
Si has estado viendo Entre aguas en Cubavisión —en ese horario estelar de lunes, miércoles y viernes que en muchas casas es casi “religión”— seguro te ha pasado: de pronto aparece un plano de transición, un teatro lleno, un hospital con gente actuando raramente … y tú te quedas pensando: “¿y esto…?”. No hace falta ser editor ni trabajar en televisión para notar que hay algo distinto.
La inteligencia artificial, para bien o para mal, ya está metida en la cocina de la creación audiovisual. Y no solo como ayudante para escribir o editar. Según explicó un reciente artículo publicado en el Portal de la TV Cubana, hoy la IA puede ampliar escenarios, incorporar personas, generar multitudes, modificar fondos, animar fotografías y crear elementos que terminan integrándose en planos rodados con actores reales. O sea: no es teoría. Es práctica. Y las telenovelas —en Cuba y fuera— no se están quedando atrás.
De hecho, el propio artículo del Portal recuerda que en Entre aguas hay planos de ambientación y transición que tienen “señales” compatibles con ese tipo de procedimientos. La intención es clara: agrandar visualmente el mundo donde pasa la historia.
Y, seamos honestos, en el contexto cubano la justificación se entiende rápido. Producir una telenovela hoy implica limitaciones económicas, materiales y logísticas que no hay que disfrazar. Mover figurantes, conseguir locaciones, construir escenografías, lograr que un espacio “tenga vida”… todo eso cuesta. Por eso la referida fuente lo dice sin rodeos: usar IA para llenar un restaurante, crear un público, enriquecer un exterior puede ser una solución creativa y razonable. Nadie puede pedirle a una producción cubana que trabaje como una súper industria internacional cuando las condiciones son otras.
El problema aparece cuando la solución llega a pantalla sin el control artístico y técnico necesario. Porque una cosa es generar rápido un “restaurante lleno” y otra muy distinta es que esa imagen aguante la mirada del espectador. La IA puede fallar en continuidad, anatomía, perspectiva, iluminación o movimiento: gente que cambia de lugar, caras que se transforman, figuras que aparecen o desaparecen, cuerpos poco naturales… En una imagen fija quizá pasa. En una secuencia, no.
El Portal pone un ejemplo que muchos comentaron: el público de un teatro. En la escena se perciben variaciones raras entre un momento y otro: espectadores que parecen reorganizarse, otros que aparecen “de la nada”, algunos que ya no encajan con su asiento. La idea de “sala concurrida” se logra, sí, pero la continuidad queda en segundo plano. Es como si el plano resolviera el ambiente… pero no terminara de resolver la escena.
Y luego está el caso del hospital, todavía más delicado. Además de figuras con apariencia poco natural, el artículo menciona un detalle que, si es real, es un gol en contra: en la esquina inferior derecha aparece lo que parece ser una marca o identificador de la herramienta usada para generar la imagen. Y ahí la pregunta es inevitable: ¿cómo algo así pasó el filtro? Porque ya no es “culpa de la IA”. Es un tema de supervisión humana.
Con La Habana el asunto cambia: no es tanto un defecto técnico, sino de verosimilitud. El Portal describe una ciudad demasiado limpia, luminosa, espectacular… casi postal turística. Bonita, sí. Pero a veces tan bonita que se siente ajena al mundo cotidiano donde se mueven los personajes. Y aquí entra un concepto clave: la verosimilitud local. No basta con que una imagen parezca real en general; tiene que ser creíble para quien conoce ese lugar, su luz, su tráfico, sus imperfecciones.
Quizás donde más se nota el “doble nivel” visual es en el restaurante. En los planos de ambientación suele verse abarrotado, con mesas ocupadas y todo perfectamente servido. Productivamente, se entiende: transmitir rápido “esto está lleno”. Pero cuando miras con calma, esa abundancia se siente genérica, como una idea de “restaurante concurrido” más que un espacio real. Y la contradicción se vuelve evidente cuando vuelves a escenas con actores y el local aparece casi vacío. Otra vez: el universo parece partirse en dos.
En redes, el tema se calentó. En grupos de Facebook sobre la novela, un usuario comentó “Nuevas rarezas del uso desmedido de la IA” y señaló algo que a la gente le molesta especialmente: cuando el efecto no solo “congela” el cierre clásico del capítulo, sino que cambia el rostro del actor. Puso un ejemplo claro: en la captura de pantalla que encabeza este post nuestro, la expresión de la mujer era de asombro ligero, pero con el efecto parecía “otra persona”, con pánico, como si hubiera visto un fantasma.
Pero también hay voces pidiendo contexto. La usuaria Aynes Victoria, en el grupo Seguidores de Entre Aguas 🌊, defendió que la IA no vino a reemplazar el arte, sino a potenciarlo, y destacó al equipo creativo: Felo Ruiz en la dirección general, Vicky Suárez en la dirección, y el guion de Yoel Monzón Monzón y José Ignacio León Zamora. Además recordó que esto no es nuevo: mencionó ejemplos como El Señor de los Anillos (MASSIVE para multitudes), The Mandalorian (entornos virtuales en tiempo real), El Irlandés (rejuvenecimiento con IA) y hasta intros generadas con IA.
Entre una postura y la otra, quedó el chiste que resume el clima: Joel Sierra escribió en un grupo “CREO QUE ESTA NOVELA DEBIÓ LLAMARSE ‘ENTRE IA’”. Y ya tú sabes… cuando el público llega al meme, es porque lo notó.
La pregunta real, entonces, no es si se usa o no se usa. Se está usando. La pregunta es cómo: con qué cuidado, con qué revisión, con qué criterio para que la tecnología sume sin romper la ilusión. Porque en una telenovela, al final, lo que uno quiere es creer… aunque sea por escasos minutos.


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