A ver, imagínate esto por un segundo: estás en los años 80, tienes un Nintendo (o sueñas con tenerlo), y de pronto aparece un juego de tiros —de esos de avanzar, explotar cosas, rescatar rehenes y no parar ni a coger aire— donde, en su versión original japonesa, los protagonistas eran nada menos que el Che Guevara y Fidel Castro. Sí, leíste bien.
El juego se llamó Guerrilla War, aunque en Japón salió con un nombre todavía más directo: Guevara. Fue desarrollado y publicado por SNK y apareció primero en arcades en 1987, antes de saltar a un montón de plataformas domésticas: Amstrad CPC, Commodore 64, MS-DOS, Nintendo Entertainment System (NES) y ZX Spectrum, entre otras. Y aquí viene el detalle que lo volvió “delicado” en Occidente: cuando tocó llegar a Estados Unidos y Europa, SNK decidió localizar (o sea, “limpiar” y cambiar) diálogos e instrucciones por miedo a los sentimientos anticomunistas de la época.
La trama: una isla caribeña que se parece demasiado a… ya tú sabes
En papel, la historia es simple: dos comandos rebeldes invaden una isla caribeña sin nombre, para liberarla del control de un dictador tiránico. En el camino, se enfrentan a oleadas de soldados, rescatan rehenes (y si los matas por accidente te castigan con una reducción grande de puntos), recogen armas y hasta se montan en tanques.
Pero una cosa es la sinopsis “neutral” y otra lo que se entiende entre líneas. La reseña de Honest Gamers lo dice con una ironía deliciosa: el juego se desarrolla en un país donde a la gente le cuesta salir y donde los puros de ese lugar son ilegales en Estados Unidos. O sea, guiño, guiño.
Y, por si fuera poco, el crítico se burla de la estética del héroe: según él, parece Ringo Starr, el famoso baterista de The Beatles, vestido con uniforme azul claro, enviado solo a tumbar un ejército entero. Absurdo, sí. Pero también parte del encanto de esos juegos.
Rápido, ruidoso y sin pena
Honest Gamers invita a recordar “cuando un shoot-em-up podía llamarse más bien un blow-em-up”, en esa época en que la violencia en videojuegos todavía no era el gran debate político. Y describe a Guerrilla War como una mezcla en caldero de clásicos tipo Contra, Ikari Warriors e Iron Tank: disparos por todos lados, explosiones, campamentos enemigos, trincheras, tanques abandonados esperando que los robes… y tú, en el medio, haciendo de rey del caos.
La clave, según esa reseña, es que el juego no quiere castigarte tanto como otros títulos “duros” del género. ¿Por qué? Por una decisión que a algunos les parecía “infantil” al inicio, pero que termina siendo su sello: continues infinitos. Te matan, presionas Start y vuelves. Sin drama.
Eso cambia el tono completo: en vez de sudar y terminar con los pulgares rotos, avanzas con más libertad, probando armas, metiéndote en el lío, viendo todo lo que el juego ofrece.
Tanques, rehenes y caos con dos jugadores
La reseña de la American War Gamer Association también insiste en el corazón del juego: es un run and gun vertical (avanzas hacia arriba en pantalla mientras disparas), muy influenciado por Ikari Warriors (1986). Y destaca algo que a cualquiera le saca una sonrisa: lo más divertido, dice, fue pasarle el tanque por arriba a los enemigos.
El juego permite dos jugadores simultáneos (en NES), con acción frenética, power-ups (multi-disparo, misiles, etc.) y una estructura de ocho niveles que incluyen desde pistas de aterrizaje y granjas hasta minas y la ciudad de La Habana. Sí: La Habana. Y cada nivel trae uno o dos jefes, que pueden ser desde hombres y trenes hasta… submarinos.
Ahora, no todo es perfecto. El mismo reseñista se queja de dos cosas: apuntar puede ser molesto y el juego sufre el clásico slowdown del NES cuando hay demasiadas cosas en pantalla (balas, enemigos, rehenes, tanques, helicópteros… todo a la vez). Aunque, con honestidad, admite que ese slowdown a veces le ayudó a esquivar disparos en peleas con jefes.
El “problema” político: en Japón eran ellos (y en EE. UU. no)
Aquí está el punto que convierte a Guerrilla War en una rareza histórica: en la versión japonesa, el juego deja claro quiénes son los dos rebeldes. La American War Gamer Association lo suelta sin rodeos: en Estados Unidos lo editaron, pero en Japón los personajes jugables eran Fidel Castro y el Che Guevara.
Y esa conexión no es casual. La información general sobre el juego explica que el título original indica que está basado en las hazañas del Che y en la derrota del régimen de Batista a finales de los 50. Incluso se menciona que, en listas de cultura gamer, Fidel llegó a aparecer como uno de los “políticos de videojuegos” más destacados.
Con ese contexto, se entiende por qué en el mercado estadounidense prefirieron borrar nombres, suavizar referencias y venderlo como una historia genérica de comandos rebeldes contra un dictador cualquiera. En plena Guerra Fría, no era precisamente un tema “ligero”.
Un éxito moderado, pero con vida larga
En Japón, la revista Game Machine llegó a listar a Guerrilla War como la novena unidad arcade de mesa más exitosa en enero de 1988. No fue el juego más grande del mundo, pero sí lo suficiente como para generar ports, versiones domésticas y, con el tiempo, reediciones.
De hecho, tanto la versión arcade como las caseras terminaron incluidas en la SNK 40th Anniversary Collection, y en 2021 Hamster Corporation lo relanzó dentro de su serie Arcade Archives para Nintendo Switch y PlayStation 4.
Y ahí está lo lindo de estas historias: un juego que en su momento tuvo que “disfrazarse” para cruzar fronteras, hoy circula como pieza de colección, curiosidad cultural y, para muchos, una cápsula de esa época donde los videojuegos no pedían permiso… solo te daban una ametralladora, una granada y un botón de Start para volver a intentarlo.
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