Ver esta publicación en Instagram
A Raúl Isidrón mucha gente lo recuerda con el café en la mano y el televisor encendido. La casa medio despertándose, el uniforme planchado a la carrera, y él ahí —sereno, claro, con esa voz de “vamos a ponernos al día”— conduciendo la revista Buenos Días, como si conversar con todo un país fuera lo más normal del mundo.
Por eso llama la atención verlo hoy en otro registro. Menos estudio, más cámara de celular. Menos titulares de la mañana, más preguntas incómodas (de las buenas). Desde hace un tiempo, el periodista y locutor cienfueguero se presenta en redes como consultor de crecimiento personal y lo resume con una frase que, si la lees despacio, tiene peso: “Sentí que tenerlo todo no era suficiente. Hoy ayudo a encausar tu vida, trabajando mentalidad, propósito y disciplina real con el Método SAVIA”, escribe en su información de Instagram.
Isidrón reside desde hace algunos años en Mérida, en el estado mexicano de Yucatán, y su contenido reciente gira alrededor de una idea fija: no basta con “saber” cosas. Hay que vivirlas. Y, sobre todo, sostenerlas cuando nadie te está mirando.
“Estaba ciego… y no lo sabía”
En su video más reciente, publicado hace tres días, Raúl arranca con una confesión que suena a sacudida personal: “Estaba ciego, literalmente”. No habla de los ojos, claro. Habla de esa ceguera que a veces se disfraza de productividad: cursos, libros, frases subrayadas, conferencias… y al final, la vida igual no se mueve.
Según cuenta, durante un tiempo recibió “muchísimo conocimiento”, pero reconoce que una parte era puro relleno: “Información que sí sonaba bien, que se sentía productiva, pero que en la práctica nunca me sirvió para nada real”. Y ahí está el punto. Porque cualquiera puede acumular teoría; lo difícil es convertirla en decisiones.
En ese mismo video menciona a varios maestros y referentes con los que se formó —entre ellos Mario Alonso, Margarita Pasos, Coral Mujaes, Jorge Serratos, Manuel de León, Mabel Katz, Ismael Cala y Yoel Sardiñas— y explica que de cada uno fue tomando “una pieza distinta del rompecabezas”. Unos, mentalidad; otros, propósito; otros, comunicación. “El manejo de emociones… el manejo de la palabra, el poder de ella”, dice.
También cuenta que se sumergió en el trabajo de Joe Dispenza y que leyó de todo: Hábitos atómicos, Los siete hábitos de la gente altamente efectiva, Piense y hágase rico, Mindset, entre otros. Una etapa —en sus palabras— de “absorber, absorber y absorber”.
Pero el giro llega cuando decide dejar de buscar validación afuera. “Todo ese conocimiento no vale nada si sigues esperando que alguien de afuera te diga: vas bien, vas mal, mira qué bien estás”, afirma. Y suelta una frase que se queda dando vueltas: “Somos gente rota buscando reconstruirse”. Solo que, para él, esa reconstrucción no va “de afuera hacia adentro”; va al revés.
El “punto cero” y la reconstrucción
En otro video, Isidrón habla de su salida de Cuba como un quiebre. No como un viaje. “Dejé atrás todo lo conocido… y me paré en un lugar donde tenía que reconstruir mi identidad desde absolutamente cero”, explica. Y describe ese inicio como “brutal”: una sociedad distinta, otras reglas, otro ritmo, y la pregunta inevitable de “¿quién era yo?” sin el contexto de siempre.
Ahí hace una distinción que suena simple, pero no lo es: “Sobrevivir no es lo mismo que reconstruirse”. Él quería lo segundo. Y dice que lo más difícil fue derribar “techos mentales” que ni sabía que tenía: creencias invisibles sobre lo que uno puede —o no puede— lograr, que se vuelven más pesadas cuando estás empezando de nuevo.
En ese proceso, cuenta que se formó en distintas áreas: desarrollo personal, crecimiento espiritual, educación económico-financiera y formación de hábitos. Y remarca algo que muchos repiten, pero pocos aplican: no alcanza con fuerza de voluntad. “Se necesitaban herramientas reales, estructura, método”, asegura.
De ahí nace su proyecto, Encausa, y su “Método SAVIA”, que define como “un sistema basado en la naturaleza” para que otras personas no tengan que tardar años en descubrir, “a fuerza de golpes”, lo que él aprendió.
Y si tuviera que hablarle a alguien que está en su propio punto cero, lo diría sin drama: “El punto cero no es el final… es el punto de partida más honesto que existe”. En ese lugar, según él, no tienes nada que fingir. Solo decidir: “¿Construyo o me quedo?”. Raúl dice que eligió construir.
Del deporte a la televisión… y de la televisión a otro escenario
Lo curioso es que, según contamos en un artículo anterior de Cubalite, Raúl Isidrón llegó al mundo de la comunicación “prácticamente de casualidad”. Desde temprano le interesó la narración y el comentario deportivo, pero cuando tocó elegir carrera, entró a ingeniería mecánica. Aun así, colaboraba con una emisora en Cienfuegos, y ahí le dieron la oportunidad de probarse en lo que realmente le gustaba.
En sus inicios en la radio, mientras trabajaba como reportero, también estudiaba Cultura Física. En 1998 pasó al telecentro Perlavisión y se encargó de dirigir la programación deportiva. En declaraciones a la revista EnVivo, recordó esa etapa como clave: dijo que, gracias a los resultados en la radio, no le fue difícil entrar al telecentro como periodista y narrador deportivo, y que se mantuvo cinco años, ganó eventos nacionales y se destacó en el trabajo cotidiano.
Más adelante se trasladó a La Habana, ya con formación como periodista, y en medios nacionales también se le vio como rostro del espacio Hábitat. Y hay un dato que mucha gente no conoce: Isidrón incursionó como actor en la radionovela Recuerda mi nombre (Radio Ciudad del Mar, 1999) y, de acuerdo con el diario 5 de septiembre, defendió personajes en documentales dirigidos por él, como Nuestra Señora de los Ángeles, la fortaleza de Jagua (2002) o Mateo (2003).
En 2007 llegó el punto más alto de su carrera televisiva: se unió al colectivo de Buenos Días y se mantuvo allí por más de década y media, ganándose la admiración de quienes elegían el programa para informarse en la mañana, mientras arrancaban el día.
Tras llegar a México ha trabajado en una empresa de asesoría, gestión e implementación de comunicación orientada a posicionar clientes en el mercado. Y, en paralelo, ha ido construyendo esta nueva faceta pública: la del hombre que habla de mentalidad, propósito y disciplina —sin tanto adorno— y que insiste en una idea sencilla: mejorar “un 1% cada día”.
En su video más reciente, la pregunta que dice que lo define “hasta hoy”, suena casi como un reto personal: “¿Sigues el rebaño, Raúl? ¿O vives la vida de tus sueños?”. Y luego remata con otra declaración que explica por qué su contenido conecta con tanta gente: “No se trata de impresionar a nadie… se trata de obsesionarnos con nuestro objetivo e ir por él”.
A partir de ahí, su propósito inmediato —según cuenta— es construir “una comunidad real” de personas dispuestas a romper techos mentales, dejar de vivir para impresionar y empezar a vivir por sí mismas. Y en ese camino, él parece cómodo en su nuevo rol: menos presentador, más guía; menos guion ajeno, más historia propia contada sin pose.
👉Si quieres recibir en tu WhatsApp los artículos que publicamos habitualmente sobre temas cubanos o la actualidad de personalidades dentro y fuera del país, únete a nuestro grupo:
👉(Pincha aquí para unirte)

0 Comentarios