Cubano con pasado en sistema de MLB y presente productivo, debutará en pelota invernal caribeña

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Jairo Pomares con Lincoln Saltdogs en la temporada de 2026. Foto tomada del perfil en Instagram del jugador.

¿En qué punto un pelotero decide que toca volver a empezar… pero sin bajar la cabeza? Jairo Pomares acaba de dar ese paso: fue anunciado por los Tigres de Chinandega como su quinto extranjero y, con eso, se abre un capítulo nuevo en una liga corta, intensa y perfecta para el que llega con hambre.

Hace unos días, ese elenco, en su página de Facebook, anunció la contratación del jardinero cubano como su quinto extranjero para la temporada que viene. Lo presentaron con letras grandes, como se presentan las apuestas que ilusionan: “Jairo Jefrey Pomares, outfielder cubano, es el 5to extranjero felino”. Y, de paso, soltaron varios datos que pintan el tipo de jugador que esperan: 26 años, originario de Sancti Spíritus, firmado por los Gigantes de San Francisco, con experiencia hasta Doble-A, y un 2026 (o, mejor dicho, “este año”) bien productivo en liga independiente.

Según la publicación del club, Pomares viene de jugar con los Lincoln Saltdogs, de la American Association norteamericana, donde en 97 partidos bateó para .318, conectó 16 jonrones y empujó 71 carreras. Números que, en cualquier liga, llaman la atención. Y más cuando vienes de un tramo donde el sistema te suelta la mano y necesitas volver a tocar puertas.

Ahora, para entender el nuevo reto, hay que mirar el escenario. La Asociación de Béisbol Profesional Nacional (la liga más fuerte que se juega en Nicaragua y que hasta 2025 era conocida como Liga de Béisbol Profesional Nacional) reúne a seis equipos: Indios del Bóer, Leones de León (actuales campeones), Gigantes de Rivas, Tren del Norte, Dantos de Managua y, claro, Tigres de Chinandega.

El calendario, que se extenderá desde el 27 de noviembre al 2 de febrero, implica que no hay mucho tiempo para “ir calentando”. Aquí, si arrancas frío, te pasan por arriba. Y si arrancas bien, la liga te pone en vitrina rápido. Es un formato que premia al que llega listo, con la mente clara y el swing suelto.

San Francisco apostó fuerte… y el camino tuvo curvas

En su momento, Lo de Pomares con los Gigantes de San Francisco no fue una firmita discreta. Él pactó en el período internacional 2018-2019 y recibió un bono de 975 mil dólares. No es poca cosa. Es, literalmente, una señal de “creemos en ti”. Y durante un tiempo, la apuesta tuvo sentido.

En seis temporadas en Ligas Menores dejó una línea ofensiva de .273/.327/.472 (AVE/OBP/SLG), con 6.4 % de boletos y 26.8 % de ponches. Puesto de manera sencilla: un bateador capaz de hacer daño cuando la pelota entra en su zona.

Sus dos últimas campañas en el sistema fueron en Doble-A, con Richmond, y ahí el rendimiento bajó: dejó un OPS de .670 en 630 apariciones al plato. En 2025 se complicó más todavía: cayó a .620 de OPS y terminó siendo dejado en libertad durante el verano de aquel año.

Son de esas curvas que tiene este deporte, donde, a veces, el “te veo futuro” se convierte en “gracias por todo”. Sin drama, sin ceremonia.

El niño de Trinidad que creció entre chapitas y “a la manito”

La historia de Pomares no comienza en una academia perfecta ni en un gimnasio lleno de máquinas. Empieza como empiezan muchas historias cubanas: en la calle, con una pelota inventada y un grupo de muchachos que no quería irse para la casa.

En una entrevista concedida hace algunos años a Cubalite, el jugador —nacido en Trinidad, Sancti Spíritus, el 4 de agosto de 2000— contaba que prácticamente creció entre pelotas, chapitas y juegos “a la manito” con su hermano, su primo y los amigos del barrio. Incluso recordó que fueron unos profesores quienes lo captaron en primer grado, cuando lo vieron jugando en la escuela. Ahí, dijo, comenzó su relación “oficial” con la pelota, en el beisbolito de Trinidad.

Y cuando él habla de su familia, no lo hace con frases bonitas para quedar bien. Lo dice como se dicen las cosas que pesan. Contó que su padre salía de trabajar en un hotel, lo recogía y juntos iban al entrenamiento. Recordó también los viajes interprovinciales de sus padres para verlo jugar en distintos lugares de Cuba y el esfuerzo para conseguirle implementos. “Yo no sería ni la mitad del pelotero que soy si no fuera por ellos”, dijo entonces.

Esa frase, así de directa, te explica mucho. Porque hay peloteros que se hacen solos, sí… pero hay otros que se hacen con una familia empujando detrás, como si fueran parte del roster.

Más adelante, mientras cursaba onceno grado en la EIDE Lino Salabarría Pupo, tomó una decisión grande: salir de Cuba junto a su padre. El trayecto no fue de postal. Pasaron por Guyana, Panamá y Curazao, hasta establecerse en República Dominicana.

Y desde ahí, con el objetivo clarito, logró abrirse paso hasta firmar con San Francisco en julio de 2018. En aquella conversación con Cubalite, confesó que ese acuerdo significó “una alegría tremenda”. Porque una cosa es soñar con firmar, y otra es ver el contrato, sentir que el sacrificio tuvo un “sí” al final.

Ahora, el reto se llama Chinandega. Se llama liga nicaragüense. Se llama temporada corta, intensa, con seis equipos y con el ruido de los campeones ahí mismo, respirándote en la nuca.

Los Tigres, en su anuncio, lo dijeron con la confianza de quien espera impacto: “Se espera que su rendimiento sea valioso y pueda demostrar su calidad con nuestra franquicia. Desde ya es bienvenido para rugir como un Tigre más”.

Y ahí está la clave: demostrar. Porque Pomares ya sabe lo que es estar dentro de un sistema grande y también sabe lo que se siente cuando te dejan libre. Ya probó la montaña rusa. Entonces, este paso por Nicaragua no se lee como un “plan B” triste, sino como una oportunidad concreta de volver a poner su nombre donde puede llegar a estar.

En una liga así, si conectas temprano, si te mantienes consistente, si el cuerpo te responde, el béisbol se encarga del resto. Y si no… pues toca seguir. Lo que está claro es que, por historia, por números recientes y por esa obsesión de “vivir para esto”, Pomares llega con algo que no se entrena: hambre.

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