
Esta historia va de un ladrón, pero no uno noble y carismático como Robin Hood o Danny Ocean, sino de un tipo capaz de mentir y apropiarse de bienes ajenos sin escrúpulo alguno, y seguir con su vida tan ancho.
El señor Guillermo Gaede nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, el 19 de noviembre de 1952. Fue el tercero de cuatro hijos y, junto a su familia, peronistas de toda la vida, vivió en Ilinois, Estados Unidos desde el 59 hasta el 65.
Tenía 21 años en 1973 cuando quiso venir a Cuba a colaborar con la causa socialista. Pero le negaron la visa. Tres años después se casó con una colombiana que trabajaba como operadora telefónica internacional en Bogotá y poco después se fue con ella de regreso al país donde vivió parte de su infancia.
“Nos casamos en 1976 una semana después del golpe de Videla. Yo andaba metido en el PC (Partido Comunista), así que nos fuimos a probar suerte a Estados Unidos, donde vivía un tío. Queríamos hacer diez mil dólares y volver. Nos quedamos por treinta años”, expresó en una entrevista de 2018.
Entró a la nación de Washington y Franklin bajo el alias de Ricardo Monares, con visa de turista. En la californiana Silicon Valley se formó como ingeniero y programador y consiguió su primer trabajo en la empresa Caron International.
Hacia septiembre del 79 fue contratado por la tecnológica Advanced Micro Devices (AMD). Ahí retomó su idea de vincularse con Cuba. Muy metido en el papel de espía, tuvo la idea de filtrar a la Isla los secretos de la compañía para construir semiconductores de corriente.
Contactó con agentes cubanos durante un viaje a Buenos Aires y, posteriormente, cuando fue transferido de Sunnyvale, California, para Austin, Texas, empezó a pasarles información y tecnología a través de la frontera mexicana.
Su recorrido como doble agente empezó a comienzos de los 90, cuando visitó La Habana y le dio una probada en primera fila al Período Especial, debacle económica y social provocada por la desaparición del bloque socialista de Europa del Este. Desencantado al ver que su inocente sueño juvenil se derrumbaba, no demoró mucho en cambiar de “equipo”.
Guillermo se entregó a la CIA en julio del 92 y ellos lo derivaron hacia el Buró Federal de Investigaciones (FBI). Aunque en principio los estadounidenses lo tildaron de proporcionarles datos falsos, siguiendo órdenes del gobierno cubano, eventualmente empezaron a usarlo como vehículo para desinformar a sus rivales ideológicos.
En paralelo a su trabajo como espía, el argentino creyó prudente realizar la enésima jugada arriesgada de su vida. Aprovechando sus conocimientos sobre tecnología, consiguió trabajo como programador en una planta de circuitos integrados de Intel, localizada en Chandler, Arizona.
No duró mucho allí, pues fue despedido cuando el FBI alertó a sus jefes sobre el truculento pasado de Guillermo en AMD. Pero ya era tarde. El intrépido Lupin rioplatense había conseguido grabar todas las especificaciones técnicas del microprocesador Pentium mediante una cámara secreta que instaló en la planta.
Con esos datos en su archivo, se escapó del país hacia Sudamérica, donde contactó a China e Irán y colaboró con ingenieros de ambos países para la manufactura de tecnología. Se especula que pudo haber ingresado cerca de 20 millones producto de esos “trámites”.
Su error vino al ofrecerle la información robada a AMD, que contactó a Intel, la cual presionó para allanar la casa de la hermana de Gaede en la ciudad bonaerense de Boulogne Sur Mer.
El material que encontraron los investigadores fue mandado al país norteamericano y poco después el hombre fue apresado e interrogado en Buenos Aires por la Secretaría de Inteligencia (SIDE) y la CIA.
Gaede confesó sus crímenes contra AMD e Intel a Steven Lund, jefe de seguridad de estos últimos. En 1995, Intel lo acusó de vender sus secretos y fue acusado por cargos de fraude postal y la Ley Nacional de Propiedad Robada.
La causa en su contra sirvió como precedente, pues hasta entonces no existían leyes relacionadas con el robo de material informático, debido a que los bienes se entendían como intangibles.
Como consecuencia de su juicio, tras el cual fue sancionado a 33 meses de prisión, en 1996 el Congreso estadounidense aprobó el Acta de Espionaje Comercial para castigar ese tipo de delitos.
“Lo tomé como un juego. Era algo que me salía bien, así que lo seguí haciendo. Pero nunca temí por mi vida. (…) Fue una vida bien rara”, declaró el también conocido como Crazy Che en una entrevista para BBC Mundo.
“¿Imposible de creer? Lo mismo pensamos nosotros. Pero a pesar de lo bizarro e inverosímil de su historia, Gaede había sido efectivamente condenado en los Estados Unidos por crímenes relacionados al espionaje. Era la prueba que necesitábamos para abandonarlo todo y dedicarnos por completo a buscarlo. Luego de mucho buscar, dimos con él y aceptó conocernos. La experiencia fue surrealista: dimos con un personaje fuera de toda clasificación, uno de esos ejemplos maravillosos donde la realidad supera ampliamente toda imaginación”, contaron hace más de una década Pablo Chehebar y Nicolas Iacouzzi, directores de un documental (Metiche Films, 2015) en el que se relatan las aventuras de este hombre.
El filme, titulado El Crazy Che, disponible en Netflix desde 2017, cuenta con imágenes proporcionadas por el propio Guillermo de su vida en Austria, Alemania y los “States” durante los 80 y los 90.
Hoy vive en Frankfurt, Alemania, y tiene 73 años. Luego de su etapa de espía/ladrón, se dedicó a filosofar sobre el universo. Como consecuencia de sus reflexiones, en 2020 surgió el volumen titulado La Hipótesis de la Soga (Rope hypothesis), una suerte de ¿dogma científico? cuyo objetivo principal es: “(…) presentar un modelo alternativo para la luz, la gravedad, el magnetismo, la electricidad y el funcionamiento del átomo. Las cosas y los mecanismos visibles son sencillos. Vemos galaxias, estrellas, planetas, lunas, asteroides, y cometas. Con instrumentos más sofisticados, también podemos detectar la presencia de gases, moléculas y otros compuestos. Son las cosas invisibles (fenómenos como la luz, la gravedad y el magnetismo) las que quedan por dilucidarse. ¿Cómo hace la madre naturaleza estos trucos? ¿Cómo esconde ella de nuestros ojos y manos los actores que hacen que nuestro mundo visible y tangible funcione? Eso es lo que trataremos de responder aquí”.
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