La mexicana Ángeles Mastretta lleva más de 40 años escribiendo sobre mujeres poderosas. Entre sus obras, además de poesía, se cuentan la novela Arráncame la vida (1985) y los libros de relatos cortos Mujeres de ojos grandes (1990) y Puerto libre (1993), todos centrados en contar la historia de féminas en su intento por sortear y trascender en el laberinto de los moldes sociales.
Otra de sus piezas principales es Mal de amores, un drama histórico lleno de romance, publicado en 1996, que treinta años después ha llegado a Netflix como una miniserie de siete partes, dirigida nada menos que por Catalina Aguilar Mastretta, la propia hija de la autora.
La historia comienza en la ciudad de Puebla en 1910, un año recordado por el inicio de la Revolución Mexicana, proceso histórico sumamente convulso que duraría alrededor de una década y cambiaría para siempre la historia de ese país.
En ese contexto conocemos a Emilia Sauri (Renata Vaca), quien ha crecido con sus padres, Diego Sauri (Miguel Rodarte) y Josefa Veytia (Diana Bovio), además de su tía Milagros (Casandra Ciangherotti). La familia, de clase acomodada y con un pensamiento liberal inusual para la época, regenta una botica donde Emilia ha aprendido parte de lo que sabe sobre medicina.
La señorita Sauri es una joven adelantada a su tiempo y sin intención alguna de cumplir con las convenciones sociales de entonces. Ha tomado clases de fisiología con el doctor Cuenca (Humberto Zurita), amigo de sus progenitores, y padre de sus amigos de toda la vida, Salvador (Alejandro Puente) y Daniel (Juan Pablo Fuentes), por quien siente un afecto especial.
Cuando Daniel regresa después de mucho tiempo de ausencia, Emilia conecta con él de una manera aún más intensa, y luego de perder su virginidad, decide “casarse” con él, a pesar de no mediar documento legal alguno.
Sin embargo, aparece en escena del doctor Antonio Zavalza (Iván Amozurrutia), quien se convierte en su mentor y por quien empieza a sentir atracción. Su cercanía, junto con las ausencias del revolucionario Daniel, darán inicio a un triángulo amoroso que marcará el viaje de Emilia hacia la asunción de una adultez consciente.
Lo más interesante de esta serie de época, desarrollada y adaptada por Daniela Gómez a partir de la narración homónima, es que los intereses amorosos de Emilia y los hechos históricos a su alrededor no son el pilar de la trama, sino una apoyatura para el desarrollo de su personaje.
Es obvio que tanto sus romances con Daniel y Zavalza, como la guerra que tiene fracturado a su país, marcan la vida de Emilia, pero el conflicto real está en su lucha por abrirse paso como científica y doctora.
Ella encarna la emancipación femenina en un tiempo, y sobre todo en un lugar, donde pensar más allá de los marcos hogareños y de la maternidad, era casi imposible para la mayoría. El conflicto central de este personaje radica en su recorrido para transformarse en un factor disruptivo de la sociedad, e incluso en un patrón para otras como ella.
Renata Vaca, a quien ya habíamos visto desplegar su talento en filmes como Juego de héroes (2016) y Saw X (2023), además de las series Midnight Family (2024) y La reina soy yo (2019), hace una demostración total gracias a su capacidad para llenar la pantalla con carisma y una emocionalidad que se roban cada escena en la que aparece.
El show destaca por tener un elenco competente y encantador, cuyos intérpretes son capaces de ofrecernos momentos divertidos y desgarradores con una organicidad inmejorable. Además de la categoría que aportan actores de experiencia como Ciangherotti, Bovio, Rodarte y Zurita, merece mención especial Sasha González (Jacinta), quien en solo un par de episodios deja una huella profunda.
La serie tiene muchas similitudes en su tono y sus caracteres con historias tan conocidas —y recientemente adaptadas al formato seriado— como son La casa de los espíritus (Amazon Prime Video) o Como agua para chocolate (HBO), aunque no cuenta con elementos del realismo mágico, y en ese sentido se acerca más al tono de Bridgerton (Netflix) o The Gilded Age (HBO).
Como es de esperar en un drama histórico, la trama incluye referencias a personajes reales de la etapa que trata, como son Francisco I. Madero, Porfirio Díaz y Aquiles Serdán Alatriste, quien sí tiene “rostro” y es interpretado por Roberto Quijano.
Desde el punto de vista cinematográfico, todo queda en familia, pues fue Catalina Aguilar Mastretta, hija de la propia autora de la novela, quien dirigió los siete capítulos de la miniserie. El retrato del México de inicios del siglo XX, con un filtro de colores que se mueve entre los tonos vivos y poco saturados del ambiente citadino y los sepias del paisaje mexicano, capturan el encanto de sitios como Puebla, Ciudad de México o San Luis Potosí con planos atrevidos que buscan reflejar el caos y la belleza.
El diseño de producción y artístico es de unos estándares muy elevados. La recreación de la moda, arquitectura y diseño de interiores resultan fundamentales para situarnos en un período repleto de sucesos políticos, sociales y hasta científicos que tienen un peso notable en el recorrido de la protagonista.
Mal de amores, cuyo título es una forma de despistarnos del asunto real del argumento, es una propuesta que, a pesar de tener algo más de seis horas de metraje, logra mantener un ritmo tan constante y una progresión dramática tan acelerada, que cuando nos percatamos ya hemos llegado a mitad de camino. Ideal para casi todos los públicos, la serie mexicana es una valiosa adquisición para el catálogo de Netflix y para todos aquellos que disfrutan los relatos sobre historia con toques de romance.


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