
En ocasiones, Cuba se entera tarde de sus propios talentos. No por mala fe, sino por esa mezcla de distancia, trámites, algoritmos y “oye, ¿tú viste eso?” que marca la vida de los que se van y, aun así, siguen siendo de aquí.
Por eso llamó la atención que, hace poco, Erniel Báez —un actor cubano que ya ha trabajado en series conocidas de Estados Unidos— apareciera, de pronto, en la televisión nacional. Ocurrió cuando Multivisión transmitió la primera temporada de Cross. Muchos ni se dieron cuenta de que era cubano. Para otros fue un descubrimiento: “¿y ese muchacho quién es?”, “¿de dónde salió?”, “¿es cubano de verdad?”. Y sí. Es cubano. De Cárdenas.
Según FilmAffinity, Cross (hasta la fecha con dos temporadas y 16 episodios en total) se centra en Alex Cross, un detective y psicólogo forense con una habilidad particular: meterse en la mente de los criminales —y también en la de sus víctimas— para intentar entenderlos, anticiparse y atraparlos. La serie está basada en las novelas de James Patterson. O sea, no es cualquier invento: es un universo policial con público fiel y una maquinaria grande detrás.
En ese mundo, Báez interpreta a Alejandro “Jando” Galván, un personaje que aparece en cuatro capítulos: dos de la primera temporada y dos de la segunda. No es un cameo de “pasé por aquí”, sino una presencia que se siente dentro de la trama. Y lo curioso es que, mientras afuera su nombre empieza a sonar en circuitos de streaming y producciones de peso, en Cuba todavía hay quien lo está conociendo ahora.
La historia de Erniel, además, tiene ese sabor de película que a veces trae la vida real. Nació el 28 de octubre de 1996 en Cárdenas, y a los 8 años emigró a Montreal, Canadá, junto a su madre y su padrastro. Él mismo lo ha dicho sin adornos: adaptarse fue durísimo. “Adaptarme al cambio fue muy difícil para mí durante muchos años. Dejar mi país y a mis abuelos… fue algo a lo que no pude acostumbrarme”, recordó en una entrevista.
Pero hay un detalle bonito: los veranos. Cada año regresaba a Cuba y ese regreso era como recargar baterías. Él lo describe como “lo más destacado de mi infancia”. Y soltó una frase que te pinta el cuadro completo: “Podría decirse que crecí entre dos mundos: mientras mi cuerpo estaba presente en Canadá, mi mente vivía constantemente en Cuba”. Esa es la clase de cosa que entiende cualquiera que haya vivido con un pie aquí y otro allá.
El cine, por cierto, le llegó por la vía más cubana posible: la familia. “Fue mi abuelo quien me inculcó el amor por el cine”, ha contado. Imagínate la escena: noches en Cárdenas, películas de todos los géneros, sobre todo acción, y un abuelo que te va enseñando a mirar. Esa costumbre lo acompañó incluso después de mudarse. De hecho, Erniel dice que se acostumbró a dormir con la televisión encendida, como si el sonido de una película fuera una especie de compañía.
Antes de actuar, su primer sueño serio fue otro: el deporte. En Canadá se metió de lleno en el hockey sobre hielo y llegó a imaginarse como el primer guardameta cubano en la NHL. Pero a los 15 años le cayó una verdad que a veces duele: “me di cuenta de que, lamentablemente, no iba a llegar tan lejos como esperaba”. Y ahí, en vez de quedarse en el lamento, giró el timón.
Del deporte a Hollywood: La meteórica carrera de un joven actor cubano (aquí detalles)
Eligió la actuación. “Principalmente porque me encanta el cine. Desde que tengo memoria, el cine siempre ha estado presente en mi vida”, explicó. Y su motivación iba más allá del “quiero ser famoso”: quería inspirar interpretando personajes distintos, de mundos distintos.
Su primer gran empujón llegó con Game of Death, una película de terror que se estrenó en el Festival SXSW en 2017. Ese tipo de vitrina no es poca cosa: te pone en el mapa, te abre puertas, te deja en la lista de “ojo con este nombre”. Luego vinieron producciones cada vez más grandes. En 2022 apareció en Reacher, interpretando al sargento Diaz del Departamento de Policía de Nueva York, compartiendo escena con Alan Ritchson.
Después llegó Cross, y ahora, mientras algunos lo descubren por Multivisión, su carrera sigue subiendo. De hecho, pronto lo veremos en The Westies, una serie de la plataforma MGM+, donde compartirá cartel con nombres fuertes como J. K. Simmons y Titus Welliver.
Y si alguien duda de lo que significa para un actor “llegar”, que escuche esta anécdota suya. Durante la promoción de Hotel Cocaine (MGM+), donde interpretó a Ray Dorado, un banquero con vínculos turbios en el Miami de 1978, recordó su primer estreno en Hollywood: “La noche anterior al estreno, di un paseo por el Paseo de la Fama…”. Y cuando llegaron al Teatro Chino de Grauman y vieron una valla gigante de la serie, dijo: “todos empezamos a gritar de emoción… representa para mí lo lejos que he llegado”.
Mientras tanto, en Cuba, alguien lo vio en pantalla y soltó: “asere, ese tipo es cubano”. Y ahí mismo empezó otra historia: la de un país que, de vez en cuando, se tropieza con sus propios hijos en la TV… y se queda mirándolos un rato, como quien reconoce una cara conocida en medio de una multitud.
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