Entre los conocedores y entusiastas de las series de televisión, pocos dudan al colocar a The Wire entre las mejores títulos jamás estrenados para este formato. El show, emitido por HBO entre 2002 y 2008, es un drama realista sobre la vida en Baltimore de principios de siglo, que acaparó las mejores críticas a pesar de no convertirse en un fenómeno de masas.
Detrás de aquel éxito estuvo David Simon, quien llevó a la pantalla sus vivencias como reportero del Baltimore Sun y consolidó su posición como uno de los guionistas y productores más celebrados de la industria.
En el currículum de Simon como escritor para la pequeña pantalla, se cuentan, además, Homicide: Life on the Street (1993-1999), The Corner (2000), Generation Kill (2008), Treme (2011-2012), Show Me a Hero (2015), The Deuce (2018) y The Plot Against America (2020), todos y cada uno con críticas de favorable en adelante.
El proyecto más reciente del bueno de David es un relato policiaco inspirado en hechos reales que resuena con la misma frecuencia de The Wire, pero encuentra su propia identidad en el tono pesimista y crudo con el que nos ofrece una mirada actualizada de su vieja conocida Baltimore.
We Own This City (La ciudad es nuestra) está basada en We Own This City: A True Story of Crime, Cops and Corruption, libro de no ficción escrito por el reportero del Baltimore Sun, Justin Fenton. Desarrollada por Simon junto a George Pelecanos, con quien ya había trabajado en The Wire, sus seis episodios fueron dirigidos por por Reinaldo Marcus Green (King Richard).
Estrenada el 25 de abril de 2022, el argumento de la serie se mueve entre flashbacks para contarnos sobre la caída del Grupo de Trabajo de Rastreo de Armas (GTTF, por sus siglas en inglés) del Departamento de Policía de Baltimore (BPD, ídem), ente que actuó de forma impune al margen (¿o la sombra?) de la ley durante años.
El personaje central es el sargento Wayne Jenkins (Jon Bernthal), uno de los ocho oficiales de la GTTF condenados entre 2018 y 2019 por diferentes cargos de corrupción. El relato de Jenkins y sus asociados sucede en paralelo con el de otros personajes dentro del BPD, las fuerzas federales y del estado de Maryland, quienes trabajan para investigar y finalmente desarticular la GTTF.
Si bien Bernthal carga con la mayor parte del peso dramático del show, con una interpretación visceral y desenfrenada, el elenco, que sigue un esquema bastante coral, es prestigiado por nombres como el de David Corenswet, Wunmi Mosaku, Josh Charles, Jamie Hector, Dagmara Domińczyk, Treat Williams, Gabrielle Carteris, Delaney Williams, Jermaine Crawford, Tray Chaney, McKinley Belcher III, Don Harvey e Ian Duff, entre otros actores, cuyo rostro no tan conocido ayuda a hacer aún más creíble la puesta en escena.
La forma no lineal en que se nos presenta la historia es uno de los elementos más interesantes y gratificantes de la apuesta que hacen Simon y Pelecanos para adaptar un material cuyo desenlace era público. Para la audiencia, esta presentación puede incluso significar una suerte de reto que da frutos con el paso de los episodios, en la medida en que se desenreda la madeja y los porqués empiezan a despejarse dentro de esta urbe fragmentada, después de décadas de sufrir la ineficacia de las instituciones destinadas a mantenerla en pie.
El trabajo de Green, por su parte, pone en valor las secuencias de acción con movimientos constantes de cámara que aportan un gran dinamismo a cada escena. Asimismo, el realizador retrata a los diferentes personajes importantes con tomas precisas que captan su profundidad y exponen su humanidad de diferentes formas.
Detrás de los hechos en sí, el tema central que maneja la serie está en la politización de las fuerzas del orden y su trabajo. La representación de este organismo nos muestra un coloso compuesto por múltiples ramas y agencias, cuyo trabajo está bajo el microscopio todo el tiempo en esta era de cámaras y redes sociales que jamás se “apagan”.
La intención de Simon y Pelecanos parece a ratos enfocada en desplegar toda una lección de civismo en esta suerte de epílogo para The Wire, lanzado casi década y media después de su final. Pero la red de ilegalidad que tramaron Jenkins y sus asociados es el ejemplo que usan los guionistas para exponer la impunidad con la que actúan ciertos sectores del poder. Baltimore es solo el enésimo ejemplo de lo que puede pasar con una ciudad cuando los encargados de protegerla deciden elevarse por encima de la justicia.
El mensaje de esta miniserie nos llega a través de sus diálogos inteligentes, una progresión dramática constante y un ritmo narrativo intenso, pero sin frenesí alguno por llegar a la meta. Cierto es que aquí Simon, un maestro del “cocinado lento”, no crea ninguna fórmula novedosa y, en cambio, sí aprovecha el modus operandi que lleva funcionándole desde hace más de tres décadas.
Para los amantes de las series que avanzan sin prisas y con la densidad justa para captar nuestra atención, sin revelar más de lo necesario en cada momento, We Own This City tiene todos los ingredientes necesarios. Aunque lejos está de ser lo mejor que ha “parido” David Simon, sí es una valioso añadido a su prestigioso currículum y una opción inmejorable para ver televisión de calidad en un corto espacio de tiempo.


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