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Tony Cortés tiene esa mezcla rara —y muy de los que han vivido varias vidas en una sola— de actor que no se quedó esperando “la llamada”, sino que se inventó caminos. Por eso, cuando aparece en un video conversando con Geovany MC, no suena a nostalgia ni a “antes yo…”. Suena a presente. A agenda llena. A alguien que aprendió a moverse en el mundo de los negocios sin perder el pulso artístico.
En la charla, Cortés lo dice sin vueltas, con ese tono de quien está contando algo en la esquina, café en mano: “En el tema de las empresas, tengo un par que están funcionando muy bien, gracias a Dios, y también muchos emprendimientos en mi vida”. Y enseguida suelta una idea que parece simple, pero es casi una declaración de carácter: “Uno tiene que tener siempre metas. El hombre que no tiene metas no logra nada. No camina, no avanza”. No es frase de motivación pegada en una pared; en él se siente como una regla de supervivencia.
Porque sí: Tony sigue actuando, pero también produce, planifica, empuja proyectos. Y ahí entra su vida en pareja, que él menciona con naturalidad, como parte del mismo equipo creativo: “En lo audiovisual, tanto Mabel Toledo, mi esposa, como yo, siempre tenemos previsto hacer dos películas al año”. Dos al año. Dicho así parece una meta de libreta, pero cualquiera que haya estado cerca de un set sabe lo que significa: guion, dinero, permisos, casting, locaciones… y paciencia.
De hecho, Cortés cuenta que acaban de cerrar el recorrido de Farándula, dirigida por Jazz Vila, y que la película “ha caminado muy bien en festivales de cine”. Ese “caminar” dice mucho: no es solo estrenar, es moverse, tocar puertas, encontrar público, sumar conversaciones. Y como si no fuera suficiente, ya están en modo próximo paso: “Ahora mismo estamos en preproducción de dos películas: una es La Flor de Hialeah y la otra es una en la que me voy a aventurar en el género de terror”. Terror. Tony Cortés en terror. Solo con imaginarlo, a más de uno le pica la curiosidad.
Mientras esas películas se cocinan, su nombre también ha estado sonando por otro lado: El grito silencioso, una serie vertical grabada en Miami. Según una información publicada en la web Bonches Latinos, la historia aborda “la ansiedad laboral y el desgaste emocional de millones de trabajadores en Estados Unidos”. Ahí Cortés interpreta a Sergio, un personaje clave dentro de la trama, indica la mencionada fuente. Y lo interesante de este formato —episodios cortos, consumo rápido, pantalla en vertical— es que obliga a actuar con otra cadencia, como si cada escena tuviera que agarrarte por el cuello antes de que deslices el dedo.
Pero si uno mira el mapa completo, lo de Tony siempre ha ido de movimiento constante. Nació el 31 de agosto de 1968 en el Vedado habanero y empezó temprano: de niño apareció en Los sobrevivientes (1978), de Tomás Gutiérrez Alea. Después se formó en serio, con Teatrología y Dramaturgia en el ISA, y se hizo fuerte en el teatro —de esos años donde el escenario te curte o te rompe— con obras como Filumena Marturano junto a Rosita Fornés.
La televisión, claro, lo volvió “cara conocida” en Cuba: El año que viene (1994), Rosas a crédito (1996), y aquel rol de oficial en capítulos de Día y Noche que mucha gente recuerda como si fuera un vecino del barrio. Y por si faltaba algo, también se metió en la música: grabó dos discos con su banda BM Expresso para la EGREM. O sea, Tony nunca fue de una sola casilla.
Ya instalado en Estados Unidos, amplió el juego: trabajó en producciones de Televisa, participó en programas de televisión y hasta consiguió dos nominaciones a los Emmy por su reality Sobre mis pasos. Y en paralelo fue entrando con fuerza al lado empresarial del entretenimiento. Además de sus proyectos audiovisuales, ha liderado la división hispana de Monytize, una plataforma de streaming con sede en Estados Unidos que apuesta por un modelo poco común: acceso por invitación, red social integrada y creadores que se benefician directamente de su contenido.
Cortés lo resume con una frase que se te queda pegada: “Te pagamos por ver”. La idea, según explica, es que un productor hace una película, genera un código, invita a su red y eso puede traducirse en ingresos; además, la plataforma suma publicidad para atraer audiencia. Monytize está en expansión internacional y él insiste en que “ahora es que va a empezar un trabajo serio, profesional”, con planes de coproducción y un foco claro en el mercado hispano.
Y ahí está Tony, entre cámaras y reuniones, entre festivales y preproducciones, con una meta nueva en la mira y otra ya en marcha. Como si todavía le quedaran escenas por estrenar —y sí, da la impresión de que las mejores no vienen del pasado.
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