#checkpoint: «Tetris»: un poco de ficción y un poco de historia

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Tetris busca entretener al espectador siendo lo más fiel posible a la historia, pero tampoco tiene reparos en modificarla a su antojo. Captura de pantalla del filme, realizada por el autor de este trabajo.

Hay un grupo de videojuegos que no necesita presentación, y entre esos se encuentra Tetris (1985, Alexey Pajitnov). Su capacidad para hipnotizarnos por horas y hacernos soñar con sus múltiples piezas y las malditas líneas que no llegaban para cerrar la brecha, le hizo convertirse en un clásico mundial, al punto de formar parte de la colección del Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, un privilegio del que pocos títulos pueden presumir.

Este no es un juego para niños, como sí lo era la gran mayoría cuando inició la industria videolúdica. Su popularidad en los centros científicos soviéticos, donde los empleados pasaban horas enganchados a este puzzle e ignoraban sus tareas, dejaba claro que su éxito iba más allá de la necesidad de jugar que tenemos los seres humanos.

La historia de los derechos de distribución de Tetris fuera de la URSS siempre ha sido llamativa por la fuerte lucha que hubo entre distintas empresas y, como los americanos de todo hacen una película, el pasado 31 de marzo, Apple TV+ publicó Tetris (2023), centrada en toda la disputa alrededor de quién sería el afortunado de lucrar con la obra de Pajitnov. El resultado es un thriller de espionaje, con la KGB involucrada, y que mezcla ficción y realidad de forma poco sutil, pero muy efectiva y entretenida.

El protagonista es Henk Rogers (Taron Egerton), a quien no le va nada bien los negocios hasta que descubre Tetris y comprende que es una oportunidad única para salir adelante y tener éxito distribuyendo videojuegos. Alexey Pajitnov (Nikita Efremov) también tiene un rol protagónico, pero más bien como un sidekick de Rogers, lo cual tiene sentido, dado que el creador tuvo poca influencia sobre la elección de quién llevaría su obra maestra al resto del mundo. El punto de inflexión (en la cinta y en la historia real) fue la aparición de la Game Boy de Nintendo, en la cual Rogers vio una oportunidad única para distribuir Tetris y no solo llegar a los niños, sino también a todo tipo de público. Al ir en busca de los derechos de distribución para este nuevo dispositivo, el caos de desata.

Entre los momentos más espectaculares y surrealistas está la negociación con las diferentes facciones interesadas. Nikolai Belikov (Oleg Stefanko), director de Elorg, empresa soviética encargada de las importaciones y exportaciones vinculadas con las computadoras, discute al unísono con cada una de las partes, lo que le permite saber quién miente y cuáles son sus posiciones. El montaje hace de esta escena una delicia absoluta que muestra a los soviéticos como unos capitalistas despiadados, quienes se aprovechan de unos pobres hombres de negocios. Lo más irónico es lo semejante que fueron estas negociaciones en la vida real.

De hecho, ese fue uno de los puntos que más me impresionó de la película. Honestamente, no sabía mucho sobre lo ocurrido alrededor de Tetris; solo que hubo una batalla legal y Nintendo había ganado. Así que, cuando terminé de verla, chequeé cuán realista era y me sorprendió lo fiel que llegaba a ser. Es obvio que para lograr un producto entretenido, se falsea y edulcora muchísimo, como la escena final que incluye una persecución de autos por Moscú, pero en otros detalles, las palabras puestas en la boca de los protagonistas eran literales. Solo hay que darle un vistazo a este documental titulado Tetris: From Russia With Love (2004), de la BBC, donde entrevistan a Henk Rogers, Alexey Pajitnov, Nikolai Belikov, Robert Stein, Howard Lincoln, todos presentes en la película, para ver cómo muchas de las anécdotas fueron incluidas; incluso Belikov comenta sobre las presiones que sufrió una vez firmado el contrato.

Una buena cantidad de medios ha alabado a Taron Egerton en su papel de Hank Rogers. Captura de pantalla del filme, realizada por el autor de este trabajo.

La buena relación entre Rogers y Pajitnov es otro de los aciertos. Ambos se hicieron amigos bien rápido y lograron una conexión, a la que el largometraje apela en varias ocasiones para mostrar un Moscú gris, donde la KGB tenía un poder absoluto, pero también para aderezar la trama con la típica amistad que supera fronteras, uno de los tópicos favoritos de Hollywood. En cuanto a la opinión de ambos, Pajitnov afirmó que la peli es fiel desde lo espiritual y emocional a lo ocurrido, lo cual también le dijo Rogers al director John Baird. Las licencias artísticas son lógicas en estos casos, y uno tampoco debe ser tan ingenuo de creer todo lo que se muestra en un producto audiovisual salido de grandes productoras estadounidenses.

Una buena cantidad de medios ha alabado a Taron Egerton en su papel de Hank Rogers, pero en lo personal, me quedo con las actuaciones de varios secundarios. Oleg Stefanko está excelente como Belikov, con una seguridad y un cinismo impresionante en cada escena donde comparte con estadounidenses o británicos, y a su vez se vuelve un ratón dócil cuando está presionado por la KGB. Toby Jones interpreta a Robert Stein, el hombre que pudo tener en sus manos todos los derechos de Tetris, pero por incompetencia y malas decisiones no lo logró; Jones dibuja de maravilla al tipo inseguro que es consciente de la oportunidad que tiene en sus manos, pero no sabe cómo aprovecharla. Y finalmente Roger Allam como Robert Maxwell, que nos regala una caricatura malvada del magnate en sus años finales, rozando la bancarrota e intentando aprovecharse de sus viejas conexiones; según palabras de su propio hijo tras ver la peli, la caracterización de su padre fue demasiado benévola.

Tetris busca entretener al espectador siendo lo más fiel posible a la historia, pero tampoco tiene reparos en modificarla a su antojo: solo hay que ver cómo introdujeron a un pez gordo de la KGB, que intenta sacar provecho de las negociaciones. Su encanto radica en la honestidad con que narran determinados momentos, y lo absurdo de lo ficticio, al punto de que, en el surrealismo característico del comunismo, a nadie extrañaría que fuesen reales. De cualquier forma, esta película es un buen punto inicial para conocer lo sucedido con el videojuego. Comprobar qué es verídico o no, queda por nosotros.

Trailer:

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