
Oscar Núñez es de esos actores que uno siente cercanos, como si fueran “de la casa”. No lo ves todos los días, pero aparece en pantalla y, sin darte cuenta, te cambia el ánimo. Quizás porque durante años lo tuvimos ahí, con la cara seria y los comentarios secos, sobreviviendo al caos de una oficina imposible… o porque su humor funciona así: bajito, sin aspavientos, y aun así te remata.
Hace poco nos ha alegrado saber que el nacido en Matanzas está en una de las series que más está dando de qué hablar por estos días, debido a la absurda, inteligente y sorprendentemente afilada propuesta que trae.
La serie: Larry David metido en la historia de Estados Unidos
La producción se llama “Vida, Larry David y la búsqueda de la infelicidad” (Life, Larry and the Pursuit of Unhappiness), una miniserie de HBO creada por Larry David y Jeff Schaffer. La idea funciona como un tributo cómico al 250 aniversario de Estados Unidos: en vez de ponerse solemnes con las fechas, la serie agarra momentos históricos grandes y los mira con la lupa del humor observacional de Larry David.
Y ahí está el gancho: ¿qué pasaría si este humorista hubiera estado presente en algunos de los episodios más importantes de la historia estadounidense? Pues bien… esa es la premisa. Como resumió Espinof, a lo largo de siete episodios de media hora (fueron emitidos entre el 26 de junio y el 7 de agosto), el audiovisual reescribe escenas emblemáticas (desde el Motín del Té de Boston hasta el gesto de Rosa Parks, pasando por la Declaración de Independencia o el primer vuelo de los hermanos Wright) con un Larry incapaz de dejar pasar una injusticia mínima sin convertirla en un conflicto monumental.
Cada capítulo reúne varios sketches independientes: Larry interpreta a veces personajes históricos y otras veces figuras inventadas que terminan metiendo la cuchareta en momentos decisivos. Y la gracia no está en “dar una clase” de historia, sino en ver cómo el protagonista estropea cualquier situación con sus obsesiones de siempre: las normas sociales, las discusiones absurdas, el detalle que le molesta y que no puede soltar. Espinof lo compara con lo mejor de la aclamada serie Curb Your Enthusiasm, también protagonizada por David, solo que ahora llega con pelucas, trajes de época y gente importante perdiendo la paciencia.
El cameo: Oscar Núñez como Santa Anna (sí, leíste bien)
En ese desfile de locuras aparece Oscar Núñez como actor invitado. Y el casting es de los que te hacen pestañear dos veces.
Núñez participa en el episodio Buzz (capítulo 6) y encarna nada menos que al general Antonio López de Santa Anna, figura histórica mexicana asociada a la famosa Batalla de El Álamo. La escena es un sketch temático del Álamo y lo comparte con Keegan-Michael Key, quien interpreta al legendario Davy Crockett.
En la serie Núñez entra como anillo al dedo: lleva su humor seco, su “cara de no estar impresionado por nada”, a un personaje que normalmente se presenta como solemne y militar. Verlo comandando tropas con ese tono impasible que lo hizo tan querido es exactamente el tipo de contraste raro —y delicioso— que esta miniserie aprovecha.
En una temporada ya cargada de sorpresas, su aparición se siente como una de las más inesperadas. Porque tú estás acostumbrado a verlo “cuadrando números” en una oficina, no en medio de un momento histórico con armas, discursos y tensión. Y, sin embargo, funciona. Mucho.
Una serie llena de estrellas (y aun así, él roba cámara)
Otra cosa que ha ayudado a que la serie guste tanto es el desfile de invitados. Espinof menciona nombres como los célebres Jerry Seinfeld, Bill Hader, Jon Hamm, Isla Fisher, Kathryn Hahn, Lin-Manuel Miranda, Vince Vaughn o Jane Krakowski, todos entrando y saliendo como personajes históricos o inventados.
Ese ritmo de “sketch tras sketch” hace que el show se sienta frenético, con aciertos que superan los altibajos inevitables. Y, más allá del chiste, la serie también se permite tocar temas como el racismo, el antisemitismo, la desigualdad o la política estadounidense, sin dejar la comedia: usa el absurdo para pinchar mitos nacionales y recordarte que hasta los momentos “sagrados” pueden verse desde un ángulo ridículo.
En ese contexto, que Oscar Núñez aparezca en un rol pequeño y aun así destaque, dice mucho. Porque no es solo “mira, salió el de The Office”. Es que su estilo encaja: entra, suelta la frase con calma, mira como si todo el mundo estuviera exagerando… y luego se marcha.
De Colón, Matanzas, al humor más grande de la TV
La historia de Núñez también tiene su propio guion. Nació en Colón, Matanzas, en 1958, y emigró con su familia primero a Venezuela y luego a Estados Unidos en 1960. Antes de encontrar su camino como actor, exploró otros rumbos —incluyendo estudios como técnico dental—, hasta que la actuación terminó ganando.
Y no fue un camino “de alfombra roja”, para nada. Antes de la aplaudida e internacionalmente célebre serie, The Office, trabajó como niñero y mesero mientras perseguía oportunidades. De hecho, su inseguridad sobre si aquella producción iba a durar lo llevó a mantener el trabajo de niñero hasta confirmar que el show seguiría más allá del episodio inicial. O sea: el tipo estaba grabando una serie… y al mismo tiempo cuidando niños, por si acaso. Eso es fe, pero con los pies en la tierra.
Luego llegó The Office y lo cambió todo. Su Oscar Martínez —contador racional, seco, con paciencia limitada para el disparate— apareció en más de 170 episodios y lo convirtió en uno de los latinos más reconocibles de la televisión estadounidense. Y no solo por “ser latino”, sino por ser un personaje con humor, personalidad y presencia real.
Después, su carrera siguió creciendo con apariciones en series populares como Brooklyn Nine-Nine, New Girl y Shameless. El año pasado lo vimos en The Paper, donde retomó su papel de Oscar Martínez, pero en la redacción del periódico The Truth Teller en Toledo, Ohio, en una trama sobre periodismo y era digital.
Y ahora, de pronto, lo tienes en HBO, en una de las series más comentadas del año, interpretando a Santa Anna. La vida tiene esos brincos raros.
Uno se imagina a aquel Oscar Núñez que seguía siendo niñero “por si la serie no cuajaba”, y lo ve hoy metido en un sketch histórico, con Larry David jugando a reescribir el pasado… y da risa, sí, pero también da gusto. Porque hay carreras que se construyen así: sin aspavientos, con trabajo, con paciencia, y con ese talento que no necesita gritar para que lo oigan.
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