#checkpoint: «Dredge»: el horror de Lovecraft bajo el mar

4 min


Dredge nos muestra un cuerpo de historias, donde el mar y lo sobrenatural son protagonistas. Captura de pantalla realizada por el autor de este trabajo.

Tras una noche complicada, logras llegar a tu destino, el puerto de Great Marrows, donde serás el nuevo pescador local. Tu embarcación fue destruida durante el viaje. Por suerte, el alcalde está dispuesto a entregarte una nueva que pagarás por plazos. Hasta ahí, un videojuego común y corriente de pesca, pero lo que se oculta bajo las aguas de Dredge (2023, Black Salt Games) es un horror inimaginable, con claras referencias lovecraftianas, pinceladas de la locura nocturna de Don’t Starve (Klei Entertainment, 2013), y dos sistemas (pesca y dragado) sencillos y adictivos que te tendrán explorando estas peligrosas aguas en busca del origen de una misteriosa niebla.

Los primeros pasos son sencillos: sales con tu lenta embarcación, pescas en los alrededores, cumples algunos encargos, tienes tus primeras salidas nocturnas y experimentas los efectos del pánico, este último generado por dormir poco, exponerte a la noche y, sobre todo, a la niebla nocturna. Lo más aconsejable en un inicio es centrarse en las dinámicas de pesca y venta para mejorar la nave, y explorar los alrededores para, una vez obtenida la habilidad de dragar, recuperar la mayor cantidad de chatarra posible. Poco a poco descubrimos las monstruosidades que habitan las profundidades: peces mutantes o aberraciones, más fáciles de encontrar en las noches, y con precios de ventas más altos, por lo que se convierte en una tentación salir cuando el sol se ha puesto.

Con pequeños relatos, personajes secundarios, líneas de diálogos de uno u otro habitante de las diferentes islas, Dredge nos muestra un cuerpo de historias, donde el mar y lo sobrenatural son protagonistas. Si bien pasamos la mayor parte del tiempo pescando o dragando los restos de algún naufragio, cada interacción con seres humanos nos ayuda a ampliar el conocimiento sobre estas aguas y los cuidados que debemos tener. No hay una palabra de más, ni fantasía cuando alguien te habla de un leviatán, o unos tentáculos monstruosos que atacaron una estación marina. Si alguien te dice que hay algo gigantesco y maligno bajo el mar, créele.

Mi primer choque con esa realidad fue cuando un lugareño me advirtió de una serpiente marina que acechaba Gale Cliffs. Hasta allá fui yo sin escuchar y ¡bam! una mordida y par de huecos en el casco. Un cambio de perspectiva en mi cabeza. “Ok, el señor tenía razón… ¿habrá más monstruosidades como esta, de las cuales no me puedo defender?”. En efecto. Poco a poco descubrí un bestiario que no se registraba en la enciclopedia de peces. Un crustáceo gigante por allá. Otra bestia indescriptible viviendo en unos mangles. ¿El barquito misterioso en el medio de la nada en las noches? Otro pez asesino. Estos desarrolladores neozelandeses prefirieron no dejar mucho a la imaginación y apostar por los monstruos reales, crear una zozobra en el jugador, ¿será segura esta zona? ¿espero a que amanezca o continúo explorando? El miedo no desde lo narrativo, sino desde la experiencia. El monstruo es real, el punto es dónde está.

Además, en las noches (o incluso durante el día), cuando el pánico se ha apoderado de nuestras mentes, las cosas se salen de control: comenzamos a tener visiones, aparecen rocas que antes no estaban ahí, somos atacados por diferentes criaturas, o, en dependencia del bioma, podemos sufrir diferentes efectos. No es complicado mantener el pánico a raya, pero la avaricia, la necesidad de adentrarnos en lo desconocido, de aprovechar cada hora y retar a la niebla, nos hace terminar en situaciones bien complejas y tensas. El tiempo pasa volando y, sin darnos cuenta, la oscuridad está sobre nosotros.

El uso de ese último elemento es una genialidad de este juego. En la madrugada no ves absolutamente nada, pero eres capaz de reconocer los contornos de las olas, y puedes diferenciar la oscuridad de una montaña con la oscuridad de la noche. Sin embargo, cuando navegas sin rumbo y sin puntos de referencia, la ceguera es absoluta. He perdido la cuenta de cuántas veces he revisado el mapa porque no tenía idea de hacia dónde iba. Y en esta oscuridad absoluta, luces abisales o fantasmales para agregar un poco de miedo. Una combinación perfecta.

Los biomas también la agregan un toque mágico a Dredge, no solo en lo referente a los peces que los habitan, sino desde lo visual. Ese cambio repentino de ambiente le agrega otra capa sobrenatural. Entrar a los mangles, la zona tropical o volcánica, y encontrarte en un espacio totalmente diferente, como si te hubieses teletransportado, te hace dudar de la realidad del juego. No son tan bruscos estos cambios, pero sí te sorprendes al verte de pronto rodeado de palmeras tropicales cuando antes estabas en un archipiélago con más vegetación.

La visualidad en esta aventura marina es bien peculiar. Por un lado tenemos un entorno en 3D con un estilo cercano al low poly (sin ser simplista, ni minimalista) en cuanto a estructuras y barcos, y mucho más detallado y colorido cuando se trata de monstruos o efectos relacionados con el pánico. En cambio, el arte 2D, con el cual muestran a los personajes, diferentes peces y aberraciones, es muy detallado y roza lo grotesco, con rasgos poco realistas en el caso de las personas, y un alto contraste en general. El aura que acompaña a cada personaje, sin ser maligna, siempre es misteriosa. ¿Podemos confiar en lo que dicen? ¿Aún mantienen la cordura? Choca mucho esta combinación de estilos, pero encaja perfecto en su universo.

A mí es sencillo engancharme con cualquier historia vinculada al mar o mecánicas relacionadas con pescar. Sin embargo, en Dredge, es su narrativa fragmentada y contada a un ritmo lento la que le otorga una identidad. No hay un personaje gratuito y cada línea de texto está presente por una razón. Esa amalgama de relatos y horas pescando, un encuentro casual con un animal o con un náufrago, y la desesperación de llegar a puerto antes de que algún monstruo, producto del pánico, nos dé el toque de gracia, convierten la exploración marina en una experiencia única. Eso y navegar junto a unos delfines o presenciar el salto de una ballena mientras el sol se pone en el horizonte.

Trailer:

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