
En Matanzas, cuando alguien te dice “viene un brazo nuevo por ahí”, tú sabes que la gente se lo toma en serio. No es solo por la tradición, ni por el orgullo de los Cocodrilos… es porque aquí el béisbol se comenta como se comenta el tiempo: todos tienen una opinión, todos miran el cielo, todos sienten que algo puede cambiar de un día para otro.
Y en medio de esa conversación —la de la pretemporada, la de “¿quién se queda?, ¿quién rompe?”— hay un nombre que llama muchísimo la atención: David Martínez Cardenal. Un derecho de 1.97 metros y 105 kilos, un físico poco común para el béisbol cubano, de esos que tú lo ves caminar y piensas: “este muchacho no vino a pasar desapercibido”. Así lo presentó el periodista John Vila en una nota de la Agencia Cubana de Noticias, donde lo coloca como una de las joyas nuevas del pitcheo de Matanzas rumbo a la Serie Nacional 65, que arranca el 4 de octubre.
Pero lo que hace interesante esta historia no es solo el tamaño, ni la recta, ni el “potencial”. Lo que engancha de verdad es el regreso.
Porque David no es un pelotero que salió de la nada y ya. Estuvo casi cuatro años en República Dominicana, metido en academias, en ese mundo donde el béisbol se parece más a una fábrica que a un juego: horarios estrictos, presión constante, competencia diaria, y esa sensación de que si te duermes… te pasan por arriba.
Él mismo lo dijo sin adornos en declaraciones a TV Yumurí, entrevistado por la periodista Leydis Martínez: “Estuve cuatro años en República Dominicana. Me estuve preparando de una manera súper exigente, ya que se trataba de algo profesional y los entrenamientos los aproveché bastante”. Y uno se imagina la escena: calor pegajoso, terrenos duros, sesiones largas, el cuerpo cansado, y aun así… seguir.
En la nota de ACN, David lo cuenta desde otro ángulo, más de “balance” personal: “En San Pedro de Macorís viví una etapa importante en mi formación como atleta, sumé conocimientos, experiencia y, al propio tiempo, la exigencia en este escenario me obligó a sacar a relucir lo mejor como beisbolista y persona, considero que ahora soy más completo”, afirmó. San Pedro de Macorís, para el que sabe un poquito de pelota, no es cualquier lugar. Es una palabra grande. Es una escuela dura. Es un sitio donde se han formado muchísimos… y donde también se han quedado muchos en el camino.
Ahora David está de vuelta, y lo curioso es que no regresa “a probar suerte” como quien llega tímido. Regresa con una idea clara: representar a Matanzas. Y lo dice con emoción, como si lo estuviera guardando desde niño. En TV Yumurí soltó una frase que suena a verdad, a meta personal: “El poder representar a Matanzas es como un sueño, un propósito a cumplir y hay que pensar en positivo hasta lograr el mayor objetivo. Me siento muy orgulloso porque es algo que uno, de pequeño, ¡viene deseando”.
En el terreno, según ACN, ya se le ven cosas. David llega con cuatro lanzamientos en su repertorio: slider, curva, cambio y recta. Y esa recta, ojo, con picos que pueden pasar las 91 millas por hora, algo que en la Serie Nacional de las últimas décadas siempre llama la atención. Pero él mismo reconoce que no todo es “tirar duro”. De hecho, confesó a la Agencia Cubana de Noticias: “Me siento bien con la recta, sin embargo, prefiero los envíos en rompiente para ponchar, inclusive pudiera usar el cambio en determinada ocasión”. Esa frase tiene sabor a pitcher que piensa, que no se casa con una sola cosa, que está mirando al bateador y no solo al radar.
Y hay otro detalle importante: no está pidiendo un rol “de estrella” desde el primer día. Si hace el equipo, dice que está listo para aportar como relevista o como abridor, lo que haga falta, con tal de ayudar a Matanzas a defender la corona. En un béisbol donde a veces los egos se notan, ese tipo de disposición suma.
También habló de la preparación reciente en casa. En TV Yumurí dejó claro que el trabajo ha sido serio: “La preparación ha sido súper buena. Gracias a los entrenadores que están poniendo buen enfoque para que nosotros tengamos un buen resultado”. Y en ACN fue más específico, agradeciendo directamente a Jonder Martínez y Lázaro Sanabria por lo que ha aprendido en estos meses: “Tengo que agradecer… por compartir su sabiduría y hacerme un mejor pícher”, dijo, antes de rematar con una descripción muy suya, muy de “aquí estoy”: “Soy fuerte físicamente, resistente y muy dispuesto para encarar cualquier tipo de situación de juego, por incómoda que pueda parecer”.
No es solo el hecho de que volvió de Dominicana. Es: volvió con el cuerpo hecho para aguantar, con un repertorio más amplio, con otra cabeza… y con esa mezcla rara de hambre y orgullo que se nota cuando alguien dice “esto es un sueño” y lo dice en serio.
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