Milenita, la novia de Chacón en «Vivir del Cuento», ya está fuera de Cuba: dónde anda y en qué trabaja

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A Milena Savigne mucha gente la ubica sin pensarlo demasiado: la muchachita de Vivir del Cuento que llegaba, miraba a Chacón como diciendo “a ti te voy a poner en cintura”, y en dos frases lo dejaba chiquitico. En la calle, de hecho, casi nadie le dice Milena. Le dicen Milenita.

Lo curioso es que Milena no es actriz profesional. O, mejor dicho: ella no llegó a la televisión “para actuar”. Según contó CubaNoticias360 hace algunos años, fue Ignacio Hernández, director del programa, quien la empujó a ese lugar cuando en un ensayo notó su vis cómica y lo bien que encajaría como la novia de Chacón. “Desde atrás de las cámaras yo le hago una broma a Wilber Gutiérrez en el mismo tono en que está el personaje hoy en día, entonces Ignacio y Jaime Fors… dijeron: esta es la mujer que necesita Chacón”, explicó Milena en un espacio radial, citada por ese medio. La probaron en un programa por el 14 de febrero, al público le gustó… y ya tú sabes: lo que iba a ser “una vez” se quedó.

Esa pareja dispareja —el anciano alardoso y la novia joven que lo baja de la nube— terminó siendo una de las subtramas más agradecidas del show. La química, las metidas de pata, la frescura… todo eso le dio a los guionistas un terreno buenísimo para jugar. Y Milenita, con esa mezcla de descaro y naturalidad, parecía estar ahí desde siempre. Pero detrás del chiste había otra historia: Milena era, en realidad, parte del equipo técnico. CubaNoticias360 recuerda que ella era la asistente de dirección de Vivir del Cuento. O sea, alguien que conocía el programa por dentro, desde la cocina, desde el “vamos de nuevo”, desde el “corten, que eso no entró”.

Y si uno se pone a mirar su trayectoria, lo de Milenita en pantalla fue casi un accidente… pero su entrada a la televisión no. Ella misma ha contado que llegó por casualidad y por atrevimiento. “A la asesora del espacio… y a la productora general, les comenté que yo había pasado talleres de guion… y estaba interesada en escribir”, dijo, según CubaNoticias360. En ese momento ni sabía en qué programa trabajaban. Fue, como ella misma se describe, “la aventurera que quería empezar y no sabía en qué”. Cuando le dijeron que era Vivir del Cuento, se asustó un poco (normal, ¿no?), pero le dijeron: tráenos una propuesta. Y funcionó. Así empezó, escribiendo guiones para el programa desde los 17 años.

A partir de ahí, según el mismo medio, Milena no paró: trabajó, se superó y también fue productora en otros espacios, como Decimalex, dedicado a la décima oral e improvisada. Además, estudió en la Facultad de las Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual (FAMCA) en el curso para trabajadores. Y aunque haya pasado por otros proyectos, su “primera y mejor escuela”, como ha dicho, sigue siendo Vivir del Cuento.

“Es un privilegio y un eterno aprendizaje trabajar en ese programa”, confesó en una ocasión, citada por CubaNoticias360. Y remató con una frase que pinta su estilo mejor que cualquier biografía: “aunque yo siempre digo que, en mi caso, yo no actúo, yo hago el ridículo”. Esa honestidad —con chiste incluido— es parte de por qué conectó tanto con la gente. Porque no se siente impostada. Se siente como alguien que llegó, se tiró al agua y aprendió nadando.

Y ahora, desde un tiempo hasta acá, la vida de Milena se ve desde otro ángulo: México. Según su perfil de LinkedIn, Milena Savigne trabaja como coordinadora de logística en Mediapro México, empresa dedicada a la creación, producción y distribución de contenidos audiovisuales y servicios técnicos multimedia, filial del grupo internacional Mediapro. Es decir: sigue en el mundo audiovisual, pero desde otro rol, otro ritmo, otra escala.

Además, recientemente se le vio en historias de Instagram junto al grupo de trabajo de la cadena deportiva ESPN durante la transmisión del Abierto de Guadalajara de tenis, torneo que ganó este sábado la estadounidense Iva Jovic. Y esa imagen —un equipo, una transmisión en vivo, el ajetreo detrás de cámaras— tiene algo familiar: Milena otra vez en lo suyo, en la trastienda donde pasan las cosas de verdad, donde todo tiene que salir bien aunque nadie te aplauda.

Al final, quizá eso es lo más coherente de su historia: Milenita fue el personaje que la gente se llevó para la casa, sí. Pero Milena, la de verdad, siempre ha sido esa muchacha que se coló por una puerta lateral, preguntó “¿y si pruebo?”, y terminó encontrando su lugar entre guiones, producción, logística… y un montón de horas de trabajo que no salen en pantalla.

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