Los mitos artúricos han sido llevados a la pantalla, del tamaño que sea, más veces de las que podemos recordar. En diferentes variantes, la historia del rey homónimo, el reino de Camelot, la espada Excalibur y el mago Merlín se sitúan entre las más populares y divulgadas de todos los tiempos, sobre todo en occidente.
Con el nombre completo de The Pendragon Cycle: Rise of the Merlin la propuesta de turno es una serie de fantasía histórica creada por Jeremy Boreing (Spiral, Lady Ballers) y estrenada en la plataforma DailyWire+ el 22 de enero pasado.
La base de su argumento en esta primera temporada son las novelas Taliesin y Merlín, primeras entregas de una hexalogía publicada por el autor estadounidense Stephen R. Lawhead entre 1987 y 1999. El relato es una reimaginación de la leyenda que sitúa sus eventos en la Britania romana, a la vez que toma elementos míticos de otras culturas anteriores.
Esta primera temporada, compuesta por siete episodios, culminará el próximo jueves 5 de marzo y se centra, de momento, en contarnos la vida de Merlín (Tom Sharp), el hijo cuasi-inmortal del bardo Taliesin (James Arden) y la princesa atlante Charis (Rose Reid). Así conocemos al célebre mago/druida desde su difícil infancia y vamos aprendiendo de las tribulaciones que lo llevaron a desaparecer durante décadas. Cuando reaparece, el Halcón, como también se le conoce, tiene un plan: ayudar a que los dispersos reinos de Britania se unan contra la amenaza sajona.
El elenco incluye además a Finney Cassidy, Myles Clohessy, Emree Franklin, Brett Cooper, Alex Laurence Phillips, Colin Cunningham, Daniel Fathers, Nicholas Boulton, Thor Rosland y Chick Allan, casi todos con un desempeño sobre lo regular y en algunos casos nivel “obra escolar”.
Lo primero que salta a la vista es que esta aventura de leyenda es la primera gran apuesta del sitio de streaming por crear una serie de alto presupuesto que atraiga a nuevas audiencias. Ahora bien, igual resulta evidente el interés por mostrar una historia parcializada y enfocada en promulgar un mensaje ultraconservador y religioso, más específicamente cristiano.
Uno de los elementos que más choca de la serie es que, a pesar de situarse en las Islas Británicas, fue filmada entre Hungría e Italia, en sitios como el Gran Sasso itálico y los célebres estudios de Cinecittà, ubicados en Roma.
Otro punto interesante del relato, para quienes buscan algo más que espadas y batallas épicas, es la intención por reflejar el proceso de sincretismo cultural que sucedió en las islas británicas, una etapa durante la cual los ritos paganos se juntaron con el cristianismo para darle forma a una leyenda que llega hasta nuestros días.
Hasta ahí todo bien, pues la introducción del componente religioso resulta entendible, si tenemos en cuenta que el relato se enmarca en un período histórico en donde coincidieron credos ancestrales con la cada vez más poderosa fe judeo-cristiana. No obstante, el hincapié que se hace en la conversión de los protagonistas y cómo se trata el asunto de la cristianización, se nota forzado por los evidentes intereses ideológicos de la plataforma distribuidora, representante abierta de la derecha ultraconservadora estadounidense.
La narrativa es algo confusa y el montaje no ayuda a que el argumento fluya de una manera del todo orgánica. Además, los constantes fallos de continuidad o de lógica básica en escenas fundamentales, hace que uno se sienta ligeramente insultado en ciertos tramos del metraje.
Salvo Merlín y Vortigern, interpretado con ciertos matices por Colin Cunningham (Falling Skies), el resto de personajes se nota poco desarrollado y aprovechado a la altura de lo que demanda una historia como esta. Luego, resulta que las motivaciones y actitudes de la mayoría de caracteres se perciben poco elaboradas e incoherentes. Esto último, sumado a lo irregular del libreto, hace que las costuras de la obra se vean con mucha frecuencia y que la experiencia de inmersión sea bastante pobre en sentido general.
Visto desde una óptica histórica, tampoco es que todo tenga demasiado sentido. Por ejemplo, la amistad entre romanos y parte de los habitantes locales parece tirada de los pelos, pero posiblemente ese sea el menor de los problemas que tiene la serie.
Los conocedores de los libros, que también están marcados por la visión parcial y cristianizadora de Lawhead, han señalado que Boreing se salta a propósito momentos claves de la trama original. Por otra parte, han sido criticadas las libertades del guionista al transformar, de forma instantánea y sin mucho sentido, a Taliesin en una suerte de profeta del Señor y convertir a Merlín en una figura que parece más sacada de la Biblia que de la mitología británica.
En sentido general, es una apuesta que, a pesar de no acercarse a obras similares de HBO, Netflix o Amazon Prime Video, sí tiene uno valores de producción bastante decentes. También se aprecia el intento ambicioso de DailyWire+ por competir desde una posición de mucho menos alcance que los gigantes del streaming. No obstante, su evidente intención proselitista lastra, y mucho, el resultado final.
Cierto es que el show pudiera enganchar a fans de series históricas ambientadas en un mundo, real o ficticio, de corte medieval. A quienes disfrutaron Vikings, The Last Kingdom o incluso Game of Thrones (y sus precuelas), podría llamarles la atención el “empaque” de la serie. Sin embargo, el argumento tiende a la simpleza y los diálogos aspiran a la grandilocuencia, pero carecen de profundidad alguna.
La impresión final que nos queda luego de haber visto los seis primeros episodios de Rise of the Merlin es que se trata de un intento de hacerle christian washing a una historia que sí tiene elementos religiosos de base, pero que esta vez ha sido transformada en una especie de panfleto para exponer los logros de “la verdadera fe” en la unificación de Britania contra las invasiones bárbaras, cuando la realidad es que los cristianos también ejercieron como invasores en esa tierra.


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