El noir escandinavo/nórdico, llamado también scandinoir, es un subgénero que actualmente cuenta con incontables seguidores. Caracterizado por el uso de imágenes y paisajes sombríos, personajes moralmente grises, un lenguaje pragmático y conflictos que nos llevan hacia reflexiones complejas sobre la sociedad y la condición humana, esta variante del relato detectivesco se volvió aún más popular gracias al éxito de sagas literarias, cinematográficas o televisivas lanzadas durante las últimas tres décadas.
Entre los dramas que lo prestigian destacan los suecos Millenium y Wallander, el danés Forbrydelsen o Ófærð, procedente de Islandia.
Otro de los títulos aclamados es la serie sueco-danesa Broen/Bron (El puente), creada por Hans Rosenfeldt, y cuyas cuatro temporadas salieron por las cadenas SVT1 y DR1 entre 2011 y 2018. Considerada por muchos como el punto más elevado del scandinoir, se trata de una historia en la que agentes de un par de países fronterizos deben compartir jurisdicciones para resolver unos crímenes de índole harto macabra.
El éxito de Broen/Bron fue tal que inspiró inspiró versiones, más o menos libres, como The Bridge (México-EEUU), The Tunnel (Francia-Reino Unido), además de otras mucho menos conocidas y localizadas en las franjas territoriales que comparten Malasia-Singapur, Grecia-Turquía, Rusia-Estonia y dos estados de India.
Una de las mejores —si no la mejor— reimaginación de esta historia sucede en los Alpes austriaco-alemanes. Nombrada como Der Pass, la propuesta de turno fue creada y dirigida por Cyrill Boss y Philipp Stennert, y estuvo al aire en Sky Deutschland durante tres temporadas (2019-2023).
El relato comienza cuando el cuerpo de Stojan Slowejko, un búlgaro traficante de personas, aparece en medio de la nieve que cubre la frontera germano-austriaca. Allí coinciden Ellie Stocker (Julia Jentsch), la entusiasta y meticulosa inspectora en jefe de Traunstein, y Gedeon “Falke” Winter (Nicholas Ofczarek), un inspector de Salzburgo con exceso de libras y cinismo.
Días después, cuando aparece el cadáver de Dominik Gross, el inescrupuloso director de la Fundación Ortus, ambos agentes deberán unir fuerzas para liderar la unidad especial que tiene como objetivo resolver estas muertes, fenómenos inéditos en aquella tranquila región.
Desde el día uno, Winter se muestra como un tipo díscolo y con tendencia a usar métodos cuestionables para lograr sus metas. Su pasado traumático y su adicción a las drogas condicionan su postura hacia Stocker, quien, por su parte, se muestra receptiva y abierta a trabajar en conjunto, aunque igual tiene su propio set de conflictos, en parte provenientes de su amorío con Claas Wallinger (Hanno Koffler), el comisionado policial de Traunstein y su jefe inmediato.
Por otra parte está el reportero Charles Turek (Lucas Gregorowicz), quien trabaja para un tabloide sensacionalista de Múnich, y se entera de todo mediante una filtración que le hace el propio asesino, autoproclamado como Krampus. Su rol en la trama se revelará más adelante como un poco ortodoxo catalizador en la conflictiva resolución del caso.
La cuarta pata de la mesa es Sebastian Brunner (Lukas Miko), el cual, bajo el alias de Cernunnos, lidera a la secta apocalíptica y naturalista llamada Seis Hermanos. Su vínculo con Krampus, policía mediante, también tendrá un peso notable en la tensión que se va construyendo hasta el cierre de la primera temporada.
Es curioso cómo Boss y Stennert se atreven a revelarnos la identidad del villano, en principio oculto tras una máscara artesanal de madera, tan pronto como en el tercer episodio. Que la sorpresa siga siendo parte de la receta luego de este evento, es uno de los puntos destacables de la primera parte del show.
En esa entrega, Der Pass construye una trama que va más allá de lo detectivesco para analizar la condición humana y sus capacidad para coquetear con la oscuridad hasta los límites de la sanidad. Tras la conclusión de esta aventura que los une, en la segunda temporada, Winter y Stocker investigan a un asesino en serie que tortura, viola y reanima a sus víctimas antes de eliminarlas de forma permanente.
Durante la tercera parte deberán encontrar la conexión entre otro homicida sádico y su maestro, quien se hace llamar Jack el Destripador. Mientras, Gedeon debe enfrentar el peor trauma de su infancia a la vez que su relación profesional y personal con Ellie pasa por su momento más difícil.
A nivel visual, se hace hincapié en la simbología y mitología pagana de la región alpina. La influencia en las fechas navideñas del benévolo San Nicolás y los ángeles, quienes cuidan y premian a los niños buenos, y el demonio castigador de niños “malos”, Krampus, funciona como una metáfora que explica el vínculo entre los personajes.
La música, compuesta por Jacob Shea, fue producida por Rusell Emanuel junto a nada menos que el ilustre Hans Zimmer, dos veces ganador del Oscar a Mejor banda sonora por su trabajo en El rey león (1994) y Dune (2021).
Por su tono, Der Pass nos recuerda a obras paradigmáticas como las norteamericanas Twin Peaks y True Detective, sobre todo su inolvidable temporada inicial. Aquí se notan el aura críptica del argumento, con sus verdades a medias y un desarrollo de personajes sólido, pero poco “complaciente” con las audiencias más acostumbradas al drama genérico.
Este material germano se distancia, nunca para mal, de sus predecesoras en el hecho de ser algo más terrenal y condensada. Con una duración que oscila entre los 40 y 60 minutos por episodios, y ocho capítulos por temporada, parece saber bien hacia donde va, a pesar de traernos de vuelta y media en busca de respuestas para los constantes puzles que van apareciendo.



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