spin rate (capacidad giratoria) superior a las 3000 revoluciones por minuto, Marrero se perfila como un lanzador altamente proyectable en el béisbol y las expectativas sobre el joven talento son altas”, escribió Ebro.
Ese dato del spin rate no es adorno. Es de esas cosas que, en el béisbol moderno, pesan casi como la velocidad. Porque no es solo tirar duro… es cómo se mueve la pelota, cómo “sube” la recta, cómo engaña al bateador, cómo se ve diferente aunque venga por el mismo canal. Y si de verdad está por encima de 3000 rpm, estamos hablando de un perfil que a los equipos les encanta moldear.
Ahora, el camino de Marrero hasta aquí también tiene su giro inesperado. De acuerdo con El Nuevo Herald, el pacto entre los Marlins y el lanzador contempló un bono de 350 mil dólares, después de un cambio de última hora respecto a su preacuerdo con los Astros de Houston. La misma fuente apuntó que todo parecía indicar que firmaría con los siderales, pero al final se reportó el viraje en las negociaciones.
Antes de salir de Cuba, Marrero también tuvo su recorrido en torneos nacionales. Representó a Cienfuegos en el Campeonato Nacional Juvenil de 2024 y, en dos partidos como abridor (apenas 8.0 innings en total), se fue sin decisión y dejó efectividad de 1.75, con cuatro ponches y seis boletos.
En la justa de 2023 sí vio más acción y alternó también como relevista, aunque sus números fueron discretos: 7.22 de PCL, 2.20 de WHIP y 14 bases por bolas en 21.1 entradas.
Ahora Marrero cambia de organización y cae en una de las fábricas de pitcheo más respetadas del béisbol. Los Dodgers no solo ganan; también desarrollan. Pulen. Corrigen mecánicas. Te encuentran un lanzamiento secundario que no sabías que tenías.
Lo que viene, por supuesto, es paciencia. Trabajo. Ajustes. Mucha liga menor, muchos bullpens, muchas sesiones de video. Pero también viene algo que no es poca cosa: la oportunidad de crecer dentro de una franquicia que sabe desarrollar el talento joven, aunque luego termine en otra parte.
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