
Hay temas que a uno le incomodan solo con mencionarlos. Y este es uno. Porque cuando pensamos en los aborígenes que habitaron Cuba antes de la llegada de los españoles, casi siempre nos viene a la cabeza la imagen “limpia”: comunidades pescando, sembrando, viviendo cerca de los ríos, haciendo cerámica, moviéndose por el monte con una lógica propia… y ya. Pero la historia, como casi todo en la vida, no es tan ordenada. También tiene zonas oscuras. Y una de esas zonas, según investigaciones arqueológicas y forenses, apunta a que en la Cuba precolombina pudo existir canibalismo, no como acto desesperado por hambre, sino como parte de un rito.
La idea no es nueva, pero sí fue una de esas noticias que en su momento levantaron cejas. El 14 de septiembre de 1997, una nota de la agencia EFE informó que arqueólogos cubanos estaban convencidos de que algunos aborígenes practicaron la antropofagia (canibalismo) como ritual, basándose en unas 130 osamentas completas rescatadas en las márgenes del río Canímar, en Matanzas. Estamos hablando de un conjunto de restos que, según los especialistas, repetían patrones demasiado específicos como para explicarlos con un accidente cualquiera.
Uno de los nombres clave en esa investigación fue el del especialista en medicina legal Ercilio Vento, quien declaró en ese entonces al medio Juventud Rebelde algo que pisa terreno sensible: admitir el canibalismo en los aborígenes cubanos “no ha sido fácil”, pero “las pruebas no mienten”. Vento dijo además que llevaba más de tres décadas “tropezando con huesos” y encontrando evidencias similares una y otra vez. O sea: no era una corazonada de última hora.
¿Qué tipo de evidencias? Según explicó el experto, la mayoría de las osamentas encontradas eran extremidades inferiores de jóvenes, con fracturas en el fémur. Y aquí viene lo inquietante: eran huesos quemados de manera selectiva, con “muestras de mayor cocción en ciertas partes”, lo que sugiere que fueron expuestos al fuego con intención, no por casualidad. Además, los estudios indicaban que los restos habían sido contusionados y descuartizados para servir de alimento a otros miembros del grupo. Dicho así suena durísimo, pero precisamente por eso el detalle técnico importa: no es lo mismo un incendio que arrasa con todo, que un fuego aplicado “con lógica”, como si alguien supiera qué parte quería cocinar más.
Hay otro dato que, por sí solo, parece sacado de una escena de investigación criminal: en el sitio donde aparecieron los restos no se encontraron cráneos ni vértebras. Y, según Vento, algo todavía más importante: los signos de violencia no ocurrieron sobre sujetos vivos, sino después de muertos. Es decir, no se trataba de una matanza “en caliente” con gente forcejeando, sino de cuerpos preparados luego del fallecimiento. Eso, para el investigador, apuntaba directamente a un rito.
Como ejemplo que reforzaba su hipótesis, Vento mencionó un hallazgo en la llamada Cueva del Infierno, cerca de Tapaste, en La Habana. Allí se encontraron restos de niños aborígenes sanos, de la misma edad, colocados de una forma que sugería un acto ritual. Y ante la posible explicación “fácil” —que todo se debiera a un incendio natural— Vento fue muy específico: para calcinar y fragmentar huesos de esa manera, el fuego tendría que haber superado los 1 200 grados, pero las pruebas indicaban que las llamas no pasaron de 300 grados. Y remató con una frase que parece escrita para cerrar una discusión: “nada pudo provocar tal intensidad de calor en la isla de Cuba alrededor de mil años atrás”.
Lo más llamativo es que Vento descartaba que el canibalismo hubiera sido empujado por la guerra o por el hambre debido a falta de recursos alimenticios en esa zona. Su hipótesis más fuerte era otra: antropofagia como rito. Y aquí es donde la conversación se vuelve más compleja, porque “rito” no significa necesariamente lo que uno imagina desde la moral moderna. Puede implicar creencias sobre el poder, el paso a otra vida, el control del miedo, la pertenencia al grupo… cosas que, vistas desde hoy, nos parecen brutales, pero que en su contexto podían tener otro sentido.
Para entender mejor el rompecabezas precolombino hay que mirar el mapa completo, no solo Cuba. Una nota de National Geographic explica que investigadores del Museo de Historia Natural de Florida y de la Universidad Estatal de Carolina del Norte hallaron evidencias de que los caribes se establecieron en el norte del Caribe hacia el año 800 d.C., varios siglos antes de lo que se creía, y que ya estaban allí cuando llegaron los españoles. La investigación, apoyada en el análisis de cráneos y técnicas de reconocimiento facial 3D, sugiere varias oleadas migratorias en la región: primeros colonizadores desde Yucatán hacia Cuba y las Antillas del Norte; luego arahuacos/taínos desde Colombia y Venezuela; y más tarde caribes llegando a La Española, Jamaica y Bahamas alrededor del 800 d.C.
Y aquí entra Colón, con su famosa descripción de los “caniba”. Según recoge National Geographic, el navegante escribió que los taínos vivían aterrorizados por invasores feroces que “gustaban de comer carne humana”, y describió huesos humanos guardados en cestas y extremidades colgando en casas. Colón se equivocó en el nombre —los llamó “caniba” por una confusión— y después otros exploradores popularizaron el término “caribe”. Uno de los autores del estudio, William Keegan, llega a admitir que pasó años intentando demostrar que Colón estaba equivocado… y terminó aceptando que, al menos en cuanto a la presencia de caribes en el Caribe septentrional, “tenía razón”. Sobre el canibalismo, Keegan matiza: “Si necesitas asustar a tus enemigos esa es una muy buena manera de hacerlo”.
Ese matiz es importante porque abre otra puerta: el canibalismo no solo como alimento o rito interno, sino también como herramienta de terror, como reputación construida para intimidar. Y, además, porque esas acusaciones tuvieron consecuencias políticas enormes: según National Geographic, la Corona hispana usó los relatos de canibalismo y la resistencia al catolicismo como argumento para esclavizar a esos aborígenes, metiendo a muchos pueblos distintos bajo la misma etiqueta de “caribes” y tratándolos igual.
Entonces, ¿hubo canibalismo en la Cuba aborigen? La evidencia que citó EFE en 1997 apunta a que sí pudo existir, al menos en algunos grupos y bajo formas rituales, con señales físicas que —según el investigador Ercilio Vento— no encajan con incendios naturales ni con violencia sobre personas vivas. Pero también es cierto que el Caribe fue un tablero de migraciones, conflictos, alianzas, propaganda del miedo y relatos coloniales interesados. A veces todo eso se mezcla, y lo que queda es una verdad incómoda, difícil de mirar de frente… pero imposible de borrar.
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