En el béisbol hay preguntas que te llegan como un lanzamiento incómodo, de esos que no sabes si esquivar o darle. Y la clásica, la que siempre aparece cuando estás arriba y todo el mundo quiere una frase para titular, es esa: “¿Y ahora qué… te retiras o sigues?”.
A Yasmany Tomás se la soltaron hace nada, ahí mismo, con la adrenalina todavía corriendo y el uniforme pegado al cuerpo. Fue en una entrevista breve, en video, que apareció publicada en el Facebook del periodista Guillermo Rodríguez, y quien se la hizo fue su propio compañero en la Liga Élite, el avileño Jonathan Bridón. Sin estudio, sin poses, sin luces bonitas… más bien ese ambiente de celebración medio desordenada, entre cansancio y felicidad, que solo se vive después de un play off final.
El sanmiguelino respondió sin darle demasiadas vueltas, como quien no quiere amarrarse a una frase que después lo persiga: “Ahora mismo estoy pensando en disfrutar con mis compañeros, todo lo que viene ahora después de ser campeón. Ya veremos más adelante, pero creo que no”.
Ese “pero creo que no” es lo que deja a medio mundo pensando. Porque no es un “sí” rotundo, tampoco un “no” definitivo. Es, digamos, un «déjame respirar», un «espérate un momentico», un «no me mates la fiesta».
La conversación se produjo después de que Industriales levantara su primer título de la Liga Élite del Béisbol Cubano, tras derrotar en la final a los Leñadores de Las Tunas. Y eso, para los Leones, no es cualquier cosa: el equipo capitalino no alzaba un trofeo doméstico desde la Serie Nacional 49 (2009-2010). En aquel elenco campeón, bajo la dirección de Germán Mesa, estaba también Tomás. El hombre sabe lo que es ganar con Industriales… pero también sabe lo que es pasar años viendo el trofeo desde lejos.
Por eso esta corona se siente distinta. No solo por la Liga Élite en sí, sino por lo que significa para una afición que vive el béisbol como si fuera familia. En La Habana, tú lo sabes, un campeonato de Industriales no se celebra: se discute, se grita, se sufre, se presume… y se recuerda por décadas.
Y en medio de esa final, Tomás fue noticia por otra razón: una entrevista suya se viralizó y armó tremendo debate en la comunidad beisbolera cubana. Fue un intercambio corto con el periodista Orlando Cruz, pero bastó para que las redes hicieran lo suyo. El diálogo se puso tenso cuando el reportero cuestionó el estado de forma de “El Tanque”, y Tomás —visiblemente incómodo— lo contradijo respondiéndole con los números que llevaba al bate.
Ahí se vio otra cara del asunto: la presión. Porque cuando tú eres un jugador con historial, con nombre grande, con etiqueta de slugger, la gente no te mide como a cualquiera. Te observa con lupa. Te compara con tu mejor versión. Y si un día no conectas, si te ponchas, si te ves un poco más lento… enseguida aparece el coro: “ya está acabado”.
Entonces, claro, cuando te preguntan por el retiro, la pregunta no viene sola. Viene cargada de todo eso: de expectativas, de críticas, de nostalgia ajena, de gente que quiere verte eterno… y de gente que quiere verte fuera. Así de cruel puede ser.
Lo curioso es que esta no es la primera vez que Yasmany se asoma a esa puerta. A finales de 2025, tras cerrar su campaña con Cañeros de Los Mochis en la Liga Mexicana del Pacífico, el poderoso toletero había anunciado su decisión de colgar los spikes. Sonó a despedida, a capítulo cerrado. Y muchos lo tomaron como definitivo.
Pero el béisbol —y la vida— tienen esa manía de reescribirse. A veces tú dices “hasta aquí” y, de pronto, aparece una temporada más, un llamado, una final, un equipo que te necesita, una ciudad que te empuja. Y ahí estás otra vez, poniéndote el uniforme como quien vuelve a una casa vieja.
Porque si algo ha tenido la carrera del habanero es eso: giros. Debutó en 2008 con los azules, y su poder al bate lo llevó a integrar el equipo nacional de Cuba en el Clásico Mundial de 2013. En 2014 firmó un contrato enorme con los Arizona Diamondbacks: seis años y 68.5 millones de dólares. Debutó en MLB en 2015 y tuvo su mejor campaña en 2016, cuando conectó 31 jonrones y remolcó 83 carreras.
Después vinieron otras circunstancias, cambios, decisiones… y, tras salir de MLB, se convirtió en estrella en México, tanto en la Liga Mexicana de Béisbol como en la Liga Mexicana del Pacífico. También jugó en la justa invernal de República Dominicana. O sea: no es un hombre que haya vivido de un solo capítulo. Ha tenido varios libros.
Por eso su respuesta a Bridón suena tan humana. No está vendiendo una despedida dramática ni prometiendo una eternidad imposible. Está diciendo, básicamente: déjenme disfrutar esto. Que no es poca cosa.
Y mientras la gente especula —que si se va, que si se queda, que si “ahora sí”—, él parece estar en otra onda: la de compartir con sus compañeros, saborear el título, vivir el momento. Como si por fin pudiera sentarse un segundo en el dugout, mirar el estadio, y pensar: «bueno… valió la pena, ahora veremos qué pasa».
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