Bombazo: Abdiel Bermúdez ya está fuera de Cuba: lo que se sabe de su nueva vida

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Abdiel Bermúdez. Foto tomada de la página en Facebook Naturaleza Secreta.

Durante años, su voz ha estado ahí, metida en la rutina de muchísima gente, gracias a las emisiones del noticiero de televisión… y él contando lo que  le tocaba contar. Justo por eso sorprende que esta sea una noticia que la mayoría todavía no conocía… hasta ahora. No hubo anuncio, no hubo despedida pública, no hubo un “me voy” en letras grandes. Pero sí: Abdiel Bermúdez Bermúdez, una de las caras (y voces) más reconocibles del Sistema Informativo de la Televisión Cubana (SITVC), ya no está en la Isla.

Una fuente del propio SITVC le confirmó a Cubalite que el periodista se marchó a México y que allí se encuentra con su esposa, la también periodista Liudmila Peña, y sus hijos. La misma fuente comentó a nuestra revista que supo de la partida del conocido reportero cuando ya estaba fuera del país y que su estancia allá estaba relacionada con estudios. En ese sentido, su compañera de vida publicó recientemente en su perfil en Facebook que comenzó a estudiar en la Universidad Iberoamericana, una de las mejores casas de altos estudios privadas en dicho país.

Liudmila, de hecho, también publicó hace tres días en Facebook una crónica que parece escrita con el corazón todavía acelerado por el aterrizaje. Se titula “Incomunicados entre nueve millones” y cuenta las primeras horas de dos cubanos en Ciudad de México… sin línea telefónica, sin internet, y con esa sensación de ingenuidad y, a la vez, de valentía que solo se tiene cuando uno llega a un lugar nuevo y no quiere admitir (todavía) que está asustado.

“Salir sin línea telefónica y, por consiguiente, sin conexión a Internet, al amanecer del primer día en Ciudad de México, para un par de cubanos era algo tan natural como pelar un plátano”, escribe. Y enseguida uno se ríe, porque sí: hay hábitos que uno trae pegados a la piel. Lo que en La Habana o Santiago puede ser “resuelvo preguntando”, en una ciudad con más de nueve millones de habitantes suena casi a deporte extremo.

En la crónica, los anfitriones les preguntan, preocupados, cómo van a regresar. Ellos responden con esa confianza cubana que a veces es fe y a veces es terquedad: “No se preocupen, nosotros preguntamos”. Y se montan en el Uber que otros les pidieron, porque ellos no podían. Liudmila lo cuenta con humor y con un filo de nervios: “¿Quién, en su sano juicio, sale sin saber cómo regresar, en una capital con más de nueve millones de habitantes?”. Pues bien… alguien que tiene que hacerlo, dice ella, porque la reunión está por empezar y porque confía “no en su capacidad de orientación, sino en el poder de la palabra”.

Ese detalle —el poder de la palabra— no es casual. Es casi una declaración de oficio. Y ahí es donde la historia de Abdiel se conecta con la escena: un periodista que ha vivido de preguntar, de escuchar, de llegar a un sitio y tratar de entenderlo, ahora está del otro lado. Ahora es él quien necesita que le expliquen.

La crónica sigue con una imagen que cualquiera que haya emigrado reconoce: el cuerpo todavía en horario de casa. “A las dos de la tarde en Ciudad de México, el estómago del cubano recién llegado ya está levantado en armas”, escribe Liudmila, recordando que en Cuba serían las cuatro. Y entonces aparecen los tacos cerca del barrio chino, las luces LED a la venta por todas partes, la fila en la esquina, el olor que te convence antes que la razón.

Ella duda —por costumbre, por cuidado— de comer en la calle. Pero “mi colectivo cubano no tenía demasiada paciencia para comprender mis escrúpulos”, confiesa. Y ahí llega la palabra mágica: “¡Cerdo! ¡Magnífico! Esa es una palabra clave para cualquier cubano, casi una contraseña”. Piden tacos con pavo, tortas con chamorro, aguacate, limón. “El primer encuentro con la cocina mexicana pasó la prueba al cien por ciento”, dice, y remata con una frase que es puro Caribe: “¡Qué horror, pero qué sabroso!”.

Más tarde, cuando toca regresar, vuelve el problema: sin internet no hay Uber, sin tarjeta no hay metro, sin Google Maps no hay ruta. Y entonces aparece la parte más bonita de la crónica: la gente. Un matrimonio con dos hijas adolescentes se detiene, abre el teléfono, busca la dirección y les explica cómo llegar. “Más de veinte minutos estuvo aquella familia mexicana a disposición de estos desconocidos cubanos”, escribe Liudmila. Después, bajo una llovizna, un chofer de guagua los invita a subir aunque no tengan tarjeta. Insiste. Les pregunta la dirección. Se comunica con un colega para dejarlos en el rumbo correcto.

Al final, cuando llegan, les preguntan otra vez: “¿Y ustedes cómo llegaron?”. Y Liudmila piensa: “La palabra abre puertas, pienso; pero hay algo mucho más poderoso, más fuerte. La cultura, la historia, o algo más. Quién lo sabe”.

Esa frase queda flotando porque, sin decirlo directamente, habla de lo que significa empezar de nuevo. Y también —aunque sea de refilón— de lo que significa despedirse.

***

Abdiel Bermúdez no es un nombre cualquiera dentro del periodismo televisivo cubano. Es un reportero con recorrido largo, de esos que se formaron “a pie de calle” antes de llegar a los sets grandes. Según contó en una entrevista a la revista Alma Mater, en Telecristal hizo de todo: reporterismo, conducción de revistas especiales, programas de variedades y de opinión, periodismo económico, científico, cultural y deportivo.

En ese mismo diálogo, Abdiel definió sus 13 años en el telecentro como “un espacio de aprendizaje absoluto; de quebrantar reglas y horarios en función de editar un reportaje estremecedor; de comprometer a gente que adoro en un proyecto con futuro incierto; de pelear contra las injusticias… y de abrazar a gente que seguirá siendo mía, aunque yo no esté”. Hay una honestidad ahí que no se fabrica.

En diciembre de 2012, sus rutinas se rompieron con una misión que lo marcó: fue corresponsal en Haití para el Sistema Informativo. “Cuando me avisaron que iría como corresponsal para Haití, hubo quienes se alarmaron: ‘¡¿Para Haití…?!’. Supongo que les parecía un castigo; pero uno no escoge el país, ni las circunstancias. Solo me preparé y me fui a buscar mis propias historias donde otros periodistas ya habían contado las suyas”, dijo.

Estuvo un año en Haití. Fue su primera salida de Cuba. Aprendió (o intentó aprender) creole. Trabajó con un camarógrafo pinareño y un editor guantanamero que no conocía, pero que lo siguieron “con fe ciega”. Y contó que Haití le mostró horrores, sí, pero también maravillas: el respeto por la muerte, los uniformes escolares de los niños, la bandera ondeando en todas partes… “todo eso, en medio de una pobreza centenaria”.

Abdiel, oriundo de Mayarí, pasó de Telecristal (2007-2019) al Sistema Informativo de la Televisión Cubana (2019-2026), convirtiéndose en un reportero multipremiado y en un rostro habitual de los noticieros nacionales. Por eso, a partir de ahora, para mucha gente, su salida hacia México no se sentirá como un simple cambio de dirección.

Ahora, del otro lado, lo espera una ciudad inmensa, una vida nueva y una crónica que ya dejó una primera postal: dos cubanos sin internet, preguntando por dónde se regresa, comiendo tacos con “contraseña” de cerdo, y llegando a casa gracias a la paciencia de desconocidos. Entre nuevas calles, semáforos y llovizna, la historia apenas está empezando.

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