Brillante actriz Eslinda Núñez vuelve al cine… ¡ruso!: El regreso que nadie vio venir (aquí detalles)

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Eslinda Núñez durante uno de sus trabajos en el cine. Captura de pantalla tomada de Cubanet.

Eslinda Núñez tiene una de esas carreras que, cuando tú la repasas, te da la sensación de estar hojeando un álbum de cine cubano… pero del bueno, del que huele a sala oscura y a conversación después de la función. Por eso mismo su regreso al cine ruso en 2026 con Guantanamera no es un detalle menor.

Para entenderlo hay que irse a 1973, cuando debutó El jinete sin cabeza, coproducción cubano-soviética del llamado cine del oeste. Un western, pero con sello soviético y con actores cubanos metidos en la mezcla. La película se ambientaba en la Texas de 1850, y arrancaba con un romance que ya venía con problemas: Louise, hija del acaudalado hacendado Poindexter (dueño de la hacienda Casa del Corvo), se enamoraba de Maurice Gerald, un jinete pobre.

Hasta ahí, todo “novela de época”. Pero entonces pasaba lo que tenía que pasar para que el drama explotase: una noche desapareció Henry, el hermano de Louise. Y como la gente en esos pueblos no se sentaba a meditar mucho, las sospechas cayeron sobre Gerald, quien apareció cubierto de sangre, con signos de forcejeo… y con la capa de Henry como si fuera una señal gigante apuntándole. La multitud ya estaba lista para lincharlo cuando entró en escena el personaje que lo cambiaba todo: el misterioso jinete sin cabeza.

En ese reparto, que incluía estrellas soviéticas y cubanas, Eslinda Núñez tuvo uno de los roles principales, Isidora Covarubia, y estuvo acompañada por compatriotas como Enrique Santiesteban y Alejandro Lugo, entre otros. Con el tiempo, dicho largometraje se convirtió en una de las películas más famosas de ese género en la URSS y, según se recuerda, fue de las más vistas, con cifras enormes de taquilla. Dicho en cubano: aquello fue un palo.

Ahora salta el tiempo. 2026. Y Eslinda vuelve al cine ruso con Guantanamera, dirigida por Sergey Mokritskiy, donde interpreta a María. La película también reúne a varios actores oriundos de la Mayor de las Antillas: Carlos Enrique Almirante, Anabel Arencibia, Yass Beltrán, Caleb Casas y Darianis Palenzuela, entre otros. O sea, no es un cameo aislado: hay una apuesta por mezclar talentos y volver a tender ese puente.

Según una nota publicada en Granma a finales de 2024, el audiovisual de marras pretende reflejar cómo la vida nueva que se gestaba a fines de los años 50 era tan intensa que daba poco tiempo a vivir el amor “a plenitud”, algo que los hijos y nietos de esa generación experimentan de otra forma. Esa idea tiene algo muy humano: no es solo historia y política, también es gente tratando de amar en medio del ruido, de la urgencia, de la época.

Y por lo que contó el propio Mokritskiy a Granma, la trama viene con buenos ingredientes: una misión secreta del Estado soviético, la lucha guerrillera en la Isla, un secuestro, reencuentros entre viejos amigos, enredos, despropósitos… y un final feliz. Todo eso, dijo, matizado por las relaciones entre Cuba y Rusia. El director lo explicó con una frase que suena a recuerdo de infancia: “Crecimos con el amor a Cuba… era una relación muy intensa”. Y soltó una aspiración grande: espera que Guantanamera se convierta en algo parecido a lo que significó Soy Cuba (1964) y reabra el interés por el cine cubano.

Como si filmar ya fuera poco, el rodaje —de 45 días— se realizó en medio de condiciones adversas, incluyendo la emergencia energética y el huracán Rafael. Imagínate eso: un set donde de pronto todo cambia, donde hay que reacomodar planes, esperar, correr, improvisar… y aun así sacar adelante una película de acción y aventuras.

La sinopsis que aparece en IMDb lo pinta con un tono más de thriller: la historia se centra en una famosa bloguera de deportes extremos que llega a Cuba y se ve envuelta en la misteriosa historia de un documento desaparecido hace muchos años, según el cual Estados Unidos debía devolver la base de Guantánamo a Cuba. Servicios especiales y un empresario importante lo buscan desde hace tiempo, pero la clave la tiene su abuelo: Lev Voronov, exoficial de inteligencia, general retirado de la KGB, con quien ella no se comunica. Y, en paralelo, la película también narra las aventuras de Voronov poco antes de la Revolución Cubana de 1959.

En medio de ese mapa —espías, secretos, generaciones, Cuba como escenario— aparece Eslinda Núñez, con su peso de historia. Nacida en Santa Clara el 27 de diciembre de 1943, Premio Nacional de Cine en 2011, protagonista de clásicos como Lucía, Memorias del subdesarrollo y La primera carga al machete. Y en teatro, una actriz de las que se recuerdan por nombre y por personaje: La casa de Bernarda Alba, Los días de la guerra y, sobre todo, Santa Camila de La Habana Vieja.

Una de sus últimas incursiones en el cine antes de este regreso había llegado con Un traductor (2018), dirigida por Rodrigo y Sebastián Barriuso. Y ahora vuelve con María, en una película que mezcla pasado y presente, aventura y memoria, y que —si le sale como sueñan— puede poner a más de uno a mirar otra vez hacia el cine cubano desde Rusia.

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