La promesa cubana que nunca fue estrella en la MLB: ¿qué le pasó?

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Norge Luis Ruiz. Foto: Ismael Francisco.

La historia de Norge Luis Ruiz, desde su debut en el principal campeonato cubano de béisbol, empezó con promesas enormes, sueños de Grandes Ligas y titulares que a cualquiera hacían imaginar una carrera de película. El derecho de Camagüey, fue durante un tiempo, uno de esos nombres que muchos repetían con ilusión. Si seguiste la pelota cubana en la última década y media, seguro lo recordarás: delgado, cara de muchacho serio, brazo rápido y una madurez poco común para su edad. Parecía que el futuro estaba hecho para él.

En las Series Nacionales  brilló con Camagüey y reforzó a Sancti Spíritus y Holguín. Además de ello, se puso la camiseta de Cuba en varias categorías, desde juvenil hasta mayores. Pero si hay un momento que no se olvida es aquella Serie del Caribe de 2015 en Puerto Rico. En esa ocasión, su trabajo resultó clave para que la isla lograra un título que parecía imposible. Fue de esos días en que los cubanos, dentro y fuera, se sintieron un poco más cerca.

Pero el béisbol, como la vida, no siempre cumple los guiones que uno imagina. En mayo de ese mismo 2015, la noticia corrió como pólvora: Norge Luis había salido ilegalmente de Cuba, junto a parte de su familia, rumbo a Haití. El objetivo era claro, casi un rito para los mejores talentos de la isla: firmar con una franquicia de MLB y buscar el sueño grande. No fue un camino corto ni sencillo, pero el 23 de diciembre de 2016, finalmente, estampó su firma con los Atléticos de Oakland. El contrato, de Liga Menor, incluía un bono de dos millones de dólares. Nada mal para quien, hasta hacía poco, lanzaba en estadios polvorientos del interior cubano.

El salto al sistema de Ligas Menores fue, sin embargo, más duro de lo que muchos imaginaban. Ruiz empezó como abridor, pero sus primeros años dejaron números que encendieron las alarmas: promedios de carreras limpias altísimos, pocos ponches y WHIPs que no convencían a los scouts. Aquello que en Cuba parecía tan natural —dominar a los rivales—, en Estados Unidos se volvió cuesta arriba.

La organización decidió probarlo como relevista. Se movió entre Doble A y Triple A, siempre con rendimientos irregulares. Pero el béisbol, a veces, te da un respiro cuando menos lo esperas. En 2022, cuando muchos ya no apostaban por él, Norge Luis tuvo un año de esos que te devuelven la fe: cinco victorias, una derrota, efectividad de 3.73 y 39 ponches en 41 entradas. Por fin llegó la llamada a las Grandes Ligas.

El sueño, sin embargo, fue breve. Participó en 14 juegos con los Atléticos, todos como relevista. Su efectividad fue de 7.11, no logró victorias y apenas pudo sumar 18 ponches en 19 innings. Cuatro jonrones permitidos y siete boletos terminaron por empañar una experiencia que, para muchos, fue más amarga que dulce. El 6 de noviembre del año siguiente, el agramontino eligió la agencia libre y no volvió a ser contratado.

Cerró su paso por las Menores con 22 triunfos, 20 derrotas y una efectividad de 5.30. Números que, vistos en frío, no reflejan el brillo que alguna vez prometió. En varias ocasiones contó que lanzó con molestias durante años. Llegó a ser operado del codo y al menos tres veces fue enviado a la lista de lesionados.

Desde 2024, el hoy jugador de 31 años ha seguido lanzando fuera de Estados Unidos. Ha pasado por torneos en México y Dominicana, buscando ese lugar donde sentirse otra vez el pitcher dominante que fue en Cuba. Este invierno, con los Leones del Escogido en la liga quisqueyana, mostró destellos de su mejor versión: ocho aperturas, dos derrotas en 26.2 innings y una efectividad de 3.38. No está nada mal, aunque uno siente que todavía le falta ese golpe de suerte, ese equipo que apueste por él sin reservas.

Recientemente, su nombre volvió a sonar: formó parte del roster del equipo Cuba que participa en la Coastal Baseball Classic, un torneo que se juega en Texas y donde concursan peloteros de varios países. Allí, Norge Luis compartía nómina con otros viejos conocidos de la Serie Nacional, como Roidel Martínez, Adriel Labrada, Franky Quintana y Oscar Valdes. No es la MLB, pero es béisbol, y a veces eso basta para seguir soñando, a la espera de que el próximo lanzamiento sea, al fin, el que cambie su suerte.

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