La fiera es una de las películas españolas más comentadas del momento, una historia de riesgo y camaradería que no da mucho respiro. Y ojo a esto: el guion lo firma el cubano Alejandro Hernández, habanero con una trayectoria más que sólida dentro del cine español.
Estrenada a inicios de febrero, se mete de cabeza en un mundo que para mucha gente es casi ciencia ficción. Según la sinopsis de Filmaffinity, cuenta “la historia de Carlos Suárez, Darío Barrio y Álvaro Bultó, tres amigos a los que les unía su pasión por los deportes extremos, que descubren la experiencia más cercana a volar: el salto BASE con traje de alas”.
El salto BASE es de los deportes más extremos que existen: la idea es lanzarte desde un punto fijo a gran altura —un edificio, una torre, un puente o un acantilado— y abrir el paracaídas para aterrizar con vida (que ya es bastante). De ahí salen sus siglas en inglés: Building (edificio), Antenna (antena; también torres y chimeneas), Span (puente/viaducto) y Earth (tierra, o sea, riscos y paredes naturales).
Y sí, esa frase de “la experiencia más cercana a volar” suena bonita… hasta que recuerdas que aquí se vuela pegado a una montaña, con el cuerpo como proyectil y el margen de error en cero coma nada.
La web de Hipertextual resume el filme con una idea que se repite mucho entre quienes ya lo vieron: La fiera es adrenalina, tensión, drama y un sentido de amistad que te aprieta el pecho. El medio la describe como “un relato real contado desde sus miedos y anhelos; un viaje duro y fascinante, lleno de vértigo y peligro».
La película está dirigida por Salvador Calvo, ganador del Goya, y escrita por Alejandro Hernández, en una producción de Atresmedia Cine en colaboración con MOD Producciones. El rodaje se movió entre España y Suiza, y la ambición es clara: jugar en la liga de los grandes éxitos del cine español de este inicio de año.
Pero lo que realmente le da un peso raro —de esos que se sienten incluso antes de entrar a la sala— es que la historia viene marcada por la vida real de sus protagonistas. La mencionada web recuerda que Carlos Suárez, Armando del Rey, Manolo Chana, Álvaro Bultó y Darío Barrio eran un grupo de amigos que practicaban deportes extremos, especialmente escalada, paracaidismo y salto BASE. Fueron precursores de esa modalidad y, tristemente, varios fueron muriendo con los años en accidentes durante los saltos.
El golpe más duro llegó con Suárez, el último en fallecer. Según Hipertextual, a sus 52 años ya había dejado los deportes de riesgo, pero volvió junto a Armando del Rey para trabajar como especialista y asesor de La fiera. La película era, para ellos, una especie de homenaje a los amigos que ya no estaban. Sin embargo, durante el rodaje ocurrió la tragedia: en un salto desde un globo aerostático, el paracaídas de Carlos no se abrió y murió. Un hecho que, como dice el propio medio, queda unido para siempre a la película.
Esa es la clase de dato que cambia la manera en que miras una escena. Porque ya no es solo cine. Es memoria, riesgo, gente que vivía al límite… y que pagó un precio altísimo.
Ahora bien, la cinta no se dedica a venderte el peligro como si fuera un anuncio bonito. Hipertextual insiste en que tiene un enfoque “muy inmersivo” y que, aunque muestra los motivos por los que se practican estos deportes, no los romantiza. Al contrario: pone los riesgos sobre la mesa, muestra la tragedia y las consecuencias. La intención, dicen, es más bien invitar a entender sin juzgar, incluso si tú jamás te tirarías de una montaña ni loco.
Y ahí entra el tema cubano. Porque para contar una historia así —con amistad, duelo, adrenalina y contradicciones humanas— hace falta un guion que no sea puro músculo. Y Alejandro Hernández, justamente, es de esos escritores que saben meterle corazón y filo a la misma página.
Hernández nació en La Habana en 1970 y no es ningún recién llegado al cine español. En 2014 se llevó el Goya a Mejor guion adaptado por Todas las mujeres, dirigida por Mariano Barroso. Y su nombre está muy asociado a una colaboración de alto calibre: la que mantiene con Alejandro Amenábar.
En 2019, por ejemplo, en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, en La Habana, se pudo ver Mientras dure la guerra, película que coescribió junto a Amenábar y que se centra en los sucesos que enfrentó Miguel de Unamuno en la Universidad de Salamanca en 1936. Por ese trabajo, Hernández recibió una nominación al Goya a Mejor guion original.
Con Salvador Calvo, además, ya venía con rodaje: trabajó en Adú, Maras, Los últimos días de Filipinas y Valle de sombras, y también en series como El padre de Caín y Los nuestros. En su filmografía aparecen títulos como Caníbal, El autor y Todas las mujeres, y escribió para series como Criminal (Netflix) y El día de mañana (Movistar+). Es miembro de la Academia de Cine de España y de la Europea.
O sea: cuando La fiera decide lanzarse a un terreno tan delicado —porque lo es—, lo hace con un guionista que ya ha demostrado que puede manejar historias complejas sin perder la humanidad.
Y por si te faltaba un motivo para mirar el póster con otros ojos: el reparto viene fuerte. En él resaltan Carlos Cuevas, Miguel Bernardeau y Miguel Ángel Silvestre, acompañados por Candela González, Stéphanie Magnin, David Marcé y la colaboración especial de José Manuel Poga.
Al final, La fiera se vende como cine de riesgo, sí. Pero también como una historia de gente que se quiso, se retó, se cuidó como pudo… y se metió en un mundo donde el miedo no desaparece: solo aprendes a caminar con él.
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